Expediciones

Naturaleza al límite: la verdadera cara del páramo de Santurbán

Más de 30 especies de animales, además de frailejones y plantas únicas en el planeta, fueron registradas por la Expedición Páramo en Santurbán

El agua de Santurbán llega a más de 1,5 millones de habitantes de los santanderes /

Desde la tercera década del siglo XVI aparecieron las primeras exploraciones de oro en el páramo de Santurbán, un emporio hídrico de 142.608 hectáreas distribuidas en 30 municipios de Norte de Santander y Santander y donde los frailejones y plantas nativas le dan vida a aproximadamente 80 lagunas.

Durante esa época, el alemán Ambrosio Alfinger estuvo al frente de una empresa dedicada a extraer oro de aluvión en la zona paramuna, actividad que dio paso a centros poblados y el sometimiento de guanes, chitareros, yariguíes y laches, indígenas que intercambiaban papa, maíz, tabaco, algodón, cacao y la pepa preciosa

Con el paso del tiempo, sitios como Vetas y California se convirtieron en las principales despensas doradas de la región, mientras que los cultivos de trigo y cebada y la ganadería ampliaban sus dominios sobre las tierras paramunas. Según el Instituto Humboldt, hacia 1820 la compañía inglesa Colombian Mining Association inició labores de extracción en Santurbán.

“A finales del siglo XIX, los gobiernos conservadores promovieron la explotación minera por parte de compañías extranjeras. En las zonas rurales se amplió la frontera agrícola, causando una disminución de la vegetación nativa del páramo”, afirma el Instituto Alexander von Humboldt en el documento Aportes a la delimitación del páramo de Santurbán.

El ingreso de numerosas empresas multinacionales que compraron títulos y tierras, además de las acciones de grupos como las extintas FARC y ELN, marcaron la parada durante los siglos XX e inicios del XXI, una hecatombe ambiental que motivó a varias comunidades paramunas a defender el agua que resguarda Santurbán, donde nacen los ríos Zulia, Arauca y Suratá.

En las 142.608 hectáreas del páramo de Santurbán habitan más de 700 especies de plantas y animales / Foto: Nicolás Acevedo.

“Así nacieron movimientos sociales como el Comité por la Defensa del Agua y el Páramo de Santurbán, que después de años de reclamaciones lograron declarar el Parque Natural Regional Páramo de Santurbán”, afirma el Instituto Humboldt.

La extensa historia minera y la consolidación de las actividades productivas causaron serios impactos en el páramo: cerca del 26% de su área está transformada o afectada por la minería de oro en la parte occidental (Santander) y la agricultura y ganadería extensiva.

Sin embargo, Santurbán es un guerrero resiliente que da certeras muestras de vida, naturaleza y biodiversidad. Así lo corroboró la Expedición Páramo en su recorrido por este ecosistema, donde expertos de la Universidad de Pamplona, la Alianza Biocuenca, Bavaria y líderes comunitarios visitaron tres zonas de este complejo de los Santanderes.

Explosión de frailejones

La primera parada de la Expedición Páramo por Santurbán fue en La Legía, un sector paramuno ubicado a más de una hora en carro del municipio de Pamplona (Norte de Santander) y a una altura que no supera los 2.700 metros sobre el nivel del mar.

Diversas especies de frailejones y vegetación del bosque altoandino aparecen a pocos metros de la carretera y crecen en medio de extensas plantaciones de pinos y algunos eucaliptos, especies foráneas que fueron introducidas en Colombia como una medida de restauración y uso comercial desde mediados del siglo pasado.

En Santurbán, Expedición Páramo registró dos especies de ranas que podrían ser nuevas para Colombia / Foto: Jhon Barros.

Roberto Sánchez, biólogo de la Universidad Nacional y actual director del Herbario Catatumbo-Sarare de la Universidad de Pamplona, afirma que esta zona de Santurbán es bastante atípica, ya que la mayoría de páramos están ubicados en lo más alto de las montañas, con alturas superiores a los 3.000 metros.

“La Legía está catalogado como un páramo azonal, es decir que hace parte de un territorio con alturas más bien bajas. Sin embargo, un censo realizado para un trabajo de grado evidenció que alberga una gran cantidad de plantas vasculares y frailejones, más de 250 especies; esto es un indicador de una alta riqueza natural”, dijo el experto.

