La educación socio-emocional: el nuevo reto de las instituciones educativas
Más de 20.000 estudiantes y 500 docentes en Tuluá, Yumbo y Riofrío participan es un modelo de educación socio-emocional que fortalece la convivencia escolar y previene el acoso en las aulas.
Aula de clases vacía (Foto vía Getty Images) / Trevor Williams
En la actualidad la educación colombiana se enfrenta a la necesidad de mejorar la salud mental y el bienestar emocional de niños, niñas y adolescentes, más allá del rendimiento académico, las instituciones educativas tienen el deber de formar estudiantes capaces de gestionar sus emociones en entornos diversos.
La convivencia escolar, la prevención de la violencia y la formación de ciudadanos capaces de resolver conflictos de manera pacífica se han convertido en temas prioritarios en la agenda del país, especialmente en un contexto marcado por la polarización social y la persistencia de prácticas de intolerancia.
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Por esto, ahora se han empezado a llevar a cabo programas de aprendizaje socio emocional (ASE) que han cobrado relevancia como complemento clave de la formación académica tradicional al contribuir al bienestar de los estudiantes y fortalecer las habilidades como la empatía, la auto-regulación y la toma de decisiones responsables.
La necesidad de invertir en la educación
Un estudio de la Universidad de Columbia señala que por cada dólar invertido en programas ASE se obtiene un retorno estimado de 11 dólares. En Colombia, este enfoque comienza a materializarse en experiencias territoriales. Un ejemplo es el municipio de Tuluá, Valle del Cauca, donde desde el 2019 la Fundación Levapan implementa el modelo SEE learning en el colegio Bilingüe Guillermo Ponce de León.
Es un programa que a desarrollado la Universidad de Emory (Atlanta, Estados Unidos) que promueve el aprendizaje social, emocional y ético en docentes y estudiantes desde transición hasta el grado 11. En 2025 el modelo se expandió a los municipios de Yumbo y Río Frío, actualmente, esta iniciativa impacta a más de 20.000 estudiantes y más de 500 docentes, de los cuáles, el 98% afirma que el programa es útil para el fortalecimiento de la convivencia escolar; el 96% reconoce que aporta elementos para la resolución de conflictos; y el 97% considera que contribuye a la prevención del acoso escolar.
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Según Nanook Smildiger, Directora Ejecutiva Fundación Levapan, “Los niños no solo están aprendiendo a identificar sus emociones; también están desarrollando formas de relacionarse con los demás desde la compasión y el respeto. Formar en control emocional y empatía nos transforma primero a nosotros: cuando un maestro aprende a autorregularse, escucha mejor, enseña mejor y acompaña mejor. Todo esto transforma el clima escolar y genera un impacto que trasciende las aulas y contribuye a la formación de grandes seres humanos, es por esto que brindar las herramientas socio-emocionales es una prioridad”.
Lo anterior, refleja que la educación no puede reducirse al desarrollo de habilidades académicas, esta debe incluir herramientas que permitan el desarrollo de habilidades socio-emocionales, para la convivencia, la empatía y la construcción de relaciones sanas dentro y fuera del aula.