Expediciones

Tras las huellas de la osa Pensilvania

Fue liberada hace tres meses en zonas de Guantiva-La Rusia, y se ha desplazado cerca de 70 kilómetros por bosques altoandinos y terrenos intervenidos

Pensilvania fue encontrada hace más de un año en Moniquirá. Se trepó en un árbol de pomarroso para no ser atacada por perros /

En enero del año pasado, una veterinaria de la organización Voces de la Naturaleza se comunicó con la Corporación Autónoma Regional de Boyacá (Corpoboyacá) luego de haber visto un oso de anteojos deambulando por una zona urbana del municipio de Moniquirá.

Claudia Rivera, bióloga de la entidad, quedó perpleja con la llamada porque en este municipio boyacense no había registros de la presencia de Tremarctos ornatus, una especie conocida como el jardinero de los bosques porque esparce las semillas de la vegetación que consume, como puyas y bromelias.

“Pensamos que era una falsa alarma. Sin embargo, el 29 de enero la veterinaria volvió a llamar y nos informó que el animal se había trepado a un árbol para escapar de los ataques de perros. Nos envió varios videos del mamífero y las coordenadas del sitio. Nos dirigimos inmediatamente a atender el caso”.

La zona donde fue encontrado el oso de anteojos estaba bastante intervenida por el hombre y no hacía parte de ningún corredor ecológico por donde transita la especie. Ante esto, los expertos tomaron la decisión de no liberarla en el lugar luego de que bajara del árbol, un pomarroso de 12 metros.

“Era necesario hacer un manejo especial para llevarlo a su hábitat natural: la zona de transición entre el páramo y el bosque altoandino. A través de la Fundación Bioandina contactamos a Orlando Feliciano, uno de los mayores expertos en osos de anteojos, quien acudió de inmediato a nuestro llamado”, recuerda Rivera.

Los expertos pensaban que Pensilvania era un osezno por su pequeño tamaño y bajo peso, menos de 30 kilos / Foto: Claudia Rivera (Corpoboyacá).

Su rescate, en el que participaron diferentes entidades y la comunidad de la zona, duró dos días, ya que el oso estaba bastante oculto la especie de nido que construyó con las ramas del árbol y las barbas de viejo (una especie de musgo).

“Cuando logramos sedarlo, nos dimos cuenta que se trataba de una hembra. Además era adulta, algo que nos sorprendió bastante porque todos pensábamos que era un osezno debido a su pequeño tamaño. Solo pesaba 30 kilos, cuando el peso promedio para un oso adulto de nueve años supera los 60. No pudimos tomarle muestras de sangre por el alto grado de desnutrición y deshidratación en el que se encontraba”.

Su alarmante estado evitó que la osa, bautizada por la comunidad como Pensilvania, fuera liberada de inmediato en el Santuario de Fauna y Flora Guanentá Alto y río Fonce, una zona del páramo Guantiva-La Rusia con alta presencia de osos de anteojos.

“Debido a la desnutrición en la que estaba, Pensilvania no iba a sobrevivir en su hábitat natural. Además, como no pudimos sacarle muestras de sangre, ignorábamos si estaba enferma de algo, una de las posibles causas de que apareciera en un territorio bastante alejado de su zona de tránsito”, afirma la bióloga.

De regreso al bosque

Pensilvania fue trasladada al centro de rehabilitación de la Fundación Bioandina para que recuperara su peso ideal y cogiera fuerzas para sobrevivir por sí misma en el bosque y el páramo. Sin embargo, presentó varios problemas en sus dientes.

“Tenía fracturas en sus colmillos, por lo cual fue sometida a varias intervenciones en sus dientes. Los exámenes de sangre no arrojaron ninguna enfermedad, por lo cual no iba a poner en riesgo a la población silvestre en el momento de su liberación”, asegura Rivera.

Hace más de tres meses, Pensilvania fue liberada en una zona del páramo Guantiva-La Rusia / Foto: Claudia Rivera (Corpoboyacá)

Según Corpoboyacá, antes de llegar al municipio de Moniquirá, la osa de anteojos habitaba en un corredor ecológico que hace parte del páramo Guantiva-La Rusia, por lo cual debía ser liberada en algunas de sus zonas aledañas.

“El área protegida ideal para Pensilvania era el Santuario de Fauna y Flora Guanentá Alto y río Fonce o sus zonas aledañas. Cuando recuperó su peso, y luego de muchos papeleos y trámites, la osa ya estaba lista para ser liberada”, dice la experta.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) dio su aval para el regreso de Pensilvania al bosque. La reserva natural de la sociedad civil Corazón de la Montaña, ubicada cerca del santuario, destinó sus terrenos para realizar la liberación, que inició con su traslado en helicóptero desde Guasca, donde está ubicado el centro de rehabilitación de la Fundación Bioandina.

