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Terremoto en Colombia: así avanza la ayuda a las comunidades afectadas

La emergencia provocada por el terremoto ha dejado daños en viviendas, vías y servicios, pero también una amplia movilización para atender a las comunidades afectadas.

Colombia mantiene la ayuda a las comunidades afectadas por el terremoto

En diferentes regiones del país, organizaciones, autoridades, equipos de rescate y ciudadanos han puesto en marcha iniciativas para entregar alimentos, evaluar las estructuras y acompañar a quienes todavía enfrentan las consecuencias del desastre.

Uno de los primeros apoyos que llegó a las zonas afectadas fue el de World Central Kitchen (WCK), organización que trabaja en emergencias a través de la preparación y distribución de alimentos. En Colombia, su operación se ha desarrollado con el apoyo de restaurantes locales, que se han convertido en puntos de preparación para atender a damnificados, voluntarios y equipos de emergencia.

La organización ha insistido en que la ayuda alimentaria debe estar coordinada para evitar que los productos se pierdan. En el caso de las comidas preparadas, por ejemplo, es necesario conocer previamente dónde serán entregadas y quiénes las recibirán. Cuando esto no ocurre, los alimentos pueden deteriorarse antes de llegar a las personas que los necesitan. Por eso, además de donar, resulta fundamental organizar la distribución.

Pero la respuesta a la emergencia no se ha limitado a la entrega de suministros. La Cruz Roja Colombiana explicó cómo se ha preparado el país para enfrentar situaciones de esta magnitud. Colombia cuenta con equipos especializados de búsqueda y rescate urbano, conformados por diferentes organismos de socorro y personal capacitado para intervenir en estructuras colapsadas.

Carlos Iván Márquez destacó que esta preparación es resultado de años de experiencia y de las lecciones aprendidas en anteriores desastres. La existencia de equipos especializados permite responder de manera más organizada, pero también plantea el desafío de coordinar adecuadamente los recursos para que lleguen al lugar donde son necesarios sin generar dificultades adicionales en las operaciones.

Esa experiencia también está presente en organizaciones como el Círculo Internacional de Auxiliadores Técnicos, CINAT, vinculado al trabajo del mayor Galindo. La organización ha participado durante años en labores de rescate y capacitación, además de desarrollar programas de prevención y formación para las comunidades.

Su trabajo demuestra que la atención de un desastre no comienza únicamente cuando ocurre la emergencia. La preparación previa, el entrenamiento de los rescatistas y la educación de la población son elementos fundamentales para reducir los riesgos. La experiencia adquirida en tragedias como el terremoto del Eje Cafetero ha permitido fortalecer los procedimientos utilizados actualmente.

Mientras los equipos especializados avanzan en sus labores, en San José del Palmar, uno de los municipios más cercanos al epicentro, la emergencia empieza a cambiar de fase. Aunque no se registraron víctimas fatales, las autoridades reportaron afectaciones en viviendas y vías, además de cientos de familias damnificadas.

El alcalde del municipio explicó que una de las principales necesidades en este momento es contar con ingenieros y especialistas que puedan determinar cuáles viviendas son habitables y cuáles necesitan ser intervenidas. Muchas familias han preferido permanecer fuera de sus casas por temor a las réplicas y a los daños que presentan algunas estructuras.

Las dificultades de acceso también complican la atención. Algunas carreteras presentan restricciones y requieren maquinaria para recuperar los pasos afectados. A esto se suman las lluvias registradas después del terremoto, que han aumentado la preocupación de los habitantes y dificultado el traslado hacia algunas comunidades.

La emergencia ha dejado además consecuencias que no siempre son visibles. El miedo a regresar a las viviendas, la incertidumbre sobre lo que ocurrirá y el impacto de haber vivido un terremoto hacen necesaria la atención psicológica. En San José del Palmar el acompañamiento emocional se suma a las necesidades de infraestructura y asistencia humanitaria.

En medio de esta situación, la solidaridad también ha encontrado formas diferentes de expresarse. En Cali, el artista Andrés Solomón instaló un puesto de “abrazos” como una manera de acompañar a las personas afectadas por la tragedia. Su iniciativa busca ofrecer un momento de cercanía a quienes necesitan expresar lo que sienten después de días marcados por el miedo y la incertidumbre.

El gesto, aunque sencillo, ha generado reacciones entre quienes se acercan. Para Andrés, un abrazo puede convertirse en una forma de liberar parte de la tensión acumulada y recordar que las personas no están solas frente a lo ocurrido.

Así, mientras la emergencia comienza a dejar atrás las primeras labores de rescate, las necesidades de las comunidades también se transforman. La prioridad ahora está en evaluar las viviendas, recuperar las vías, garantizar la alimentación y acompañar a las familias que todavía no pueden regresar a la normalidad.

El terremoto ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de Colombia, pero también ha mostrado que la atención de una tragedia se construye desde diferentes frentes. Organismos especializados, autoridades, organizaciones humanitarias y ciudadanos participan en un proceso que apenas comienza y que tendrá como principal desafío mantener la ayuda mientras las comunidades avanzan hacia la recuperación.