Sánchez clava su mirada en un frailejón de mediano porte con sus flores amarillas florecidas. Se trata de Espeletia brasicoidea, una planta que abunda en Santurbán. “Este frailejón es conocido como arrepollado por sus hojas anchas y una roseta densa. Fue descrito por primera vez en La Legía, donde está la mayor cantidad de individuos en Colombia; la planta tiene un rasgo de distribución entre los páramos de Almorzadero, Santurbán, El Cocuy y Tamá (Venezuela)”.

Según el biólogo, Santurbán es uno de los páramos colombianos con mayor riqueza de frailejones a nivel mundial. “En este ecosistema santandereano hemos registrado por lo menos 18 especies de frailejones, algunas endémicas como el santanderensis, que crece solo en Santander; sanchezi, único en el filo de las partes altas; y canescens”.

En Colombia, el Lagarto de Pamplona solo habita en las zonas paramunas de Santurbán en Norte de Santander / Foto: Jhon Barros

En un denso relicto de bosque altoandino, los expertos de la Universidad de Pamplona se detuvieron para observar frondosos árboles de porte mediano que a simple vista no tienen ningún parecido con un frailejón, ya que la mayoría de estas plantas crecen a ras del suelo y con hojas repletas de pelos que captan y retienen el agua.

“Aunque no lo parezca, se trata de un frailejón de la especie Espeletia neriifolia. Es conocido como mielero o tabaquillo y es bastante particular porque es una planta leñosa y con diversas ramificaciones que solo habita en los Santanderes; a diferencia de la mayoría de frailejones, este es exclusivo de las zonas de bosque”, precisa Jessica Sarmiento, bióloga de la universidad.

Para el director del Herbario Catatumbo-Sarare, estas son tan solo algunas de las muestras biodiversas de la flora del páramo de Santurbán, donde se han identificado cerca de 450 especies de plantas vasculares.

“Santurbán hace parte de un corredor conformado por los páramos de Almorzadero y Cocuy, que si es visto como un solo páramo sería mucho más extenso que Sumapaz. Por esta zona incluso convergen especies que vienen de la zona de Mérida y Tamá en Venezuela, por lo cual es un territorio bastante rico en términos de biodiversidad”, dijo el experto.

Animales como en botica

José Antonio Sierra, biólogo del Museo de Ciencias Naturales José Celestino Mutis de la Universidad de Pamplona, lleva más de cuatro años explorando el páramo de Santurbán para estudiar detalladamente a un lagarto nativo de Colombia y Venezuela.

El mielero o tabaquillo es un frailejón bastante particular porque es una planta leñosa y con diversas ramificaciones. Solo habita en ciertas áreas de los santanderes / Foto: Jhon Barros

Se trata de Anadia pamplonensis, más conocida como la anadia o lagarto de Pamplona, un reptil que en el territorio nacional solo ha sido registrado en zonas restringidas de Norte de Santander en Santurbán y el cual está catalogado como una especie en peligro de extinción.

“Este lagarto alcanza tamaños entre los 22 y 30 centímetros y es un habitante místico del páramo. Tiene una reproducción continua, las hembras ponen dos huevos en promedio y está muy asociada a los musgos, plantas que al retener agua le brindan la humedad necesaria para que los huevos se desarrollen”.

Una de las zonas donde más abunda este reptil, incluso en sitios cercanos a las carreteras y los pastizales, es el páramo de La Legía. “La encuentro con bastante frecuencia debajo de las rocas, pero lamentablemente no es vista por la comunidad como una especie importante, a pesar de controlar la población de insectos”.

En la Expedición Páramo, Sierra encontró dos de estos lagartos en unos montículos rocosos de La Legía, hallazgos que para el experto evidencian la riqueza natural que tiene el ecosistema. “Sin embargo, su estado es bastante alarmante porque su hábitat presenta un alto grado de intervención por la agricultura, ganadería y tala”.

Además de este tesoro único de Santurbán, el biólogo ha registrado una alta diversidad de fauna silvestre en este ecosistema, como cerca de 250 especies de aves y 53 de mamíferos, tanto terrestres como voladores.

“Los murciélagos, musarañas, roedores y venados son bastante comunes de estas zonas paramunas. Un hallazgo bastante particular es la presencia del mono aullador rojo en Cucutilla y Arboledas, primates que incluso suben al páramo. El oso de anteojos y el puma también transitan por la región”.

