Expediciones

Guantiva - La Rusia: la mayor guardería de frailejones de Colombia

Allí habitan 20 especies de frailejones y el bosque de colorados en mejor estado del país

Según el Instituto Humboldt, nueve especies de frailejones en Guantiva-La Rusia están en un alto riesgo de desaparecer /

Ningún otro sitio en el planeta cuenta con tantos terrenos cubiertos por páramos como Boyacá. Cerca del 23% del departamento está conformado por este tipo de ecosistemas, 537.000 hectáreas donde el común denominador son los frailejones de diversos tamaños y portes, lagunas encantadas rodeadas por musgos y fuertes vientos que se convierten en agua.

Pisba, Tota-Bijagual-Mamapacha, Altiplano Cundiboyacense, Iguaque-Merchán, Guantiva-La Rusia y la Sierra Nevada del Cocuy, son los complejos paramunos que embellecen las cimas de la cordillera Oriental en su paso por este territorio, el cual fue venerado y protegido en la época prehispánica por grupos indígenas como los muiscas y guanes.

“Si cualquier persona quisiera conocer la mayor biodiversidad en términos de páramos en el planeta, el lugar para visitar es Boyacá, un departamento de montañas, frailejones, lagunas, quebradas y bosques. Estos ecosistemas cumplen una función principal en la regulación del ciclo hídrico, ya que permiten llevar y condensar el agua que le da vida a ríos y surte a la población del líquido vital”, aseguró Herman Amaya, director de Corpoboyacá, la autoridad ambiental de ese territorio.

Según el funcionario, la mayoría de los páramos boyacenses están en un buen estado ambiental, principalmente el complejo de Guantiva-La Rusia, un territorio conformado por 119.000 hectáreas distribuidas en 23 municipios de Boyacá y Santander y que está conectado con Iguaque-Merchán por un cordón ecológico que es transitado por diversas especies de animales.

Guantiva-La Rusia, que fue delimitado en 2018, es tal vez uno de los ecosistemas más conservados del país. Allí, la frontera agrícola no es tan alta, no hay actividades de minería y los cultivos y pastizales para el ganado están concentrados cerca a la vía que comunica a Boyacá con los Santanderes. Es un ecosistema con un enorme potencial en términos de biodiversidad”.

Guantiva-La Rusia, páramo de Boyacá y Santander, alberga la mayor cantidad de especies de frailejones en Colombia y el mundo / Foto: Tomás Ortiz

Estudios del Instituto Humboldt revelan que este páramo cuenta con 85 lagunas y humedales y cerca de 2.300 drenajes que se encargan de alimentar a titanes hídricos como los ríos Chicamocha, Fonce y Suárez. También alberga más de 960 especies de plantas, mamíferos, aves, anfibios e invertebrados.

“En este páramo está el mayor parche de bosques de colorados o siete cueros de la especie Polylepis quadrijuga en el país, el único árbol que habita en los ecosistemas paramunos. También resguarda la mayor cantidad de robles en todo el territorio nacional. Otra de sus joyas biodiversas es una gran variedad de frailejones”, informó Amaya.

El equipo periodístico científico de Expedición Páramo recorrió varias zonas de Guantiva-La Rusia en compañía de biólogos, jóvenes ambientalistas y campesinos, una travesía en donde pudo constatar su gran riqueza natural e importancia hídrica.

Cuna de los frailejones

El municipio de Belén, ubicado a hora y media de Tunja, esconde en sus altas montañas uno de los mayores hervideros de biodiversidad en Colombia. Este pueblo, llamado la tierra noble y legendaria de Boyacá, hace parte del Parque Natural Regional Pan de Azúcar-El Consuelo, más de 28.000 hectáreas que son protegidas por las comunidades.

A no más de media hora del casco urbano de Belén, un camino empedrado que en el pasado fue transitado por los muiscas, conduce hacia las cumbres de Guantiva-La Rusia. El agua que nace en el páramo baja por todos los recovecos de la trocha, la cual luce libre de pinos, eucaliptos y retamo espinoso.

“En Pan de Azúcar-El Consuelo nace el río Salgueras, el cual le suministra agua a cerca de 10.000 habitantes de los municipios de Belén y Tutazá. Esta área protegida creada en 2012, alberga un vasto colchón de diversos tipos de frailejones que captan el agua de la lluvia y la niebla”, dice Germán Grimaldos, guardaparque de la zona.

En este sitio paramuno, los frailejones aparecen como en botica tanto en las zonas altas como bajas: unos con tamaños superiores a los 10 metros de altura, otros pegados a ras del suelo y algunos con diferentes ramificaciones en su tronco.

“Guantiva-La Rusia es el páramo que presenta la mayor cantidad de especies de frailejones en Colombia, con 20 en total, seguido por el complejo de Pisba”, afirma María Teresa Becerra, coordinadora de gestión territorial del Instituto Humboldt.

