Expediciones

Los defensores de Almorzadero

Cerca de 8.400 campesinos viven en este emporio de agua y vida. Expedición Páramo habló con líderes de la región que defienden el ecosistema

El páramo de Almorzadero tiene un contingente de habitantes que velan por sus cóndores y su vegetación, sus historias son sus escuderos /

Doris Amilde Torres: Guardiana de la vida

Doris Amilde Torres / Foto: Nicolás Acevedo

Desde niña, los padres de Doris Amilde Torres la llevaron a conocer el páramo del Almorzadero, una cadena montañosa de los santanderes que se puede divisar desde el casco urbano del municipio de Cerrito cuando la niebla lo permite.

“Creo que fue a los 10 años cuando mi papá me trajo por primera vez a recorrer las entradas del Almorzadero, un viaje en el que quedé profundamente enamorada de la cantidad de lagunas y ríos que nacen en lo más alto de la montaña”.

En los constantes recorridos durante su niñez y adolescencia, Doris no vio ningún cóndor de los Andes, ave que solo habita en la cordillera de los Andes de Sudamérica. “En la región los llamábamos buitres, pero yo solo los veía en los escudos de Colombia o del municipio”.

En el colegio, esta santandereana empezó a empaparse con la información sobre los recursos naturales de la zona, libros y estudios donde siempre aparecía el cóndor y otras especies como el puma y los emblemáticos frailejones.

“Toda esa naturaleza me llevó a estudiar ingeniería forestal y recorrer cada vez más seguido el páramo. Quería dedicarme a conservar la naturaleza pero siempre con la participación de la comunidad, por eso, mi tesis de grado fue sobre los impactos ambientales que arrojaría la construcción de una vía dentro del Almorzadero”.

En sus años universitarios, Doris conoció el Cabildo Verde del Cerrito, liderado por Lelio Manosalva, quien le contó su lucha contra la minería de carbón en el páramo. “Con él hicimos estudios sobre el impacto de una empresa que estaba explotando en la zona. Demostramos que esta actividad era perjudicial tanto para el ambiente como para las comunidades, y que las regalías para el pueblo eran mínimas”.

Según Doris, la minería a gran escala acabaría con una de las principales fuentes de agua de los santanderes y traería conflictos para los pobladores. “El Cabildo Verde fue una de las organizaciones que lideró la conformación de la comisión de defensa del páramo del Almorzadero, la cual dio como resultado hace 17 años una de las primeras iniciativas normativas populares en el país, un arduo trabajo que logró frenar totalmente la minería en el páramo, a pesar de que habían cerca de 30 títulos”.

Doris estuvo enfocada en blindar el agua del Almorzadero. Sin embargo, también quería trabajar en algún proyecto sobre el cóndor de los Andes, ave que seguía sin conocer con sus propios ojos.

“No fue sino hasta hace 10 años, cuando tenía como 30, que tuve el privilegio de ver sobrevolar un cóndor en una finca dentro del Almorzadero que heredó mi esposo, ubicada en el sector del Mortiño. Con el paso del tiempo empecé a ver más cóndores, algunos bastante cerca. Es un ave grande, elegante y con un collar de peluche blanco en su cuello”.

El incremento en la población del cóndor, derivada de la liberación de aves que estaban en cautiverio en varias zonas del país, causó un problema en la comunidad del páramo, familias campesinas con fincas de 30 hectáreas en promedio dedicadas a cultivar papa y cebolla y crías ovejas y cabras.

“Empezamos a ver una gran cantidad de cóndores, los cuales atacaban a las ovejas más pequeñas porque no tenían más que comer. Esto condujo a que algunos campesinos les dispararan o envenenaran a las aves porque atacaban a los corderos”.

Doris empezó a trabajar con la Fundación Neotropical para mitigar los conflictos entre el humano y el cóndor. “Lo primero fue demostrar que el cóndor sí puede alimentarse de pequeñas ovejas, a pesar de que es una especie carroñera. Luego llegaron la Fundación Jaime Duque y el SENA, con quienes empezamos a construir corrales para que los campesinos no dejaran sueltas a sus ovejas”.

Cerca de 15 familias del páramo formaron la Asociación Campesina Coexistiendo con el Cóndor, liderada por Doris, las cuales reciben apoyos, insumos y asesorías del Jaime Duque para mejorar la producción de ovejas y cabras y así evitar conflictos con el cóndor.

“Todos contamos con apriscos o corrales para las ovejas pequeñas y estamos mejorando la producción sin impactar tanto al páramo. Firmamos acuerdos de conservación para recibir los insumos a cambio de proteger el ecosistema. En las fincas se construyeron plataformas para ponerle carroña al cóndor y así evitar que tenga la necesidad de atacar a las ovejas”.

Estos campesinos del Almorzadero también elaboran viveros de plantas nativas para restaurar las zonas afectadas por las ovejas o cultivos. “Destinamos varias hectáreas en las fincas únicamente para la conservación de la naturaleza. Además, cada dos años realizamos el Festival Nacional del Cóndor, el cual siembra amor por esta ave que no podemos perder”.

