Mónaco prepara entierro de Rainiero y esta pendiente del marido de Carolina
Mónaco comienza los preparativos del funeral del príncipe Rainiero, mientras los habitantes se muestran inquietos por el estado de salud de Ernesto de Hannover, esposo de Carolina, quien se encuentra en grave por una pancreatitis aguda.
Mónaco comienza los preparativos del funeral del príncipe Rainiero, mientras los habitantes se muestran inquietos por el estado de salud de Ernesto de Hannover, esposo de Carolina, quien se encuentra en grave por una pancreatitis aguda. El marido de la hija mayor de Rainiero fue ingresado el martes pasado en la unidad de reanimación del hospital Princesa Grace del Principado, y se encuentra bajo "vigilancia continua" y atención médica "permanente". Aunque desde ayer no hay ninguna comunicación oficial sobre su evolución médica, fuentes próximas al Palacio han señalado que su estado de salud no ha cambiado. Ernesto de Hannover, de 51 años, ha sido sometido a exámenes biológicos y radiológicos, así como a un escáner. Jefe de una de las dinastías más antiguas de Alemania, Ernesto de Hannover se convirtió en enero de 1999 en el tercer marido de Carolina de Mónaco, divorciada de su primer esposo, Philippe Junot, y viuda del segundo, Stefano Casiraghi. Conocido por sus enfrentamientos con los "paparazzi" y por una excesiva afición a la bebida, el jefe de la casa de los Hannover ya fue ingresado en junio de 2000 por una "indisposición" sobre la que no se dieron detalles. Ahora, su vuelta al hospital centra la atención del Principado, que prepara los actos para dar el último adiós a Rainiero, fallecido el pasado miércoles, a los 81 años de edad, tras 55 al frente del micro-Estado mediterráneo. Su capilla ardiente se abrirá mañana, pero sólo los monegascos y los residentes en el Estado podrán rendir un último homenaje al Príncipe, mañana o los próximos martes y miércoles. Para ello se abrirán las puertas de la capilla de San Juan Bautista, un pequeño templo del siglo XVII de estilo barroco situado en el Palacio del Príncipe, con capacidad para albergar a medio centenar de personas. El lunes la capilla ardiente estará reservada a los funcionarios del país y al cuerpo diplomático y consular. A partir del jueves, el Principado se convertirá en una auténtica "burbuja" dentro de la cual se han extremado las medidas de seguridad para evitar cualquier incidente durante las exequias de Rainiero, que tendrán lugar el viernes. Las autoridades del Principado esperan la asistencia a la ceremonia medio centenar de jefes de Estado, en su mayoría europeos, por lo que se hay preparado un plan especial de seguridad que con un millar de agentes y dispositivos terrestres, aéreos y marítimos. El responsable de Interior de Mónaco, Philippe Deslandes, afirmó que se tomarán "todas las precauciones" necesarias en coordinación con las autoridades francesas. Una carpa especial ha sido habilitada para acoger los más de 4.000 ramos de flores que se espera lleguen al Principado en los próximos días y que, antes de ser enviados a Palacio, pasarán por un detector de metales y de bombas. Las alcantarillas de las zonas más delicadas de la ciudad han sido soldadas y el control de entrada de personas será más riguroso a medida que se acerque el día del funeral. El viernes, el cuerpo de Rainiero se trasladará desde la capilla ardiente a la catedral por miembros de la archi-congregación de los penitentes negros, la misma que cada Viernes Santo lleva en procesión a un cristo por las calles del Principado. Dada la escasa capacidad de la catedral, que apenas puede acoger a 800 personas, los responsables han previsto dos funerales: uno a mediodía para las autoridades y otro por la tarde para los monegascos. Además, varias iglesias de Mónaco serán equipadas con pantallas gigantes por las que se retransmitirán las exequias de Rainiero. Ese día por la mañana, el Principado estará pendiente de la despedida al soberano. Incluso el torneo de tenis que se celebrará en Montecarlo a partir del lunes próximo detendrá la competición durante unas horas.




