Mega velocidades en casa

La fibra óptica empezó a llegar a los hogares colombianos. ¿Vale la pena?.

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Hasta hace poco los colombianos recibíamos con envidia las noticias sobre conexiones a Internet de 100 megas, de las que sabíamos gozaban las familias en Corea y otras cuantas naciones privilegiadas. Los consumidores de mayor edad todavía recuerdan los tiempos en los que se conectaban mediante la línea de cobre de la red telefónica análoga, a través de un viejo modem que pitaba y chasqueaba durante un par de minutos antes de llevarlos a la red, a la entonces maravillosa velocidad de ¡28 kilobits por segundo! apenas una pequeña fracción de los 20 megas que tenemos en promedio actualmente en el país. Eso ocurría hace apenas década y media atrás.

Eran los primeros días de Internet y aquellas velocidades paquidérmicas parecían de lo más normal. Los consumidores pagaban tarifas por minuto conectado, así que muchas horas en Internet significaban una cifra más alta en la factura del teléfono del mes siguiente. Era la razón por la que los usuarios entraban a Internet en asaltos rápidos, para revisar el correo y visitar algunos portales Web (ojalá no muy cargados de gráficos, porque entonces el despliegue de las páginas era tormentoso). Descargar una canción de Napster tomaba unos quince minutos y el video era un lujo que pocos podían permitirse.

Los lectores jóvenes tal vez jamás llegaron a conocer una de estas reliquias de la electrónica análoga, y en la actualidad cualquier colombiano con menos de 25 años de edad se desespera si sus 20 megas no le ofrecen en todo momento la sincronía necesaria para participar en esa partida en línea de Fortnite o jugar ese partido de Fifa 2022.

Con un número cada vez mayor de dispositivos conectados en casa - teléfonos, televisores, consolas de videojuegos, relojes, neveras, aspiradoras, cámaras, bombillas y el collar del perro - la red en casa se volvió una insaciable devoradora de ancho de banda.

Resuelto el dilema de la última milla

Conexiones de alta velocidad existen desde años, mediante accesos dedicados (es decir, conexiones no compartidas, a diferencia de las que tenemos en los hogares, que se comparten con los vecinos mediante el sistema de reúso), las cuales solo estaban disponibles para el sector corporativo. Desde mucho tiempo atrás gobiernos y operadores en todo el mundo lidian con el conocido problema de la “última milla”. Bajo el subsuelo colombiano yace una extensa y tupida red de fibra óptica, tendida a lo largo de las dos últimas décadas, pero ese cableado en fibra óptica no llegaba hasta las casas de los consumidores. Se conoce como "última milla" a la transmisión de datos desde las troncales de fibra óptica hasta los hogares. Por cuestiones de costos, ese tramo final no se conectaba utilizando fibra, sino mediante cobre o cable coaxial, así que teníamos - tenemos - una situación en la que las velocidades en las troncales de fibra son muy altas, pero descienden considerablemente en el último segmento, en donde el cobre o el cable coaxial soportan velocidades de trasmisión limitadas.

Dos operadores de telecomunicaciones en Colombia ofrecen fibra óptica hasta los hogares, lo que cambia radicalmente la experiencia de conectividad en el usuario final. En Bogotá el servicio es ofrecido por ETB y por Movistar, y esta última compañía lo ofrece a nivel nacional, ya en 240 municipios.

Saltan a la vista las ventajas de este servicio de verdadera banda ancha. Para los usuarios, es fácil identificar las bondades: conexiones de 300, 400 y 500 megas, con garantía de estabilidad y simetría en el caso de Movistar, es decir, la misma velocidad de subida y de bajada de datos. Recordemos que con cable coaxial o cobre la velocidad de subida es siempre muy inferior a la de descarga. No hay gamer que se resista a esta delicia y no importa cuántos dispositivos estén conectados, los usuarios no percibirán degradación alguna en la calidad de conexión; aun si hay varios televisores conectados a Netflix o Amazon Prime al mismo tiempo, recibiendo contenidos diferentes en streaming.

El reúso y la concurrencia continúan aplicando en los servicios al hogar, pero en fibra se conectan máximo 64 usuarios a un puerto de transmisión, mientras que en las conexiones tradicionales mediante cobre o coaxial, se conectan muchísimos más.

Para los operadores también supone notables ventajas. El cable de fibra óptica – aunque más costoso - tiene una vida útil más prolongada, y no le afecta la lluvia ni el vandalismo. La fibra robada no sirve para nada, así que no puede negociarse en mercados piratas, como ocurre con el cable de cobre.

Se estima que en la actualidad hay al menos un millón de colombianos disfrutando de servicios de fibra óptica al hogar y los planes de los operadores son ambiciosos, con estimaciones de que el número de colombianos suscritos a este servicio podría llegar a 2,4 millones al finalizar el presente año. La fibra óptica modificará sensiblemente la experiencia de usar internet, tanto en entretenimiento como en tareas profesionales o educativas.

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