Por defender al cóndor y cuidar el páramo, el Jaime Duque les ayuda a los campesinos a mejorar sus viviendas. “Esto ha mejorado la calidad de vida de los campesinos. En Almorzadero estamos demostrando que el campesino sí puede habitar en equilibrio en el páramo y convivir con el cóndor de los Andes”.

Esta santandereana, que cuenta con un museo del cóndor en su casa, también esparce la semilla de la conservación ambiental en los más pequeños. Su ahijada, Erika Xiomara Peña, una niña de ocho años, es una de sus pupilas.

“Nuestro páramo es el hogar perfecto para el cóndor, un sitio que le da de comer y donde puede volar en paz. Lo conocí por primera vez a los tres años y desde ahí acompaño a mis papás a dejarle carroña en el páramo. Debemos cuidar a esta bella ave que hace parte de toda la comunidad del Cerrito”.

Freddy Villamizar: Un bombero con corazón ambiental

Freddy Villamizar / Foto: Nicolás Acevedo

Freddy Villamizar nació hace 44 años en el Cerrito, pueblo conocido como la cuna de las ovejas en Colombia. Cuando estaba en la escuela, sus profesores le presentaron imágenes del cóndor de los Andes, pero el ave jamás apareció en los constantes recorridos que hacía con sus amigos por el páramo del Almorzadero.

“En esa época ninguno de los habitantes del pueblo había visto al cóndor por las tierras paramunas. Solo sabíamos que en el pasado sobrevolaba con frecuencia por lo más alto de la zona, por lo cual aparece en el escudo del municipio”.

En 2002, cuando organizó una salida al páramo con varios de sus amigos, Freddy vio por primera vez al ave emblemática del pueblo. “Lo vimos sobrevolando por el sector del Mortiño, un avistamiento que me llenó de orgullo patrio por contar con esta ave en el municipio. Recuerdo que el corazón me latía a toda marcha cuando lo ví a lo lejos”.

Un año después, este santandereano empezó a trabajar en el Cuerpo de Bomberos del Cerrito, un trabajo que le ha permitido proteger el agua y la vegetación que resguarda el páramo, al igual que los más de 20 cóndores que sobrevuelan por las montañas del Almorzadero.

“Entre los objetivos que tenemos como organismo de socorro está la conservación y preservación del medio ambiente, entre ellos la del cóndor andino. Sin embargo, desde que entré a los bomberos, empezaron a registrarse tragedias con esta emblemática ave debido al envenenamiento por parte de algunos campesinos”.

Desde 2004, en Cerrito se han presentado 10 cóndores envenenados, casos que son atendidos de forma inmediata por Freddy con ayuda de varias entidades y organizaciones. “De este total, solo dos cóndores lograron sobrevivir gracias a la oportuna reacción de los campesinos y a la articulación de las entidades”.

Además de estar pendiente las 24 horas del día de los posibles ataques a los cóndores, este santandereano recorre la zona rural del municipio para concientizar a los campesinos sobre la importancia de cuidar los recursos naturales.

“Monitoreamos la zona y hablamos con la gente para que no ataquen a ninguna de las especies silvestres que pueden alimentarse del ganado, como es el caso del cóndor y el puma. Les recalcamos que la mayoría de muertes de las ovejas y cabras del páramo viene de los perros ferales”.

Freddy se define como un ambientalista que nunca se cansará de proteger los tesoros de la biodiversidad que resguarda el Almorzadero. “Amo al cóndor y espero que continúe sobrevolando nuestro páramo. Estamos trabajando con varias entidades como el Parque Jaime Duque para evitar que perdamos esta maravilla”, puntualiza el comandante de Bomberos de Cerrito. 

Carlos Suárez: Sanador de la fauna

Carlos Suárez / Foto: Nicolás Acevedo

Hace siete años, la vida de Carlos Suárez Grimaldos dio un giro trascendental. El Cuerpo de Bomberos de Cerrito lo llamó para que les ayudara con un cóndor de los Andes que había sido envenenado en el páramo del Almorzadero, un llamado al que acudió de forma inmediata.

“La vida del cóndor prendía de un hilo. Estaba muy grave por la carroña envenenada que comió en el páramo, por lo cual me lo llevé para mi casa a donde tengo un estilo de centro de recepción de fauna. Como soy zootecnista, muchas personas me llaman para que les ayude con los animales silvestres heridos”, dice este santandereano de 37 años.

Este cóndor fue encontrado amarrado con una cabuya en una zona alta del páramo, posiblemente porque había atacado a algunas ovejas. “En mi casa estuvo cerca de 10 días, tiempo en el que se recuperó, abrió sus alas y yo me enamoré de toda su majestuosidad”.

Esta fue la primera vez que pudo ver y tocar un cóndor andino, un ave que cuando extiende sus alas negras alcanza a medir hasta 142 centímetros de longitud y la cual está en peligro crítico de extinción en Colombia.

