Navidad sin regalos

El atasco en la cadena de suministros creó un escenario apocalíptico de escasez en la economía mundial.

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No hay pan en las panaderías de Estambul. No fue posible enviar los equipos CPAP para los pacientes con deficiencias respiratorias que distribuye la compañía ResMed en San Diego, California y están prácticamente de brazos cruzados los trabajadores de la planta de Opel en Eisenach, Alemania, porque la producción de automóviles se encuentra semi paralizada.

A lo largo y ancho del mundo escasean la leche, los cereales, los juguetes, las consolas de videojuegos y los iPhone, debido a la histórica crisis de la cadena de suministros, que tiene bajo amenaza a la economía global.

El atasco en la producción de chips, concentrada en unos pocos países del sudeste asiático, provocó escasez de computadores el año pasado. Y después de automóviles - un auto moderno lleva en promedio 28 chips - y luego de toda la electrónica de consumo, incluidas las consolas Play Station, la juguetería y los electrodomésticos. Y se produjo un poderoso efecto dominó que incluye ahora a los alimentos, los plásticos y los derivados del petróleo en todas sus variantes y aplicaciones industriales.

En Colombia ya se puede sentir el problema. La Asociación Nacional de Productores de leche, Asoleche, informó que hay 1,6 millones de litros faltantes al día y Bavaria ha tenido dificultades para surtir los supermercados con varias de sus cervezas más emblemáticas, justo cuando el país empieza las tradicionales festividades navideñas. No solo la industria alimenticia se ha visto afectada por la dificultad para conseguir insumos en los mercados internacionales, sino que el pasado 7 de diciembre los colombianos estuvimos muy cerca de la primera noche sin velitas de nuestra historia, por la escasez de parafina, y solo peripecias maravillosas realizadas por Ecopetrol semanas antes permitieron garantizar la famosa celebración nacional.

Un coctel de varios ingredientes llevó la economía mundial a esta situación. El primero es el cuello de botella en la fabricación de chips, que se presentó como resultado de la pandemia. Los chips ( o semiconductores, como también se les conoce) están presentes en casi todo lo que sale de las industrias de nuestros días y, al parecer, no éramos conscientes de la alta dependencia que genera el hecho de que solo unas cuantas compañías, que se pueden contar con los dedos de una mano, los producen en no más de cinco países.

Estados Unidos diseña la tecnología, los algoritmos y los sistemas, pero fábricas en Taiwan, Singapur, Corea o China producen los diminutos dispositivos que hacen realidad esos diseños. Por eso el gobierno norteamericano corre por estos días para implementar un plan de emergencia que permita crear desde cero una cadena de fabricación de chips en suelo norteamericano, con la esperanza que una escasez como la actual no se repita. Pero desarrollar una industria nacional de microelectrónica no es cosa menor. La construcción de una planta de estas tarda entre tres y cuatro años y todavía queda por resolver el problema de la costo eficiencia, en la que los asiáticos son imbatibles.

Pero hay más en el coctel. La operación logística del comercio mundial necesita reingeniería, por lo visto. Así de repente, los camioneros de Norteamérica y Europa dijeron "no más". Hay 80.000 plazas disponibles para conducir camiones de carga en Estados Unidos, y nadie quiere trabajar como camionero en Gran Bretaña. Se trata de puestos de trabajo poco apreciados en países con mercados laborales diversificados. Días enteros atravesando los continentes para repartir las mercancías, y meses lejos de sus familias, en trabajos solitarios y tediosos, hacen que resulte poco atractivo. Al menos en esos países.

Los puertos más importantes del mundo están en crisis. Miles de barcos completan semanas esperando que alguien descargue los contenedores; pero esto no es posible porque no hay camiones suficientes para distribuir las mercancías. Los precios de los fletes se incrementaron hasta tres y cuatro veces. No estamos hablando solo de Hamburgo en Alemania o Portland en Estados Unidos. Ocurre en Buenaventura, por donde se mueve casi el 60 por ciento del comercio exterior colombiano. La Cámara de Comercio de Buenaventura informó que desde junio se represaron 454.000 toneladas de productos colombianos que continúan esperando ser transportados al exterior. La causa del represamiento está en la poca disponibilidad de contendores para el transporte marítimo internacional.

Las 5 grandes compañías navieras mundiales Maersk, Cosco, Evergreen, MSC y Hamburg Sud se ven a gatas para cumplir con los despachos y, desde luego, dan prioridad a los países más ricos y a las compañías más poderosas, que están en capacidad de asumir el desbordado incremento de fletes. Los fletes se encarecieron más del 400% en algunos casos. En promedio, un flete que costaba 3.000 dólares está hoy en 12.000. Y los fabricantes de semiconductores dan prioridad a los grandes clientes, como Apple, y envían a la fila a otros de menor capacidad. Las dificultades para despachar equipos respiratorios como los que vende la empresa ResMed de San Diego, obedecen a estas prioridades.

En realidad, la inflación de los precios de los alimentos es un problema mundial pre pandemia. Una peste que afectó la producción porcina en China en 2018 dio comienzo al aumento mundial de precios de la carne de cerdo, puesto que China produce el 50 por ciento de los cerdos que se consumen en el planeta. La disputa comercial entre Estados unidos y China, que produjo un "toma y dame" de nuevos aranceles mutuos, empeoró el problema. Y enseguida vino la pandemia. Durante el presente año los precios globales de los alimentos se incrementaron 25 por ciento, según cálculos de Insights & analysis on economics & finance.

Colombia es el cuarto país en el mundo con los precios más altos en los productos electrónicos, según el Índice de precios de productos electrónicos 2021, un estudio que compara a nivel mundial el coste de los electrónicos más demandados. De los 50 países del estudio, Colombia ocupa el puesto número 4 de los más caros. La PlayStation 5 es el producto electrónico más afectado por el desabastecimiento de suministros a nivel mundial, con disponibilidad en solo 12 de 50 países en tiendas físicas y en 18 de 50 países con plataformas de comercio electrónico.

No es claro cuándo terminará esta crisis. Los fabricantes de semiconductores hacen lo que pueden para incrementar los despachos y despliegan el montaje de nuevas plantas de producción. No obstante, algunos expertos consideran la posibilidad de que el problema se prolongue, e incluso que jamás se solucione de manera definitiva. Son demasiados los asuntos por arreglar antes que se normalice la cadena mundial de suministros.

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