EXPEDITION TYCHO BRAHE SIGUE BUSCANDO METEORITO EN GROENLANDIA
Un grupo de investigadores daneses lleva diez días en los hielos eternos de Groenlandia tratando de encontrar la ubicación exacta de un meteorito que cayó al suroeste de la isla el nueve de diciembre de 1997, en medio de una bola de fuego que ...
Un grupo de investigadores daneses lleva diez días en los hielos eternos de Groenlandia tratando de encontrar la ubicación exacta de un meteorito que cayó al suroeste de la isla el nueve de diciembre de 1997, en medio de una bola de fuego que iluminó el cielo de invierno.
Mientras busca el lugar del impacto, la expedición Tycho Brahe, que lleva el nombre del astrónomo danés, utiliza una primicia en las expediciones groenlandesas: un diario que redactan los participantes en la red de datos por ordenador, Internet, que se puede consultar en la dirección www. Dr. Dk.
La caída del meteorito, que pudo ocurrir cerca de Paamiut (Frederikshaab), se describe como muy poco habitual, ya que debería haberse evaporado al entrar en la atmósfera, debido a la extrema velocidad de 20 kms. por segundo que llevaba la roca espacial en su trayectoria hacia la tierra.
Pero decenas de testigos vieron el pasado diciembre cómo se iluminaba el cielo por una explosión de fuego, que desapareció tras los fiordos cercanos a los hielos eternos del interior de Groenlandia.
Un aficionado grabó en vídeo su trayectoria, y por ello, y el testimonio de unos pescadores al otro lado de la isla, a 400 kms. de distancia, los investigadores determinaron la situación del meteorito en 62 grados norte y 49 grados oeste.
Las expediciones aéreas enviadas a la zona tras el impacto regresaron tras examinar más de 10.000 kms. cuadrados, y aseguraron que localizar desde el aire la roca, que se supone del tamaño de un autobús urbano, era como encontrar una aguja en un pajar.
Jacob Moeller, un pescador en el pueblo de Qeqertarsuatsiaat (Fiskenaesset), que vió caer el meteorito y conoce muy bien la zona después de 40 años como cazador, estima que el impacto tuvo lugar a 100 kms. más al oeste, y que la expedición está buscando en el lugar erróneo.
Hasta ahora, el grupo ha recogido y derretido 55 pruebas de nieve en un área de 100 kms. cuadrados, con la intención de encontrar polvo del meteorito, y en breve enviarán las muestras a Copenhague para su análisis.
El mal tiempo, con lluvia continua, ha dificultado el trabajo del grupo, declaró desde el campamento base en el suroeste de Groenlandia el astrónomo Lars Lindberg Christensen, uno de los participantes.
"Hay grandes zonas llenas de grietas hacia el oeste y el norte que miden hasta 30 metros de ancho y 10 de profundidad, y que son difíciles de atravesar al estar cubiertas por una capa de nieve no derretida de entre medio y un metro de espesor", dice Lindberg.
Las primeras pruebas, recogidas por una expedición anterior que viajó en junio a la zona, han pasado ya bajo el microscopio de Torben Risbo, del Instituto Niels Bohr en Copenhague, quien forma parte del grupo que dirige el proyecto.
Risbo halló en las muestras unos inexplicables fragmentos de cristales de colores azules y rojos, que miden hasta un milímetro de largo, y que pueden proceder de la roca celeste.
"Si estas sustancias no tienen su origen en el meteorito, resultará muy difícil explicar cómo cayeron fragmentos de cristal de colores entre la nevadas del pasado invierno", subraya Risbo.
Después de varios días con lluvia y viento, la expedición se animó al recibir el pasado fin de semana provisiones en forma de periódicos, refrescos y latas de cerveza, lanzadas por un avión Gulfstream de las fuerzas aéreas, informó Jan Haugaard, de la televisión danesa (DR), que participa en la expedición.
Hasta que termine su misión el 18 de agosto, los expedicionarios siguen redactando su diario en Internet, mientras que los 55.000 habitantes repartidos en los 2,1 millones de kms. cuadrados de Groenlandia, siguen preguntándose si el meteorito era un enviado de los dioses, o una explosión nuclear