“En mi infancia y adolescencia en el municipio de Málaga, ubicado a 15 minutos de Cerrito, nunca ví a una de estos emblemáticos animales. Siempre he sentido un gran amor por las aves, por lo cual, cuando pude salvarle la vida a uno de ellos, fue un orgullo enorme. Desde esa época estoy dedicado de lleno a la conservación de la especie”.

Al poco tiempo, Carlos empezó a trabajar con la Fundación Neotropical, dedicada a la conservación del cóndor de los Andes en Colombia. “Con ayuda de la comunidad, les ayudé a crear las rutas para ir a ver los cóndores del Almorzadero, ya que en 2014 la fundación solo tenía reportes de dos individuos. Hoy en día, llevamos más de 28”.

En el sector de Cruz de Piedra, el zootecnista contó por lo menos ocho cóndores sobrevolando, un hallazgo que jamás olvidará. “Se me salieron las lágrimas de la emoción. En 2017 llegó la Fundación Parque Jaime Duque a trabajar con los cóndores en la zona y me llamaron para que me encargara del tema de monitoreo”.

En los últimos cuatro años, Carlos se ha encargado de instalar varias cámaras trampa en ciertas zonas del Almorzadero para registrar los cóndores. Además, un día a la semana, sube al páramo para ponerles carroña en algunas de las tres plataformas de cinco metros de altura que instaló el Jaime Duque.

“Estas plataformas están instaladas en los sectores de Vilches, Mortiño y Tierra Negra, donde hemos registrado la mayor cantidad de cóndores. Allí ponemos cámaras trampa para ver si son machos, hembras, juveniles o adultos. Las águilas de páramo y crestadas también comen de la carroña que les damos en estos sitios”.

En una expedición por el páramo a comienzos de febrero de este año, Carlos pudo observar cerca de 18 cóndores en las zonas rocosas, la mayor cantidad registrada en un solo día. “Los santanderes debemos sentirnos orgullosos de albergar la cuna de los cóndores. Ninguna otra parte del país cuenta con tal cantidad de cóndores en su hábitat natural, más de 28”.

Carlos también conversa con los campesinos del páramo para que no los envevenen. “Les digo que cuando las ovejas estén a punto de parir, no las dejen salir de los corrales, ya que los cóndores huelen las placentas cuando dan a luz y pueden bajar a matar a las crías. La educación ambiental es clave para salvar a la especie”.

En las cámaras trampa también ha aparecido el puma, otro de los animales que recibe ataques de los campesinos por alimentarse del ganado. “El cóndor y el puma son especies emblemáticas de los páramos. Por eso trabajamos con las comunidades para mitigar el conflicto”, dice el zootecnista del Jaime Duque.

Ana Carmenza Calderón: Lana de páramo

Ana Carmenza Calderón / Foto: Nicolás Acevedo

A los siete años, Ana Carmenza Calderón aprendió a hilar y tejer con la lana de las ovejas que habitan el páramo del Almorzadero, una práctica ancestral que heredó de su madre y abuela y la cual le ha permitido sacar adelante a sus dos hijos.

“Toda la lana que utilizamos las mujeres para elaborar nuestras artesanías, ruanas, sacos y guantes viene de las ovejas que habitan nuestro páramo, un ecosistema del que dependemos tanto para tener agua como para producir”.

En su casa, ubicada en el municipio de Cerrito, Ana Carmenza tiene su taller “Tejiendo sueños”, donde tiene su telar y exhibe los productos que elabora con más de 20 mujeres de la región.

“Yo le compro la lana a algunas de las familias que participan en el proyecto del Parque Jaime Duque que conserva el cóndor de los Andes en el páramo, por lo cual he aprendido que sí es posible tener ovejas y a su vez cuidar a esta ave tan bonita que embellece nuestro territorio”.

Por ejemplo, Ana Carmenza aprendió que las ovejas que están a punto de parir o amamantando a sus crías, deben permanecer en corrales que tengan techo. “De esta forma, el cóndor no va a bajar a comérselas. Además, los campesinos les ponen carroña a los cóndores en varias plataformas para que tengan qué comer”.

Para esta santandereana, si sacan a las ovejas y los campesinos del páramo, la región quedaría en la ruina. “La gran mayoría de las mujeres campesinas vivimos de la lana y hemos sacado a nuestros hijos adelante. Es nuestro principal medio de sobrevivencia”.

Esta mujer conversadora y de sonrisa contagiosa se demora en promedio dos meses para hacer una sola ruana, proceso en el que utiliza algunas especies del páramo como los cardos. Para darle color a sus prendas, las tiñe con resinas naturales de árboles como el cedro.

“Para mí el páramo es vida y sobrevivencia para la gente que depende de él. Hay que proteger tanto sus recursos naturales como el cóndor y las lagunas, como los animales domésticos que nos permiten elaborar productos. Yo le debo todo al Almorzadero”.

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