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Presidente: ponga a Colombia en marcha

Hoy será día de conteos. Gran manía nacional. Contamos los muertos, contamos lo que se roban anualmente los corruptos, contamos a la gente apeñuscada en las cárceles, contamos lo que nos cuestan los “elefantes blancos”, contamos el hambre y el analfabetismo, contamos los medicamentos que no se consiguen… contamos y contamos y contamos, pero casi nunca contamos que algo se solucione definitivamente.

Presidente: ponga a Colombia en marcha

Hoy contaremos a quienes marcharon ayer, y habrá innumerables resultados, dependiendo de los intereses en que flotamos. Y aunque se muestren imágenes de multitudes, los bodegueros alegarán que las fotos se hicieron con una perspectiva amañada. Y cuando se compartan fotos de vacíos, los otros dirán que se tomaron cuando apenas llegaban los manifestantes. No hay ni habrá cifra confiable. Y no tampoco hay necesidad de tenerla.

Lo que pasó ayer en las calles no debe ser objeto de concursos, de competencias, de infantiles triunfalismos. No dan medallas, ni trofeos por lo que vimos hace unas horas. Pero sí hay algo de innegable importancia en el escenario general.

Señor presidente, presidente de todos los colombianos: millones de compatriotas no están contentos; millones de colombianos comparten preocupaciones.

Millones de personas piensan que sus reformas son fruto de una especie de “autoritarismo de urna”, según el cual, quien ganó hace lo que se le da la gana.

Millones de personas piensan que a usted se le va la mano en la generosidad con la delincuencia y que el país está en garras del hampa, de los grupos guerrilleros, de los narcos, de los extorsionistas y de los clanes del golfo de todos los pelambres.

Millones de personas piensan que usted es gran orador, efectivo agitador, exitoso militante… pero pobre ejecutor y desordenado administrador.

¿Por qué marcharon los colombianos?

Millones de colombianos, en suma (porque esta sumatoria sí es la importante) no comulgan, señor presidente, con su desprecio por las formas y la normatividad. Millones de colombianos temen a su habilidad para sembrar odios y a diario en sus redes regarlos juiciosamente.

No se quede varado en los conteos y cálculos de cuánta gente marchó, señor presidente. O de si llegaron en bus o en Astor Martin. O de si votaron por Rodolfo o en blanco.

Esa gente no salió a derrocarlo, que es una de sus paranoias recurrentes. Esa gente salió a pedirle que componga el caminado. Que gobierne con espíritu abierto, generoso, y no revanchista. Que busque consensos, que no se enconche, que le baje a la egolatría, al “cusumbosolismo” y a la suficiencia. Que nutra las reformas con los intereses de amplios sectores. Y que le meta a esto más acción y menos discurso.

Por exótico que le parezca, señor presidente, esa gente salió a pedirle que gobierne. El mensaje de la marcha es claro: ponga a Colombia en marcha.