Parlamento francés adopta definitivamente el derecho a "dejar morir"
El Parlamento francés adoptó definitivamente una proposición de ley que no legaliza la eutanasia, pero define el derecho a "dejar morir" a los enfermos sin esperanza de curación o en fase terminal
El Parlamento francés adoptó definitivamente una proposición de ley que no legaliza la eutanasia, pero define el derecho a "dejar morir" a los enfermos sin esperanza de curación o en fase terminal. Considerada como "una tercera vía" en esta delicada cuestión, los senadores aprobaron esta madrugada, tras un debate muy agitado, el texto que ya había sido adoptado casi por unanimidad por la Asamblea Nacional (Cámara de Diputados) en noviembre pasado. El texto se basa en tres pilares esenciales: respetar la voluntad del enfermo, evitar la "obstinación irracional" -expresión preferida a la de "ensañamiento terapéutico"- en ciertos tratamientos médicos y luchar contra el sufrimiento. La ley había sido propuesta por una comisión creada en octubre de 2003 por iniciativa de diputados de los dos principales partidos franceses, la conservadora y gobernante UMP y el opositor Partido Socialista (PS). La comisión que elaboró el texto fue creada pocos días después de la muerte asistida de Vincent Humbert, un joven tetrapléjico de 23 años que se convirtió en un símbolo en Francia del llamado "derecho a morir". El debate, que se prolongó hasta la madrugada en el Senado, donde se encontraba en la tribuna del público la madre de Humbert, no estuvo exento de polémica, ya que a la hora de la votación faltaban los representantes del PS, el Partido Comunista y la centroliberal UDF. Uno de los senadores de esta formación, Nicolas About, había anunciado previamente la presentación de una enmienda que, debido a su ausencia, finalmente no se discutió, lo que provocó protestas contra el Gobierno. Algunos senadores de la oposición lanzaron gritos de "mascarada", al considerar que se había limitado el derecho de debate de la Cámara Alta, mientras que los parlamentarios socialistas y comunistas, tras pedir que la ley llegara más lejos e incluyera una "ayuda activa a morir" abandonaron el hemiciclo en señal de protesta. "Mientras yo sea ministro de Sanidad, rechazaré la eutanasia", les respondió el titular de esa cartera, Philippe Douste-Blazy. El Gobierno, que pretendía lograr la unanimidad como en la Asamblea Nacional, se vio finalmente obligado a pedir una segunda deliberación para retirar una enmienda, también de la UDF, y en el momento del voto sólo se encontraban en la Cámara los diputados de la UMP. El texto establece que cuando una persona "en fase avanzada o terminal de una enfermedad grave e incurable decide limitar o suspender todo tratamiento, el médico deberá respetar su voluntad después de haberle informado de las consecuencias de su elección". Si el enfermo está inconsciente, la decisión será "colegiada" entre "la persona de confianza" del paciente y el equipo médico. Con la autorización del uso de tratamientos de "doble efecto", como la morfina, que tiene como efecto secundario acelerar la muerte, el texto da un paso adelante hacia la reivindicación del derecho a una muerte digna. Para tratar de responder a las críticas de aquellos que mantienen que el texto no contempla a los pacientes como Humbert quien, pese a que estaba en una situación casi vegetativa, no era terminal, la ley prevé que el paciente pueda negarse a ser alimentado artificialmente o a recibir un medicamento, aunque eso ponga en peligro su vida. Tras consultar entonces con otro colega y esperar a que la persona reitere su petición tras "un plazo de tiempo razonable", el médico podrá retirar la sonda gástrica y aplicarle hasta que muera un tratamiento paliativo para evitar su sufrimiento.




