WWF alerta por pérdida del 95 % de fauna silvestre en América Latina: ¿qué está en riesgo?
El Informe Planeta Vivo advierte sobre la pérdida de biodiversidad y pide transformar los sistemas productivos y financieros que presionan la naturaleza.
Screenshot
Ambiente
El Informe Planeta Vivo 2026 advierte sobre el deterioro de la biodiversidad y señala la transformación de los sistemas alimentario, energético y financiero como una de las claves para frenar la pérdida de naturaleza. Carlos Mauricio Herrera, director de Conservación y Gobernanza de WWF Colombia, explicó a Caracol Radio cómo esta crisis amenaza también el agua, la alimentación y el desarrollo de las comunidades.
La disminución de las poblaciones de fauna silvestre es una señal de alarma sobre el estado de los ecosistemas y los recursos naturales de los que depende la vida humana. El Informe Planeta Vivo 2026, presentado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), encontró que el tamaño promedio de las poblaciones monitoreadas de vertebrados cayó un 73 % a escala global entre 1970 y 2022. En América Latina y el Caribe, la reducción alcanza el 95 %, la más pronunciada entre las regiones analizadas.
Las cifras no significan que haya desaparecido el 73 % de todos los animales del planeta. El indicador mide cómo ha cambiado el tamaño de las poblaciones estudiadas a lo largo del tiempo y permite identificar la magnitud del deterioro de la vida silvestre.
En diálogo con Caracol Radio, Carlos Mauricio Herrera, director de Conservación y Gobernanza de WWF Colombia, explicó que estos resultados reflejan una crisis que va más allá de la pérdida de especies. La degradación de la naturaleza también compromete los beneficios que los ecosistemas proporcionan, desde el abastecimiento de agua y alimentos hasta la capacidad de los territorios para adaptarse al cambio climático.
“Estamos teniendo un declive importante en las poblaciones de vertebrados, en las poblaciones de vida silvestre que están en nuestro ambiente”, advirtió Herrera. Pues para el director, el informe es un llamado a tomar decisiones con mayor rapidez para detener esta tendencia.
¿Qué está provocando la pérdida de biodiversidad?
La investigación identifica la pérdida y degradación de los hábitats como la amenaza reportada con mayor frecuencia. También señala la sobreexplotación de especies, el cambio climático, la contaminación, las especies invasoras y las enfermedades.
El impacto varía según el ecosistema. Las poblaciones monitoreadas en ambientes de agua dulce registraron la mayor disminución, con un 85 %. En los ecosistemas terrestres, la caída fue del 69 %, mientras que en los marinos llegó al 59 %.
Herrera justamente explicó que el cambio climático agrava esta situación porque acelera la pérdida de biodiversidad y puede favorecer el desplazamiento de agentes transmisores de enfermedades entre diferentes poblaciones. Por eso, considera necesario abordar estas amenazas de manera conjunta y no limitar las acciones de conservación a la protección de determinadas especies.
Los sectores que deben cambiar
Una de las principales recomendaciones de WWF es transformar los sistemas alimentario, energético y financiero, que contribuyen de distintas maneras a la degradación de la naturaleza.
La producción de alimentos puede impulsar la transformación de ecosistemas naturales; el sector energético está relacionado con las emisiones que alimentan el cambio climático, y las decisiones financieras pueden respaldar actividades que deterioran los hábitats cuando sus impactos ambientales no se evalúan adecuadamente.
Sobre este último punto, Herrera advirtió que algunas inversiones destinadas a desarrollar la agricultura, la industria o expandir actividades económicas no siempre consideran sus consecuencias sobre los ecosistemas.
“Se hacen inversiones en algunos casos que son bien intencionadas para desarrollar el agro, para desarrollar la industria, para desarrollar la expansión de diferentes sectores económicos, pero no se está evaluando cuál es la incidencia sobre la naturaleza”, señaló.
En ese sentido, WWF plantea revisar los mecanismos financieros que pueden incentivar la deforestación y la pérdida de biodiversidad, además de dirigir más recursos hacia la conservación. Esto implica proteger las especies, pero también mantener ecosistemas sanos que ayuden a cuidar el agua, permitan desarrollar actividades de bioeconomía y fortalezcan la adaptación al cambio climático.
¿Cómo afecta esta crisis a las personas?
La pérdida de biodiversidad puede tener consecuencias directas sobre la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua y las posibilidades de desarrollo de los territorios. Cuando los ecosistemas se deterioran, también se reducen los beneficios que proporcionan y aumenta la incertidumbre sobre su comportamiento futuro.
“Cada vez que nosotros perdemos una especie, estamos perdiendo primero la posibilidad de contar con una serie de servicios ecosistémicos”, explicó Herrera.
El director de WWF Colombia agregó además que el deterioro de la naturaleza dificulta anticipar cómo responderán los sistemas naturales y qué decisiones serán necesarias para adaptarse a los cambios. Esto representa un desafío para las comunidades que dependen de sus recursos naturales y necesitan conservarlos para sostener sus actividades cotidianas.
¿Todavía es posible revertir esta tendencia?
Aunque el panorama no es facil para este punto, el informe también recoge casos de recuperación que demuestran que las acciones de conservación pueden dar resultados. Entre ellos están las poblaciones de tortugas verdes, atunes rojos, tigres y elefantes del África austral.
En Colombia, WWF destaca iniciativas de restauración de manglares en el Pacífico y el Caribe, así como la presencia del oso andino en las cordilleras y de jaguares en Caquetá como ejemplos de esfuerzos de conservación.
Para Herrera, estas experiencias ofrecen aprendizajes que pueden orientar nuevas acciones. Sin embargo, insistió en que la responsabilidad no recae únicamente en las autoridades ambientales: también involucra a los gobiernos, las empresas, el sector financiero y los ciudadanos.
En el día a día, explicó, una forma de contribuir es revisar los hábitos de consumo, conocer el origen de los alimentos y entender cómo los productos que compramos pueden relacionarse con la degradación de la naturaleza. También pidió que la ciudadanía haga visibles estas preocupaciones ante quienes toman decisiones.
“Nosotros tenemos que saber cuáles son las afectaciones que recibimos por pérdida de la naturaleza y hacérselo saber a los políticos, a los administradores, a los tomadores de decisiones”, afirmó.
Se plantea entonces, que todavía existen oportunidades para frenar la pérdida de biodiversidad, pero aprovecharlas requiere cambios en las actividades económicas que presionan los ecosistemas y decisiones que conviertan las advertencias científicas en acciones concretas.
Como concluyó Herrera, el desafío es actuar sin más demoras: “Tenemos muchas cosas que hacer y tenemos que hacerlas rápido”.

Alisson Torres Herrera
Comunicadora Social - Periodista Audiovisual egresada de la Universidad Externado de Colombia, con experiencia...




