Sincelejo

Entre memoria, tradición y lucha diaria: así vive el pueblo gitano en Sampués

En el Día Internacional del Pueblo Gitano, la comunidad asentada desde hace casi 60 años en Sampués no solo recuerda a sus muertos, también reafirma su cultura en medio del trabajo diario y la búsqueda de respeto.

Sincelejo

Hay fechas que para algunos pasan desapercibidas, pero para otros lo significan todo. El 8 de abril es una de ellas para el pueblo gitano en Sampués.

Este día no es solo una conmemoración. Es el momento en que la comunidad se reúne, hace memoria y también se encuentra consigo misma. Recuerdan a quienes murieron durante el holocausto nazi, pero no desde el silencio, sino desde la vida: compartiendo, hablando, cocinando.

Gerardo Mendoza, representante de esta comunidad, lo cuenta con sencillez. Para ellos, el día es importante porque no olvidan a los suyos, pero también porque es una oportunidad para estar juntos. Y así lo hacen: entre comidas tradicionales, música, baile y familia.

No es casualidad que todo gire alrededor del hogar. En Sampués llevan casi seis décadas. Ya no son visitantes, son parte del municipio. Han construido sus casas, han levantado familias y han visto crecer generaciones enteras. Aunque todavía hay metas por cumplir, como completar algunas viviendas, sienten que han logrado echar raíces.

La vida, sin embargo, no es fácil. Aquí no hay horarios fijos ni empleos formales. El trabajo es diario, constante. Salen a vender lo que producen, a rebuscarse el sustento. De eso depende todo: la comida, el estudio de los hijos, el día siguiente.

Y en medio de esa rutina también hay identidad. Mantienen sus costumbres, su forma de organizarse, su propia ley para resolver conflictos sin necesidad de acudir a autoridades externas. Es una manera de sostener lo que son, incluso en un entorno distinto.

Hablan romaní entre ellos, su lengua. Y aunque hoy hay más cercanía con la comunidad, todavía aparecen momentos incómodos. A veces hay burlas, miradas, comentarios. Ya no es como antes, dicen, pero pasa. Ellos lo toman con calma. No se detienen en eso.

Con el tiempo, también han cambiado algunas cosas. Los jóvenes están estudiando, algunos ya son profesionales. Es una nueva realidad que convive con las tradiciones sin borrarlas.

Eso sí, sienten que falta más apoyo. Desde el nivel nacional y departamental, aseguran que hay abandono. Dicen sentirse solos en varios procesos. En contraste, reconocen que en el municipio han encontrado un trato más cercano.

Aun así, no se quedan en la queja. Prefieren hablar de lo que han construido. Porque en Sampués no solo viven: han hecho vida.

Y cuando se habla del futuro, la respuesta es clara. El pueblo gitano no va a desaparecer. Puede transformarse, adaptarse, cambiar… pero seguirá existiendo.

Aquí, en medio de la cotidianidad, lo siguen demostrando. Entre recuerdos, trabajo, familia… y el firme propósito de que su cultura no se pierda.

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