El Papa denuncia que el hombre tiene la "horrorosa posibilidad de ser inhumano" sin dejar de ser persona
El papa Benedicto XVI dijo hoy que el hombre, cuando intenta liberarse de su alma, tiene la "horrorosa posibilidad" de perder su humanidad sin dejar de ser persona.
El papa Benedicto XVI dijo hoy que el hombre, cuando intenta liberarse de su alma, tiene la "horrorosa posibilidad" de perder su humanidad sin dejar de ser persona. El Pontífice hizo esta denuncia ante varios miles de jóvenes romanos reunidos en la basílica de San Pedro en una celebración penitencial, preparatoria de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará a nivel diocesano este Domingo de Ramos y que culminará con el encuentro que se espera multitudinario en Sydney (Australia) del 15 al 20 de julio. Benedicto XVI les habló del alma y les contó una película sobre dos jóvenes, uno de los cuales decidió vender su alma y desde aquel momento su vida cambió, se enriqueció y obtuvo grandes honores. Desde que se liberó del alma -agregó el Papa- no tuvo más miramientos ni humanidad. "Actuaba sin escrúpulos, ocupándose sólo del dinero y del éxito. El hombre no contaba más, él mismo no tenía ya alma", añadió el Papa, que subrayó que el filme demuestra "de manera impresionante, como detrás de la fachada del éxito se esconde muchas veces una existencia vacía". Benedicto XVI afirmó que cuando al hombre le falta el alma le falta todo. "Es obvio que el ser humano no puede arrojar el alma, desde el momento que ella le convierte en persona. El hombre permanece siempre como ser humano, pero tiene la horrorosa posibilidad de ser inhumano, de seguir siendo persona vendiendo y perdiendo al mismo tiempo su propia humanidad", señaló el Papa teólogo. Benedicto XVI manifestó también que la distancia entre el ser humano y el ser inhumano es "inmensa". Durante la ceremonia, el Obispo de Roma confesó a un grupo de jóvenes en uno de los confesionarios de la basílica de San Pedro. La Jornada de la Juventud de este año tiene como lema "Tendréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos". La Jornada Mundial de la Juventud se creó en 1984, cuando tras concluir el Año Santo de la Redención, Juan Pablo II entregó una cruz de madera de cuatro metros de alta a los jóvenes invitándoles a llevarla por todo el mundo. Desde entonces se han celebrado en Roma (1985), Buenos Aires (1987), Santiago de Compostela (España), en 1989; Czestochowa (Polonia), en 1991; Dénver (Colorado, Estados Unidos), 1993; Manila, en 1995, París en 1997; Roma de nuevo durante el Jubileo 2000; en Toronto (Canadá) en 2002 y en Colonia (Alemania) en 2005. Hasta Toronto se celebraron cada dos años. La de Colonia fue ya a los tres años, el mismo tiempo decidido para la ciudad australiana.




