La actividad volcánica emite un 30 % más de CO2 de lo que se estimaba
Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) derivadas de la actividad volcánica en la Tierra son de un 30% de lo que se pensaba, según concluye un estudio realizado por científicos de la división de Medio Ambiente del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), de Tenerife en España.


Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) derivadas de la actividad volcánica en la Tierra son de un 30 por ciento más de lo que se pensaba, según concluye un estudio realizado por científicos de la división de Medio Ambiente del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), de Tenerife en España
La novedad del estudio está en que se tienen en cuenta las emisiones de CO2 de los lagos volcánicos, mientras que las anteriores estimaciones se fundamentaron solamente en las emanaciones visibles de gases procedentes de los volcanes, ha declarado hoy a EFE el científico que lideró el estudio, Nemesio Pérez
La emisión de CO2 a la atmósfera derivada de la actividad volcánica estaba estimada en 230 millones de toneladas al año, pero no se tenían en cuenta los 90 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono que emiten los lagos volcánicos, añadió el director del área de Medio Ambiente del ITER
Los resultados del grupo vulcanológico del ITER cobran especial importancia, aseveró Nemesio Pérez, si se tiene en cuenta que todos los modelos climáticos están basados en el buen control del ciclo del carbono de la Tierra
Pese a que las emisiones derivadas de CO2 de la actividad vulcanológica es de un 30 por ciento más de lo que se pensaba, no son ni el 2 por ciento de las emisiones procedentes de la acción del hombre
Los resultados se han obtenido tras cinco años de investigación en veinticinco lagos volcánicos de diez países de cuatro continentes: Alemania, Camerún, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Filipinas, Francia, Guatemala, Japón y Nicaragua
El estudio lo desarrollaron miembros de la división de Medio Ambiente del ITER y contó con la colaboración de científicos de las universidades japonesas de Tokio y Toyama, del Instituto Filipino de Volcanología y Sismología y del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales.




