La mamera de leer
Está a punto de terminar la Feria del Libro de Bogotá, evento cultural que coincide con la entrega de la encuesta de consumo cultural, realizada por el Dane, de la cual se puede proponer una conclusión provocadora: leer libros y revistas es una mamera para el grueso de la gente.
Está a punto de terminar la Feria del Libro de Bogotá, evento cultural que coincide con la entrega de la encuesta de consumo cultural, realizada por el Dane, de la cual se puede proponer una conclusión provocadora: leer libros y revistas es una mamera para el grueso de la gente
En 2012, leyeron al menos un libro al año, 12.7 millones de colombianos, en tanto que 15.3 millones no leyeron ni uno sólo. Esta medición se hace para mayores de 12 años. Lo negativo del informe para el caso de libros y revistas es que su lectura cayó de manera importante en los dos últimos años: de 55.3 % a 47.7 % para los libros, y las revistas del 54.1 % al 50.4 %
Esto a lo mejor es lo que está pasando en el resto del mundo. Por eso no extraña que al gobierno de la República Checa le hubiera tocado salir a aclarar que los acusados de las bombas en Boston no eran checos sino chechenos, o que en el Congreso de Colombia se firmen las ponencias de los proyectos de ley sin que las hayan leído los congresistas. Es cierto que hay libros que son verdaderos ladrillos –“no se los lee ni un economista preso”, suele decirse en ese gremio—o basura impulsada por hervores mediáticos, pero el libro, y luego los periódicos y las revistas, han hecho la historia del mundo. Es el hermano fraternal que enlaza las manos, con el cerebro, los ojos y la lengua.
¿Y por qué no leemos? Según la encuesta, el 63,8% afirmó que no lo hizo por desinterés o porque no le gusta, el 37,2%, por falta de tiempo y el 18,4% dijo preferir la lectura de revistas y periódicos. Mientras el interés por lo impreso decae, la pasión por el contenido de video o por internet crece. En los dos últimos años la gente ve más cine –muchos más en el arrunche de la casa—y está más metida en internet, pero no buscando libros, propiamente, sino para oír o bajar música. La culpa no es del cine, ni de internet, ni de los videjuegos. Tampoco de la vaca. Ciertamente. Algo está pasando con los proyectos de ley del Gobierno en el Congreso. A la ley estatutaria de salud le acaban de organizar una larga serie de audiencias regionales, por solo citar un ejemplo.




