¡¡¡¡¡¡Qué grande es el fútbol!!!
Que el fútbol es un espectáculo que no conoce fronteras y que llena de ilusión el corazón de los millones de seguidores que día a día viven, en cualquier rincón del mundo, la pasión de un partido, es bien conocido, pero la grandeza de este deporte reside, sin duda, en ser imprevisible, en el que nada se pude dar por hecho, un deporte en el que todo es posible.
Madrid.--- Que el fútbol es un espectáculo que no conoce fronteras y que llena de ilusión el corazón de los millones de seguidores que día a día viven, en cualquier rincón del mundo, la pasión de un partido, es bien conocido, pero la grandeza de este deporte reside, sin duda, en ser imprevisible, en el que nada se pude dar por hecho, un deporte en el que todo es posible.Este hecho se vivió en Manizales, como también lo ha hecho en otras competiciones, sin ir más lejos en la Eurocopa que se disputa en Portugal y donde las selecciones de más renombre, llámense Alemania, Holanda, Italia o Inglaterra, se vieron apeadas a las primeras de cambio por otras que no entraban en los pronósticos.Pues ¿quién esperaba una final entre Portugal y Grecia?. La primera de ellas, como local, siempre entraba en los posibles, con ciertas reticencias, pero estaba, mientras que la segunda tal vez en los sueños de sus seguidores más exaltados pero poco más. Sin embargo, ahí están, a punto de cumplir con el mayor de sus anhelos.El colombiano Once Caldas, un club de esos que califican como modestos, sin un gran historial de títulos en sus vitrinas, logró coronarse campeón de la Copa Libertadores de América, la máxima competición continental y lo hizo, precisamente, ante un grande, ante un equipo de renombre, el Boca Juniors argentino, con cinco copas en su palmarés.Antes de que se cumpliera el minuto inicial del primer partido de la final, disputado en "La Bombonera" de Buenos Aires, muy pocos en el continente creyeron posible que el Once Caldas hiciera tambalear la hasta ahora dictadura de su oponente en la competición.Sin embargo, el equipo colombiano, con una buena dosis de humildad, pero creyendo firmemente en sus posibilidades, dio el primer paso para hacer realidad su sueño de campeón, manteniendo su puerta imbatida en Buenos Aires ante un rival que veía, con cierta dosis de perplejidad, su incapacidad para vulnerarla.Ya en Manizales, en el momento crucial, en la hora de la verdad, los colombianos volvieron a asombrar. Primero colocándose por delante en el marcador con un gran gol de John Viáfara cuando casi ni habían entrado en calor los contendientes, y luego, manteniendo la tranquilidad, la fe en sus posibilidades cuando arreciaron los ataques de un Boca que, también hay que reconocerlo, supo mantener la calma en los momentos difíciles, pues la casta de campeón siempre está ahí.Los lanzamientos desde el punto de penalti cumplieron con su misión: que los aficionados, sin distinción de colores, tuvieran el pulso acelerado, la tensión arterial a la altura del "Nevado del Ruiz" que preside el perfil de la ciudad de Manizales y el grito de terror o el suspiro de alivio en la garganta.También cumplieron con la otra, la de nombrar nuevo campeón. De nada sirvió que el Boca sea un consumado especialista en esta suerte (de los cinco títulos en su haber, tres los logró en los penaltis, además de la última Intercontinental contra el Milán italiano). El pez chico se comió al grande, David venció a Goliat, el club modesto pudo con el poderoso, ganó el Caldas y ganó el fútbol.Que viva el fútbol y... que viva muchos años.