Más de 80 lagunas o humedales decoran las partes más altas de Guantiva-La Rusia / Foto: Nicolás Acevedo.

Aunque la mayor guardería de frailejones del territorio nacional luce extensa, vasta y en buen estado de conservación, la investigadora del Humboldt revela que está en peligro. “Nueve especies de frailejones en Guantiva-La Rusia presentan algún grado de amenaza: tres en peligro crítico, seis en peligro y tres vulnerables a la extinción”.

Según Becerra, los frailejones de este páramo se ubican en diferentes zonas altitudinales, un panorama que tiene en riesgo a uno de sus mayores representantes. “Espeletia pleiochasia, un frailejón endémico de Colombia, lo podemos observar en sitios cercanos a las carreteras, por lo cual puede verse bastante afectado por los procesos de transformación”.

Los frailejones que habitan en las zonas más altas del páramo tampoco están libres de las amenazas. “Espeletia murilloi, que abunda en Pan de Azúcar-El Consuelo, podría verse afectado por el cambio climático. En otros páramos de Boyacá, esta especie ha venido reduciendo sus poblaciones por la desecación de los humedales, ecosistemas en donde habita”.

Un estudio realizado por el Instituto Humboldt en 2012, reveló un panorama alarmante en Guantiva-La Rusia. “El páramo presenta altas tasas de cambio en su vegetación, es decir que la velocidad a la que se están transformando los ecosistemas naturales en áreas agropecuarias es mayor”, apunta Becerra.

Amalia Díaz, bióloga del Instituto Humboldt que participó en la Expedición Páramo, recalcó que estas afectaciones en los frailejones son una problemática planetaria.

“Estas plantas evitan que los ríos se sequen en épocas de verano. Los pelitos que tienen en sus hojas se encargan de captar la niebla, la cual pasa queda captada en todo su cuerpo para poco a poco ir nutriendo humedales, lagunas y ríos. Perder un solo frailejón es una tragedia mundial”.

Bosques colorados

La naturaleza da certeras muestras de belleza en Guantiva-La Rusia: frailejones de todos los tamaños que se mueven al ritmo del viento, árboles de tallos rojizos de más de 15 metros de altura cubiertos por musgos, plantas de chite con flores amarillas y lagunas donde los muiscas depositaron sus tesoros dorados.

En Guantiva-La Rusia sobrevive el relicto o pache más grandes de árboles colorados en Colombia / Foto: Jhon Barros

Los frailejones no son la única maravilla del páramo. En Pan de Azúcar-El Consuelo sobrevive el relicto de árboles colorados (Polylepis quadrijuga) más extenso del país, cerca de 16 hectáreas que son protegidas por varios habitantes de la zona.

“Recorrer el bosque de los colorados es como estar en un cuento de hadas. Estos árboles están cubiertos por barbas de viejo y crecen en un suelo repleto de musgo, un panorama similar a esos cuentos de fantasía que nos contaron desde niños”, dice con orgullo el guardabosque del páramo.

Germán, quien desde los años 90 propaga esta peculiar especie en El Consuelo, cataloga al Polylepis quadrijuga como el árbol más viejo de los páramos. “Es el único árbol de gran tamaño que habita en nuestras zonas paramunas, por lo cual debería ser catalogado como una especie insignia nacional”.

El árbol colorado, también llamado en siete cueros y que alcanza tamaños de 20 metros, sobrevive a las altas temperaturas de los páramos. “Crece incluso en sitios con alturas superiores a los 4.200 metros, como en la laguna Pozo Negro de Guantiva-La Rusia. Una de sus funciones es la captura de la neblina que choca contra sus ramas y finalmente llega al suelo, ríos y quebradas”, manifestó el guardabosque.

Según Corpoboyacá, este árbol endémico de la cordillera Oriental de Colombia está en un alto peligro. “Estos Polylepis se han visto amenazados por una fuerte presión antropogénica como la ampliación de la frontera agropecuaria, además de la tala para aprovechar su madera como fuente de energía y fabricación de herramientas, corrales y cercas”.

Bosques de colorados, chistes y frailejones engalanan El Consuelo, sector del páramo Guantiva-La Rusia en Belén / Foto: Nicolás Acevedo

Luego del grueso bosque de colorados que sobrevive en El Consuelo, en el páramo aparecen diversas lagunas y humedales que parecen detenidas en el tiempo. “Las más de 80 lagunas del páramo fueron territorios sagrados para los muiscas. Entre las más bonitas que decoran esta zona están El Chaleco y las lagunetas de Montecolorado”, precisa Grimaldos.

Sin embargo, el guardabosque del páramo ha evidenciado que estos cuerpos de agua ancestrales han disminuido su tamaño en los últimos años por los estragos del calentamiento global. “Incluso varias ya se secaron. Por eso, estamos trabajando con varias personas de la comunidad para restaurar este territorio hídrico en donde sobrevuelan cerca de 10 águilas de páramo”.