El frailejón más pequeño del mundo, que no supera los 10 centímetros de alto, solo habita en una pequeña área de Santurbán / Foto: Jhon Barros

Santurbán le brinda hogar a 14 especies de anfibios, animales que se han visto bastante afectados por el calentamiento global y la transformación de los ecosistemas. “La riqueza de anfibios en el páramo aún es bastante desconocida, ya que muchas zonas del territorio no han sido exploradas”.

Sierra tiene un listado de las especies de fauna más emblemáticas de Santurbán, representantes de la biodiversidad que han pasado desapercibidos por la mayoría de colombianos debido a los conflictos con la minería de oro.

“El cóndor de los Andes, el oso de anteojos y el puma, animales insignias de los páramos del país, aún sobreviven en Santurbán. Además, este ecosistema santandereano registra varias especies de coatíes, mamíferos bastante impactados por la deforestación, al igual que un pato que se consideraba extinto y lo registramos en esta zona”.

Frailejón enano

La segunda parada de la Expedición Páramo por Santurbán fue por las zonas aledañas a la laguna de Antalá, uno de los más de 80 cuerpos lagunares que han sobrevivido a los estragos de las actividades humanas ubicado en el municipio de Silos.

Antes de llegar a este territorio hídrico que en el pasado fue sagrado para varios indígenas, es necesario recorrer, durante casi dos horas en carro, una trocha repleta de barro y rocas donde aparecen certeros estragos de la producción agropecuaria.

Cultivos de cebolla y papa que incluso llegan a las orillas de un río de aguas cristalinas; vacas y ovejas pastando y pisoteando las tierras paramunas de los frailejones centenarios; y algunos montículos de basuras como envases de los pesticidas; entorpecen la belleza del páramo.

Poco a poco, los impactos ambientales pierden fuerza cuando la niebla se desvanece en el horizonte y deja ver extensos valles de frailejones florecidos y decenas de humedales y lagunas conectadas por hilos de agua invisibles por donde sobrevuelan las águilas de páramo y los colibríes.

Más de 450 especies de plantas vasculares han sido identificadas en el páramo de Santurbán / Foto: Jhon Barros

Al bajarse del vehículo, Roberto Sánchez, biólogo de la Universidad de Pamplona, agudiza su mirada y acelera el paso hacia una zona con pequeñas plantas que a simple vista no llaman mucho la atención de los expedicionarios.

“Este es el frailejón más pequeño del mundo, una planta que no supera los 10 centímetros de alto cuando no tiene florescencias y la cual solo habita en el páramo de Santurbán en la laguna de Antalá en Silos”.

Según el docente, Espeletia caldansis, bautizado en honor al sabio Francisco José de Caldas, está bastante amenazado por su tamaño diminuto. “Las vacas lo pisotean y lo ahogan con sus excrementos. En el pasado, esta especie habitaba en zonas de Berlín en Tona, pero por las actividades agropecuarias desapareció del lugar”.

En los alrededores de la laguna de Antalá, que aún cuenta con aguas cristalinas que permiten ver musgos y algas en su fondo, los investigadores llenaron varias bolsas con basuras y residuos sólidos arrojados por los turistas.

“Estas conductas ponen en riesgo tanto al frailejón más pequeño del mundo como a las otras plantas paramunas que rodean esta mágica laguna”, enfatiza Sánchez.

Campesinos de la zona le reportaron a los expertos la muerte de dos aves en una vivienda ubicada a pocos metros de la laguna. Quedaron atrapadas en unos alambres del techo de la casa y el frío del páramo las momificó.

El biólogo José Antonio Sierra agarró una escalera para analizar detalladamente las aves. “Miden aproximadamente 20 centímetros de largo y el tamaño de su pico nos indica que es un cucarachero, una especie típica de las zonas de páramo. Haremos más investigaciones para corroborar este hallazgo”.

Plantas carnívoras y un posible nuevo coatí

Santurbán también alberga plantas carnívoras. Esta especie tiene glándulas pegajosas que liberan sustancias donde quedan atrapados los insectos / Foto: Jhon Barros.

La Expedición Páramo en Santurbán terminó en las lagunas del Cornal, uno de los sitios más conservados de los municipios de Cácota y Silos donde los campesinos realizan recorridos ambientales con los turistas.

