Calcuta rinde homenaje a la Madre Teresa diez años después de su muerte
Diez años después de la muerte de la Madre Teresa, la ciudad de Calcuta recordó hoy con homenajes y oraciones a la fundadora de la congregación de las Misioneras de la Caridad.
Diez años después de la muerte de la Madre Teresa, la ciudad de Calcuta recordó hoy con homenajes y oraciones a la fundadora de la congregación de las Misioneras de la Caridad. Cientos de personas, entre ellas numerosos representantes de las clases más desfavorecidas, se reunieron a primera hora de hoy en la sede de las Misioneras de la Caridad para rezar por la monja que dedicó su vida a los desheredados. Las plegarias estuvieron precedidas por una procesión de fieles y voluntarios que, con velas, recorrieron algunas de las zonas más pobres de la ciudad hasta llegar a la "Mother House" (Casa Madre), como se conoce al centro de la congregación. Allí se celebró una misa en la que el arzobispo de Calcuta, Henry D'souza, hizo un llamamiento para que la canonización de la religiosa sea lo antes posible. "Vivió como una santa", subrayó el arzobispo, que destacó la vida de entrega a los más pobres de la misionera de origen albanés, proclamada beata por el papa Juan Pablo II en 2003 en uno de los procesos más rápidos de la historia moderna de la Iglesia. El Vaticano reconoció como un "milagro" la curación de un tumor en el abdomen de una mujer india, Mónica Besra, tras colocarse un relicario con la fotografía de la monja. Desde primera hora de la mañana, ante la sencilla tumba de la Madre Teresa, situada en la planta baja de la "Mother House" y decorada con flores, hubo un desfile interminable de voluntarios, fieles y pobres, además de algunos visitantes y turistas que quisieron rendir homenaje a la monja. Una de las religiosas de la Congregación destacó a Efe la labor de la Madre Teresa y subrayó que su recuerdo pervive en todos los rincones: "Es la fundadora de este lugar, es nuestra madre", aseguró. Teresa de Calcuta, de origen albanés, falleció el 5 de septiembre de 1997 en su habitación de la sede de las Misioneras de la Caridad, que fundó en 1950 tras una experiencia mística. Lo que en un principio era una pequeña congregación que ayudaba a los más pobres de Calcuta se ha convertido hoy en una red que cuenta con unas 4.500 religiosas que trabajan en más de 130 países, donde tienen 710 casas dedicadas a asistir a los pobres entre los pobres. "No hemos instalado en catorce nuevos países en la última década y hemos llevado nuestra presencia a 134 naciones", dijo hoy la sustituta en el cargo de Teresa de Calcuta, la hermana Nirmala, en declaraciones a la agencia india IANS. El legado de la misionera sigue latente en las zonas pobres de Calcuta, donde muchos recuerdan con admiración su infatigable labor. "Cuando la conocí era alcohólico y vagabundo. Tenía hambre y estaba enfermo. Estaba sentado en una calle cuando vino la Madre (Teresa) y me llevó a Nirmal Hriday (una de las casas de acogida). Allí volví a la vida", relata John Mendez, uno de los pobres ayudados por la misionera, al diario de Calcuta "The Telegraph". Según Mendez, desde la muerte de la monja "la ciudad de Calcuta se ha vuelto más compasiva que antes, pero todavía debe recorrer un largo camino para que el sueño de la Madre (Teresa) se haga realidad". Las celebraciones por el aniversario de su muerte han estado precedidas por la polémica suscitada por la publicación de un nuevo libro sobre su vida que divulga varias de sus cartas que muestran que pasó la mayor parte de sus últimos 50 años de vida en medio de una profunda crisis espiritual.PerfilLa Madre Teresa murió, a los 87 años, el 5 de septiembre de 1997 en Calcuta, la ciudad india donde medio siglo antes comenzó a expandir universalmente, hoy sabemos que en medio de intensas dudas de fe, su compromiso radical con los más necesitados. La labor asistencial de las Misioneras de la Caridad, la congregación que fundó tras una experiencia mística, convirtió a esta monja menuda en el símbolo por excelencia de la solidaridad en el siglo XX. El Premio Nobel de la Paz, otorgado en 1979, la consagró internacionalmente y le abrió más puertas para expandir su mensaje por encima de credos e ideologías. Su proceso de beatificación, iniciado excepcionalmente a sólo dos años de su muerte, por iniciativa de Juan Pablo II, culminó en 2003 