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Terremoto en Colombia: ¿cómo garantizar la educación en las zonas más afectadas?

El Ministerio plantea varias alternativas para mantener las clases, pero docentes y expertas piden que las decisiones se tomen de acuerdo con las condiciones de cada territorio.

El resguardo Nasa Kiwe impulsa un modelo de conservación que integra restauración ecológica, monitoreo de fauna y educación ambiental para las nuevas generaciones. | Foto: Jose Garcia Siscué

El terremoto no solo dejó viviendas y vías afectadas. También golpeó la infraestructura educativa, donde la cifra ya acumula 3.443 centros educativos afectados, de acuerdo con el más reciente balance de la UNGRD.

Mientras avanzan los diagnósticos y la recuperación de las sedes, el Ministerio de Educación busca garantizar que más de 400.000 estudiantes puedan continuar con sus clases. Entre las alternativas están la educación virtual en los lugares donde exista conectividad, conexiones satelitales, subsidios para planes de datos, entrega de tabletas y el desplazamiento de tutores a las zonas más afectadas.

Pero la estrategia no se limita a la virtualidad. La Directiva 009 de 2026 establece que las medidas deben ser diferenciadas, graduales y temporales, de acuerdo con las condiciones de cada territorio. También contempla aulas temporales, carpas de emergencia, uso de otras sedes educativas, iglesias, salones comunales y bibliotecas, además de escuela itinerante, escuela en casa y modalidades híbridas.

Y es justamente en la aplicación de estas medidas donde aparece la pregunta: ¿cómo garantizar que funcionen en las regiones más afectadas por el terremoto?

Chocó: un territorio donde la conectividad sigue siendo una barrera

En Andagoya, Chocó, Ingrid Rodríguez, profesora de la sede Policarpa Salavarrieta de la Institución Educativa Joaquín Urrutia, conoce las dificultades que enfrenta su comunidad.

En entrevista con Caracol Radio, indicó que su sede actualmente no tienen internet constante y, según explica, esta situación se repite en otras instituciones educativas del departamento. A esto se suman los problemas con el servicio de energía que agravo la emergencia del terremoto.

Por eso, Rodríguez considera que la educación virtual puede funcionar en algunos lugares, pero no puede convertirse en una solución general para todos los estudiantes afectados.

La docente recuerda además lo ocurrido durante la pandemia. Asegura que todavía hay estudiantes que atraviesan dificultades de aprendizaje de ese periodo y que repetir una “estrategia” sin tener en cuenta las condiciones del territorio podría profundizar ese rezago.

“La virtualidad funcionará en algunos sitios, pero no en todos, y más los afectados por el terremoto. Vayan al contexto, a las regiones”, sostiene Rodríguez.

La propuesta desde el territorio: mantener las clases presenciales

Para la profesora, donde las escuelas tengan daños que impidan el regreso de los estudiantes, existen otras posibilidades.

Rodríguez plantea aprovechar canchas de fútbol, coliseos y otros espacios comunitarios para instalar carpas y permitir que los docentes continúen las clases de manera presencial. Incluso señala que en algunas comunidades los maestros ya utilizan este tipo de escenarios para desarrollar actividades académicas.

La propuesta coincide con varias de las alternativas contempladas por el Ministerio. La Directiva 009 establece que, en instituciones con afectaciones graves, pueden habilitarse espacios temporales o alternos que cumplan condiciones de seguridad, accesibilidad y salubridad.

El punto, para Rodríguez, está en cómo se implementan esas medidas y quién acompaña a las comunidades para ponerlas en funcionamiento, y no sea una medina netamente gestionada por las comunidades, sino un acompañamiento real del gobierno.

“No podemos seguir planeando desde las capitales” indicó Rodríguez.

La profesora insiste en que la emergencia no puede abordarse de la misma manera en todos los departamentos.

Su llamado es a que el Ministerio de Educación trabaje directamente con las secretarías departamentales y municipales para establecer qué necesita cada comunidad y, a partir de ese diagnóstico, definir la alternativa más adecuada.

“No podemos seguir planeando, ejerciendo desde las capitales. Hay que ir al contexto”, afirma.

Para ella, no se trata de descartar las herramientas virtuales, sino de determinar dónde realmente existen las condiciones para utilizarlas. En su propio territorio, dice, antes de hablar de conectividad habría que resolver incluso las dificultades de energía.

Expertas piden priorizar la presencialidad durante la emergencia

Esta preocupación también fue planteada por Edna Bonilla, exsecretaria de Educación de Bogotá, directora de la Fundación ABACOS y profesora de la Universidad Nacional, e Isabel Segovia, exviceministra de Educación y exsecretaria de Educación de Bogotá en entrevista en 6AM W.

Bonilla reconoce que la directiva del Ministerio establece medidas diferenciadas, graduales y temporales, pero advierte que la educación remota no debería terminar sustituyendo la escuela.

Su argumento parte de la experiencia de la pandemia: la virtualidad ayudó a mantener el vínculo educativo, pero no reemplazó la presencialidad y, según explicó, amplificó las desigualdades y dejó pérdidas de aprendizaje.

Además, recordó que la escuela cumple funciones que van más allá de las clases: es un espacio de protección, socialización, convivencia y alimentación para los estudiantes.

Segovia coincidió en que, en una emergencia, la prioridad debería ser recuperar las rutinas presenciales de los niños y niñas lo más rápido posible.

La exviceministra planteó utilizar temporalmente espacios como salones comunales, iglesias y otras instalaciones mientras se recuperan las instituciones educativas. También señaló que reunir a los estudiantes permitiría facilitar la atención psicosocial que requieren después de una emergencia.

La brecha de internet ya existía antes del terremoto

El debate sobre la virtualidad también está relacionado con una dificultad que no nació con el sismo: la desigualdad en el acceso a internet.

Durante la entrevista, Bonilla citó cifras del DANE de 2020, según las cuales el 66,6 % de los hogares en cabeceras municipales tenía conexión a internet, frente a apenas 24 % en los centros poblados y zonas rurales dispersas.

Para la experta, trasladar las clases al hogar también significa trasladar a las familias la responsabilidad de contar con conexión, dispositivos y condiciones adecuadas para estudiar.

En las zonas afectadas por el terremoto, esa dificultad puede ser todavía mayor y más sin contar con la oinfraestructura adecua<da, que sigue siendo una barrera en diversas regiones del país.

Una emergencia que exige respuestas según cada territorio

Las expertas también llamaron la atención sobre la necesidad de mantener el acompañamiento psicosocial y la alimentación escolar. La Directiva 009 contempla acciones de apoyo para estudiantes, docentes y familias durante la emergencia.

El reto, entonces, no es únicamente definir si las clases serán virtuales o presenciales. Es determinar qué alternativa puede garantizar realmente el derecho a la educación en cada comunidad afectada.

Mientras se recuperan los 3.443 centros educativos afectados, el debate deja una conclusión compartida entre docentes y expertas: las soluciones de emergencia tendrán que partir de las condiciones reales de cada territorio, especialmente en regiones donde las brechas de infraestructura, energía y conectividad ya existían antes del terremoto.

Para Ingrid Rodríguez, el llamado es a que ese diagnóstico se haga directamente en las comunidades y en coordinación con las autoridades educativas locales, para evitar que una medida diseñada para garantizar la continuidad de las clases termine profundizando el rezago educativo que dejó la pandemia.

Alisson Torres

Comunicadora Social - Periodista Audiovisual...