Edwin Navas, dueño de una iniciativa de ecoturismo llamada ‘Alojamientos rurales Shambala’, es uno de los habitantes paramunos que más conoce la zona. “Estos predios fueron comprados en los años 90 por las alcaldías y Corponor para consolidar un área estratégica de conservación, una medida efectiva que ha logrado mantener la belleza del páramo”.

Según este hombre de 37 años, en el pasado las lagunas del Cornal fueron sitios sagrados para los indígenas chitareros, donde realizaban pagamentos a la madre Tierra y al agua. “En este sitio también se libró una batalla entre conservadores y liberales durante la Guerra de los mil días y aún sobrevive un camino real construido hacia los años 1600”.

Varios mitos y leyendas hacen parte de la idiosincrasia de los habitantes de esta área repleta de frailejones y enormes rocas pintadas con el color naranja de algunos líquenes. “Dicen que los indígenas visitaban las lagunas el 23 de febrero durante el solsticio para venerar a la naturaleza. Cuando las niñas se convertían en mujeres, venían a la zona para hacer una ofrenda al agua”.

En sus constantes recorridos por los alrededores de las lagunas, también llamadas Negra y Blanca, Navas ha registrado diversas muestras de biodiversidad como huellas de osos de anteojos y venados, lagartijas, ranas y muchas aves.

Las lagunas del Cornal fueron epicentros de pagamentos y rituales sagrados para varios indígenas de los Santanderes / Foto: Jhon Barros

“Como el territorio está cercado y protegido por las autoridades y la comunidad, las vacas no ingresan a compactar el suelo y alimentarse de la vegetación nativa como los frailejones. Este es un tesoro que nos ha permitido desarrollar proyectos ecoturísticos como el mío, el cual está basado en recorridos ambientales con los turistas”.

Durante el recorrido de más de tres horas por el Cornal, donde la niebla aparecía con frecuencia, el biólogo José Antonio Sierra se dedicó a explorar debajo de las piedras para encontrar anfibios o reptiles. Dos ranas pequeñas aparecieron durante la expedición, especies que para el experto podrían ser nuevas para la ciencia.

“La coloración de sus cuerpos indican que no se trata de ninguna de las especies de anfibios registradas en Santurbán. Haremos varios análisis y estudios para poder corroborar esta hipótesis que, de confirmarse, nos llenaría de mucha alegría”.

Las ranas no fueron los únicos hallazgos de fauna que Sierra evidenció en el Cornal. El cuerpo sin vida de un mamífero encontrado a pocos metros de la orilla de la laguna Negra, podría arrojar la presencia de un coatí que solo ha sido registrado en Venezuela.

“Al comienzo pensamos que era una chucha. Pero luego de revisar el cuerpo me percaté que era una coatí hembra, un mamífero conocido como el fantasma de los páramos porque es muy difícil de avistar por sus hábitos nocturnos”.

En la colección biológica de la Universidad de Pamplona, el biólogo dará marcha a un profundo análisis del cuerpo de la coatí, ya que tiene la corazonada de que será un hallazgo nacional. “Creo que se trata de una especie de coatí que solo se ha reportado en Mérida (Venezuela)”.

Las plantas que habitan las lagunas del Cornal también mostraron varias peculiaridades. Una de ellas, con hojas rojas y un tamaño pequeño, es carnívora. “Esta planta del género pinguicula tiene una serie de mecanismos que le permiten atrapar insectos y absorberlos”, dijo la bióloga Jessica Sarmiento.

El profesor Sánchez complementó la información de su pupila. “Es una planta presente en ecosistemas rocosos como los páramos. Tiene glándulas pegajosas que liberan sustancias donde quedan atrapados los insectos. Con esas enzimas van digiriendo la presa hasta absorber los nutrientes que llegan a la raíz”.

Durante la semana de la Expedición Páramo por Santurbán, los biólogos de la Universidad de Pamplona registraron un promedio de 30 especies de animales y una alta variedad de plantas paramunas, evidencias que corroboran que este ecosistema es bastante rico en biodiversidad.

“Cada vez que entramos al páramo nos topamos con una alta diversidad de especies. Registrar más de 30 especies de animales sin utilizar técnicas de muestreo como redes o trampas, es una muestra fehaciente de esa riqueza que pocos colombianos conocen”, puntualiza Sierra.

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