¡Una comisión de verdad!
Tan complejo como elegir a los integrantes de la Comisión, será hacer pedagogía sobre la verdad que requiere el país.


Que una cosa es lo que pasa en el Cauca o el Putumayo con el conflicto y otra lo que ocurre en la mesa de diálogo de La Habana, lo acaba de demostrar el acuerdo entre Gobierno y Farc para la creación de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición
Este nuevo acuerdo, largo y complejo, y en el que se nota que ambas partes tuvieron que ceder en temas delicados como el de las responsabilidades de Estado e insurgencia en el conflicto y en separar verdad de responsabilidades jurídicas, se da en medio de fuertes confrontaciones militares en Colombia y por tanto se convierte en una nueva esperanza para darle credibilidad al proceso que desde hace un año no generaba hechos concretos, salvo decisiones unilaterales de cese de hostilidades. Uno de los puntos más importantes de la creación de esta comisión es la reiteración de su responsabilidad con las víctimas y por eso ambas partes se comprometen “a contribuir de manera decidida al esclarecimiento de la verdad sobre todo lo ocurrido en el conflicto, incluyendo las graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al DIH”. Pese a la renuencia del Estado en años anteriores a hacer esos reconocimientos, fallos de las Cortes han ordenado al gobierno y a los militares a aceptar sus culpas en masacres y desapariciones, algo que no ha pasado hasta ahora con la guerrilla que en muy contados ha admitido sus atrocidades (caso de la familia Turbay en el Caquetá, reconocido en La Habana). Pero solo ahora, ante esta Comisión, las dos partes concurrirán a ese propósito
El segundo aspecto que ha sido destacado por expertos y analistas es que el juicio que emitan los nueve miembros de la Comisión no tendrá efectos jurídicos, con el fin de que los que acudan a ella no tengan temor de reapertura de procesos y las víctimas se sientan liberadas de temores por represalias. Este ha sido uno de los puntos frágiles de justicia y paz y explica en buena medida los asesinatos de reclamante de tierras –caso Yolanda Izquierdo—y de defensores de derechos humanos. La otra virtud que contiene es que los que acudan de manera voluntaria a ella podrían lograr beneficios judiciales
Pero precisamente es esto lo que puede generar frustración. Si algo le ha quitado credibilidad al proceso y ha servido de flanco de ataques de la oposición es el rechazo al castigo por parte de las Farc porque la gente quiere cárcel para responsables de masacres como la de los 11 diputados del Valle o la muerte en cautiverio de miles de secuestrados. La gente quiere cárcel, pero esta comisión no es para eso, sino para algo diferente, para la reconciliación, y para que cuando se establezca la verdad de 50 años de conflicto, casos como esos no se repitan
Por eso tan complejo como elegir a los nueve integrantes de la Comisión de la Verdad, será hacer pedagogía para que los colombianos entiendan el verdadero alcance de este tipo de instrumentos empleados en otros países, con resultados no suficientes para sanar las heridas. O que entiendan que esta es apenas una parte del sistema integral de justicia.