Un páramo que nace en la carretera

A 19 kilómetros del casco urbano de Duitama inician los dominios el páramo La Rusia, un ecosistema de 6.500 hectáreas que deja ver su belleza sin la necesidad de bajarse del vehículo. Extensos valles de frailejones, montañas rocosas por donde bajan hilos de agua y varias lagunas, aparecen por la vía polvorienta que conduce hacia Charalá en Santander.

Al contemplar la zona paramuna, Amalia Díaz, investigadora del Instituto Humboldt, dejó perplejos a los participantes de la Expedición Páramo. Aseguró que los páramos no son ecosistemas antiguos, como la mayoría de personas cree.

“Siempre que uno piensa en lugares de alta montaña, lo primero que se imagina es que se trata de emporios antiguos o detenidos en el tiempo. Esto no sucede con los páramos, ya que se empezaron a formar hace más o menos tres millones de años. Esta cifra es bastante baja si la comparamos con los 400 millones de años que llevan varias plantas en el planeta, por lo cual son ecosistemas relativamente jóvenes”.

En el pasado, la laguna Negra fue un sitio sagrado para los muiscas. Allí depositaban ofrendas doradas a los dioses / Foto: Tomás Ortiz

Según Díaz, esto se debe en gran medida a que los páramos han estado aislados uno de los otros en la cima del norte de los Andes. “Los ciclos de aislamiento y la juventud de los páramos, hacen que la flora que allí habita sea única en el mundo: más del 40% de las especies de plantas de estos ecosistemas no crecen en ningún otro sitio”.

La carretera que zigzaguea por inmediaciones del páramo La Rusia está repleta de lagunas rodeadas por frailejones, como Peña Negra, Los Príncipes, Negra, Seca y Cachalú. Estos cuerpos de agua le brindan hogar a patos nativos de estos territorios y son visitados por otras aves como los colibríes y las águilas paramunas.

Antes de llegar a las Lagunas Encantadas, una reserva natural de la sociedad civil donde los turistas pueden hospedarse para conocer las entrañas del páramo, un montículo de basura alarmó a los expedicionarios: colchones, cobijas, costales, envases y botas de caucho perturban el panorama natural.

El agua de Guantiva-Rusia es vital para poblaciones como la del municipio de Duitama / Foto: Nicolás Acevedo

Andrea Acosta, una bióloga nacida en el municipio de Susacón, ha evidenciado esta problemática en varios de los recorridos que ha hecho por el páramo, al igual que zonas destinadas a las actividades agropecuarias.

“Es impresionante ver montañas desnudas para la siembra de papa y varios sitios con desechos sólidos, en su mayoría envases de plaguicidas e insecticidas. En la zona del Desaguadero, en Susacón, la afectación es bastante grande, una tragedia que contrasta con las tres lagunas de aguas cristalinas que surten de agua a los habitantes de la zona”, dice la actual embajadora de Guantiva-La Rusia.

El disturbio de las basuras se va esfumando poco a poco por la explosión de biodiversidad del paisaje. Además de frailejones y varias aves que sobrevuelan por el páramo, por este territorio transitan mamíferos de todos los tamaños que se encargan de dispersar semillas.

“En los páramos podemos encontrar una alta diversidad de mamíferos, que va desde pequeños roedores, pasando por venados, pumas y tigrillos, hasta animales de gran porte como el oso de anteojos y la danta de montaña”, asegura Nicolás Reyes, biólogo del Instituto Humboldt.

Luego de analizar detalladamente las altas montañas y la vegetación paramuna, Reyes concluye que los mamíferos son indispensables para que el páramo siga con vida.

“Estos animales se encargan de dispersar las semillas que regeneran la vegetación. Sin estas relaciones ecológicas, el páramo se empobrece y deja de funcionar. Así está sucediendo en varios sitios por la actividad humana, la demanda agropecuaria y la minería”.

Varios campesinos vestidos con ruanas transitan en motos por la trocha paramuna. Al observarlos, Fernando López, un joven ambientalista de 23 años que trabaja como embajador del páramo del Cocuy, hace una reflexión sobre los pobladores humanos de estos territorios.

“Es importante entender la relación que tienen los campesinos con el páramo, generaciones de familias que han vivido en estos lugares desde hace siglos. Ellos merecen seguir viviendo en estos territorios pero a través de actividades productivas amigables con el medio ambiente. No podemos desplazar a las comunidades, sino darles la mano para que mejoren sus actividades”.

En Guantiva-La Rusia habitan cerca de 33.000 campesinos que sobreviven cultivando papa, arveja, haba y frijol. “Lo que necesitan los habitantes de páramo son alternativas como el ecoturismo y temas de reconvención agropecuaria para hacer un mínimo impacto en el ecosistema”, puntualiza López.

Algunos frailejones en Guantiva-Rusia superan los 10 metros de altura / Foto: Nicolás Acevedo

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