El día en que Ycuá Bolaños se convirtió en el infierno
Era domingo, decenas de familias hacían compras, cuando de repente las llamas se llevaron casi 400 vidas.

El día en que Ycuá Bolaños se convirtió en el infierno
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Por Luis Enrique Rodríguez, enviadoYcuá Bolaños es un nombre maldito para los paraguayos, o por lo menos para las familias de las casi 400 personas que el 1 de agosto de 2004, pasadas las once de la mañana, vieron como se convertía un domingo de compras en la jornada más terrible de su existencia
Era un domingo algo frío, se celebraba en Paraguay el día de los amigos y el supermercado Ycuá Bolaños, en un céntrico sector de Asunción, estaba repleto de compradores, cerca de 2.000 personas según recuerdan hoy algunos de quienes alcanzaron a escapar de ese infierno
"El supermercado estaba lleno, especialmente por jóvenes que compraban detalles para sus parejas o para sus amigos. Pasadas las nueve de la mañana comenzaron las llamas en la parte alta de la edificación, en el cielo raso, pero los mismos empleados las controlaron y dejaron así la situación. Un par de horas después revivieron las llamas, se intensificaron", aseguró don Anselmo Vallejo, un hombre de tez oscura, estatura media y rostro ajado por la angustia de ver frecuentemente a las familias de las víctimas que van al lugar, colocan ofrendas a sus muertos, lloran, se van y regresan a los pocos días para sufrir el mismo calvario. Don Anselmo es un voluntario que durante el día vigila lo que hoy queda de ese tenebroso lugar y que las familias convirtieron en santuario. Allí hay muchos elementos del supermercado destruidos por las llamas que alcanzaron los 1.000 grados centígrados, según afirman documentos de la época, los cuales señalan que el fuego se inició en una cocina del supermercado. También se observan tumbas simbólicas en las que aparecen los retratos de cada una de las víctimas, a quienes sus familias les llevan velas, flores y les rezan. Al entrar al lugar sentimos un viento helado, mientras que una extraña energía nos impacta
Nunca se sabrá cuántos murieron realmente. Se dice que fueron 395, pero aparte hay 92 fragmentos de otras personas. No se logró un número real de desaparecidos, pues muchos cadáveres se consumieron totalmente en las llamas
En su relato, este hombre añade que los encargados del almacen, "entre ellos una señora Amanda, se preocuparon por rescatar el dinero de las cajas y no quisieron activar ninguna alarma"
Ya con voz entrecortada y claramente enfurecido por lo que pasó hace casi once años, don Anselmo le contó a Caracol Radio que cuando los clientes se dieron cuenta del incendio ya era muy tarde
Las llamas se tomaron la edificación y se armó una estampida para tratar de escapar de ella. Inexplicablemente las puertas se cerraron. Algunas familiares aseguran que los celadores, tal vez por orden de la administración, bloquearon las salidas para evitar que los clientes se fueran sin pagar
Pero don Anselmo recuerda otra versión de los investigadores según la cual quienes estaban adentro empujaron desesperados y en medio de la angustia las puertas se les cerraron. Como esas puertas sólo abrían hacia adentro, la presión de la gente enloquecida por lo que estaba sucediendo impidió que se restableciera el paso. "Entonces se determinó que solo había dos salidas y estaban mal diseñadas, pues en un lugar de estos las puertas deben abrir hacia afuera para evacuar más facilmente. Además, no había otras puertas de emergencia", recuerda
A mis hijos me los devolvieron por pedazosCaracol Radio visitó las ruinas de lo que era el supermercado Ycuá Bolanos y que los familiares convirtieron en el que llaman "Santuario 400 mártines". Allí encontramos a Miguel Samudio, un hombre que perdió a tres de sus hijos, Elizabeth, Jerónimo y Roberto
"Ha sido la peor desgracia de mi vida, recibí a mis hijos por pedazos", relató este hombre, quien una década después mantiene en su ser la angustia del momento y con voz entrecortada nos dice: "Cada vez que vengo acá, vuelvo y sufro"
E insistió: "a mi familia la encontré por pedazos, por el ADN". En efecto, esas pruebas científicas fueron el único camino para que don Miguel y muchos otros familiares pudieran obtener los restos de sus seres queridos
Asegura que no puede estar en paz, no solamente por haber perdido a tres hijos, sino porque luego de la tragedia "no ha habido justicia". Y es que el principal condenado como responsable de esa tragedia, Juan Pio Paiva, exaccionistas del local, quedó en libertad tras permanecer 8 años en la cárcel y cumplir dos terceras partes de la pena, de 12 años de prisión
Para las familias de las víctimas esa condena fue irrisoria y no entienden por qué no hubo una indemnización. "Estamos luchando por justicia, pero no llega. Nuestra familia todavía sufre", precisó
En sentido similar se pronunció Francisca Alonso viuda de Jiménez, quien perdió a cinco familiares y que coincide en que a los dueños del almacén no los obligaron a responder económicamente por las víctimas
"No hubo indemnización. Nosotros hicimos un proyecto de ley a través del cual se logró con los contribuyentes una ayuda, pero los responsables nunca dieron nada", enfatizó
Recordó que desde el año pasado la justicia ha intentado cerrar el caso. "Nos esquivan, nos dan vueltas, pero nada. Los abogados se cansaron y se retiraron, ahora nos toca a nosotros solos seguir la lucha", abundó la señora Francisca, una mujer de cabello claro que mantiene en su rostro la expresión de dolor por la pérdida de su hija y de sus tres nietos, entre ellos "uno que era futbolista y comenzaba a ser grande, tenía mucho futuro"
Afirma que las autoridades ayudaron a los dueños del local. "Mientras enterrábamos a nuestros familiares, ellos organizaron todo para salvar responsabilidades", sostuvo
El taxista que llevó un fantasmaEste infierno del Ycuá Bolaños ha generado todo tipo de historias, como la que relató Tadeo Molina, un conductor de servicio público, quien nos contó en Caracol Radio que a los cinco días de la tragedia un taxista parqueó su vehículo en una esquina frente al supermercado
"De repente apareció una joven y pidió que la llevara. Él hizo la carrera y tomó el camino que la mujer le indicó. Tras avanzar algunas cuadras y doblar hacia el destino requerido, volteó a mirar y la mujer había desaparecido. El taxi no había parado; fue algo muy extraño. De seguro que estaba llevando a un fantasma", concluyó Tadeo.




