Era un hombre que pese a su importancia, era de una sencillez: César Londoño sobre Botero
El pintor logró la fama internacional en el año 1962, justo cuando desarrolló su primera exposición en el Milwaukee Art Center en Wisconsin, Estados Unidos.
Era un hombre que pese a su importancia era de una sencillez: César Londoño sobre Botero
Colombia se despertó este 15 de septiembre con la noticia de que el reconocido artista colombiano Fernando Botero había fallecido. Los hechos fueron confirmados en Caracol Radio por su hija, Lina Botero.
El pintor, escultor y dibujante falleció en su hogar a los 91 años, mientras se encontraba en principado de Mónaco.
Fue en el año 1962 cuando logró darse a conocer a nivel mundial. Esto gracias a su primera exposición en el Milwaukee Art Center en Wisconsin, Estados Unidos. Tras esta, recibió bastantes críticas positivas.
En el pasado, durante una entrevista con Caracol Radio, Botero declaró que no concebía su vida sin el arte. Al mismo tiempo, indicó que siempre se dedicó a crear. Las donaciones que hizo a museos de Bogotá y Medellín eran para él sinónimo de una gran satisfacción.
En Caracol Radio el periodista deportivo César Londoño dio detalles sobre el artista. De esta forma, comentó que aunque no eran cercanos, evidenció que era una persona muy sencilla.
El periodista de Caracol Radio señaló que su amor al arte lo motivó a conocer a Botero. “Me ronda en el cariño y en el recuerdo, porque, lamentablemente, no tengo nada de Botero, solo un libro firmado. A mí me gusta el arte, y soy amigo de los pintores. Un día con Oscar Rentería y con mi hijo David dijimos, ‘vamos a conocer a Botero a Pietrasanta’ y nos ayudó el maestro Gustavo Vélez”, indicó.
Por otra parte, señaló que Botero tuvo un logro importante en Italia. “El maestro Botero fue el primero en exponer en la plaza de Pietrasanta como artista no italiano, el segundo fue Gustavo Vélez. Nos fuimos con él y con Andrea Betancurt, su esposa, a Pietrasanta y efectivamente tuvimos el placer de conocerlo y compartir con él un ratico en la plaza de Pietrasanta”
“Era un hombre que, pese a su importancia, era de una sencillez, con todo la humildad y tranquilidad. Su rutina era esta: él tenía una casa a unos 200 metros arriba de la montaña de Pietrasanta. Él bajaba en su carrito rojo, un Toyota, el más chiquito, el más humilde, y lo parqueaba al lado de la iglesia. Ese parqueadero era exclusivo para Botero y nadie se podía parquear ahí. Bajaba las 11 de la mañana, iba caminando al café Michelangiolo. Ahí se sentaba, se tomaba un café, leía el periódico y se devolvía a su estudio a pintar”, describió.