El 30 de marzo de 2021, luego de más de un año en recuperación, Pensilvania volvió a la libertad, un logro alcanzado por la articulación entre Corpoboyacá, Fundación Bioandina, Fundación Wii, la reserva Corazón de la Montaña, Parques Nacionales Naturales, Fundación Juan de Castellanos y el Instituto Humboldt.

“A Pensilvania le instalamos un collar satelital para hacerle telemetría y saber su ubicación en las zonas del páramo de Guantiva-La Rusia. Harold López, biólogo de Corpoboyacá, es el encargado de estar en las zonas por donde transita la osa de anteojos”, menciona Rivera.

No le gusta el páramo

Uno de los primeros resultados que arrojó el collar instalado en el cuello de Pensilvania, fue que tan solo estuvo dos semanas deambulando cerca del santuario de flora y fauna. “Luego caminó por varios parches de bosque de roble de menos de 200 metros cuadrados”, informó la bióloga.

A los pocos días, la osa encontró un corredor montañoso que la llevó hasta el Parque Natural Regional El Valle, un sitio que hace parte del corredor que comunica a los páramos Guantiva-La Rusia con Iguaque y donde se encuentra actualmente.

En los tres meses que lleva recorriendo la zona, Pensilvania se ha desplazado aproximadamente 70 kilómetros. Sus zonas favoritas son los bosques altoandinos y las áreas intervenidas con cultivos, donde ha estado el 90% del tiempo. Algo curioso es que evita pasar por las tierras paramunas.

“Esto demuestra la importancia de las zonas de bosque para los animales del páramo. El gran mensaje que nos deja Pensilvania es que debemos recuperar estas áreas de conservación con herramientas de manejo del paisaje, cercas vivas y corredores biológicos. Si se sigue ampliando la frontera agrícola, la fauna y el agua estarán bastante amenazadas”, anota Rivera.

Nicolás Reyes, investigador del Instituto Humboldt que asesoró el proceso de Pensilvania, monitorea a diario los registros que marca el collar satelital con GPS. “En los tres meses que lleva recorriendo la zona, la osa nos ha dejado varios aprendizajes como que se acerca bastante a zonas intervenidas sin tener miedo para llegar a los bosques”.

Dos días duraron los expertos tratando de bajar a Pensilvania del árbol de Pomarroso / Foto: Claudia Rivera (Corpoboyacá).

El biólogo del Humboldt define a Pensilvania como una gran andariega. “Aunque no se acerca tanto al páramo, tampoco se aleja mucho de él, algo que demuestra la conexión vital que hay entre los bosques altoandinos y las tierras paramunas. También nos enseñó mucho que es necesario un trabajo mancomunado entre las entidades del Gobierno y las reservas de la sociedad civil”.

Zona biodiversa

Según Reyes, esta osa andina se ha movido por zonas comprendidas entre los municipios de Paipa y Arcabuco, este último en la reserva regional El Valle. “Aunque transita por sitios habitados por el hombre, siempre regresa a las zonas boscosas, donde se alimenta principalmente de bromelias”.

En su recorrido por Guantiva-La Rusia, la Expedición Páramo estuvo en el El Valle, una zona con altas montañas donde el bosque altoandino da certeras muestras de biodiversidad. El camino empedrado que conduce hacia las zonas más altas está rodeado por vegetación nativa, como frailejones de gran porte.

“Pensilvania ha hecho una alta presencia en El Valle, ya que allí encuentra mucha vegetación que le sirve de alimento. Sumado a esto, en toda su área de distribución, las cámaras trampa han captado la presencia de por lo menos siete osos de anteojos, por lo cual es muy posible que llegue a reproducirse”, manifiesta Rivera.

Además de una gran variedad de plantas del bosque altoandino, las áreas más altas de El Valle albergan extensos terrenos repletos de frailejones y lagunas que fueron sagradas para los muiscas, ecosistemas que hoy en día están en un buen estado de conservación.

“Además del oso de anteojos, en Guantiva-La Rusia habitan otras especies emblemáticas como el puma y el venado cola blanca. Entre Duitama y Belén se han registrado algunos cóndores de los Andes, lo que indica que el ecosistema es bastante rico en fauna silvestre”, puntualiza la experta de Corpoboyacá.

Expedición Páramo estuvo en uno de los sectores que recorre Pensilvania, un sitio repleto de bosque altoandino del páramo Guantiva-La Rusia / Foto: Tomás Ortiz.

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