Colombia busca superar la fase extractiva para liderar el diseño y la comercialización de esmeraldas
El país se consolida actualmente, así como uno de los principales referentes mundiales de esta gema, pues de acuerdo con cifras de Fedesmeraldas y ProColombia, concentra cerca del 55% del mercado global y aproximadamente el 70% de las reservas internacionales.
Esmeraldas (Getty Images) / La esmeralda más grande del mundo (Guinness World Records)
La gema viene ganando protagonismo en las colecciones de algunas de las casas de alta joyería más reconocidas del mundo, como Bulgari, Cartier, Chopard, Lorraine Schwartz y Jacob & Co, entre otras. Su atractivo incluso viene siendo parte de la vestimenta de grandes celebridades.
Uno de los ejemplos más recientes y conocidos fue el cantante Maluma, quien durante la gala del Met en 2025 lució un reloj valorado en US$5 millones, compuesto por 714 esmeraldas naturales colombianas que sumaban cerca de 148 quilates, acompañado por aretes, un prendedor y una sortija elaborados con la misma gema.
Aunque esta piedra preciosa goza de popularidad, actualmente en el mercado internacional, el valor de una esmeralda ya no depende únicamente del tamaño de su cristal.
Como explica María Inés Hincapié, gerente ejecutiva de Aria Gems, el color continúa siendo uno de los criterios determinantes para establecer su valor, mientras que factores como la transparencia, las inclusiones, el origen y la calidad del corte también influyen en la valoración final.
“En ese sentido, las esmeraldas extraídas en Colombia son destacadas en el mundo porque suelen caracterizarse por tonalidades verdes intensas y saturadas, con una distribución equilibrada del color y, en algunos casos, matices ligeramente azulados”, señala Hincapié.
A esto se suma una de las características más particulares de estas piedras y son sus inclusiones naturales, conocidas en el mundo de la gemología como jardín o “jardín”. Lejos de representar necesariamente un defecto, estas estructuras internas hacen parte de la identidad de cada piedra y pueden incluso aportar información sobre su origen.
Por ahora, el anillo sigue siendo el principal protagonista destinado para el uso de estas piedras. La tradicional talla esmeralda (con su geometría rectangular y escalonada) es especialmente valorada porque combina estética y funcionalidad técnica: su estructura realza el color y la profundidad visual de la misma, al tiempo que mitiga los riesgos derivados de su fragilidad natural.
Para la gerente ejecutiva de Aria Gems, la personalización dinamiza este mercado: “Hay una búsqueda creciente de piezas con identidad. La esmeralda permite desarrollar desde propuestas clásicas hasta alta joyería a la medida”.
Esta versatilidad también se extiende a otras piezas clave de la alta joyería como aretes cuidadosamente seleccionados para mantener la simetría en color y proporciones; collares y gargantillas en los que una gema central asume el protagonismo o se combina con diamantes; y pulseras y brazaletes que completan el portafolio de alta gama y requieren una rigurosa curaduría para garantizar la armonía visual del engaste.
Para la industria no se trata únicamente de que la esmeralda salga del país como una de las piedras preciosas más reconocidas del mundo, sino de que Colombia consiga capturar una mayor parte del valor que se genera alrededor de ella. El desafío, por lo tanto, más allá de la extracción está enfocado hacia la transformación y el diseño de la pieza final.