con una ceremonia en la plaza de San Pedro en la que al Papa, uno de sus más encendidos admiradores, se le quebró la voz por primera vez en su pontificado y fue incapaz de leer la homilía. La Madre Teresa nació como Inés Gonxha Bojaxhiu el 20 de agosto de 1910, en Skopje, capital de la actual república de Macedonia, que por entonces pertenecía a la vecina Albania. Hija de un rico empresario de la construcción, profesó como religiosa en 1928 en las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto, en la casa madre de Rathfarnham (Irlanda). Un año después marchó a Darjeeling porque quería ejercer como misionera en la India. Desde 1929 a 1937 realizó el noviciado en la comunidad de Loreto, de Calcuta, y el 24 de mayo de ese último año hizo los votos perpetuos convirtiéndose en "esposa de Jesús para toda la eternidad". Teresa adoptó ese nombre en honor de Santa Teresita de Lisieux. El 10 de septiembre de 1946, cuando viajaba en tren desde Calcuta a Darjeeling tuvo la inspiración divina que le llevó a fundar la congregación de las Misioneras de la Caridad. Según se cuenta en un libro, la Madre Teresa vio la cara de Jesús y decidió entregarse totalmente a Cristo ya que en ese rostro encontró reflejados a los desheredados del mundo. En 1948 inauguró una escuela para niños necesitados y ese mismo año se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul, el hábito de su congregación. Además de los tres votos clásicos (pobreza, castidad y obediencia), Teresa exigía a las religiosas de su orden entregarse de por vida y exclusivamente a los más pobres, sin recompensa material alguna. En 1957 fundó un centro de acogida para leprosos y en 1965, una vez que Pablo VI otorgó a la congregación la aprobación pontificia, fundó las primeras casas fuera de la India, en Caracas y Barquisimeto (Venezuela). En 1979 le concedieron el Nobel de la Paz por su labor caritativa en favor de los indigentes del mundo. En la ceremonia de entrega, en Oslo, renunció al banquete y donó todo el dinero del galardón a los pobres. Defensora ardiente de la vida, condenó el aborto y viajó por todo el mundo para concienciar a las gentes contra esa práctica. En 1987 Juan Pablo II bendijo la primera piedra de la casa que abrió dentro del Vaticano para acoger a vagabundos de Roma. La salud de Teresa, que llevaba un marcapasos desde 1983, comienza a resentirse en 1989 y, desde entonces y hasta su muerte, estuvo ingresada en numerosas ocasiones en diferentes hospitales. En 1996 publicó el libro "Camino de sencillez", en el que recoge la doctrina religiosa que impulsó su vida de dedicación a los demás. En "Mother Teresa: Come Be My Light", que se publica este mes de septiembre, la correspondencia personal de la monja revela la "noche oscura del alma" en que vivió casi toda su vida y que, a juicio de muchos de sus seguidores, la hace todavía más humana. Su salud empeora tras contraer la malaria y, tras varias recaídas, el 5 de septiembre de 1997 fallece de un paro cardíaco en su casa de las Misioneras en Calcuta. Fue enterrada en la capilla de la sede de su congregación el 10 de septiembre. En entierro fue un acontecimiento nacional en India, donde millones de desheredados acompañaron al cadáver por las calles de Calcuta y al funeral acudieron personalidades de todo el mundo, entre ellas la reina Sofía de España. "De sangre soy albanesa; de ciudadanía, india; por fe, soy católica; por vocación, pertenezco al mundo, y por corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús", afirmaba Teresa. Su congregación, dirigida ahora por la hermana Nirmala, cuenta con 4.500 religiosas de más de ochenta nacionalidades, distribuidas en 133 países, donde tienen 710 casas. También hay hermanos misioneros de la caridad, padres misioneros, misioneros laicos, colaboradores y voluntarios. La monja, "infatigable benefactora de la humanidad", como la definió Juan Pablo II, fue proclamada beata en Roma tras comprobarse canónicamente su primer milagro: la curación de una mujer india de religión animista, Mónica Bersa, de 34 años, que padecía un tumor en el abdomen. A la mujer, devota de Teresa, le colocaron en la zona enferma una medalla que había pertenecido a la monja, el 5 de septiembre de 1998, un año exacto después de su muerte, y su saluda mejoró a partir de ese momento. La Iglesia tiene abierto expediente de canonización.




