Memoria que permanece, legado que guía
Veintidós nombres que el tiempo no borra y que hoy siguen guiando el camino del servicio
Memoria que permanece, legado que guía
Por: Emilio Gutiérrez Yance
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Hoy, 17 de enero, Colombia hizo una pausa.
No fue un alto impuesto por el ruido del día, sino una detención íntima, casi espiritual. El país contuvo el aliento y, por un instante, el tiempo pareció caminar más despacio. No fue un silencio vacío; fue memoria.
Una memoria que se elevó en una eucaristía marcada por miradas bajas y manos entrelazadas; que se encendió en la llama temblorosa de una vela que, en Cartagena, se negó a apagarse; que a pesar de la brisa persistente del Caribe, permaneció encendida, firme, como los nombres que honra; que se reflejó en el pabellón nacional izado a media asta, ondeando con respeto; y que se selló en un minuto de silencio tan profundo que se volvió palabra no dicha.
Como legado histórico de resiliencia para las nuevas generaciones, Colombia conmemoró el Día del Estudiante de Policía, honrando a los Subtenientes del curso 112 de oficiales. Jóvenes que llegaron con maletas cargadas de sueños y corazones dispuestos al servicio; que eligieron la disciplina y la patria como proyecto de vida, y que partieron demasiado pronto, dejando sus nombres grabados para siempre en la memoria colectiva de la nación.
En el departamento de Bolívar, la Policía Nacional de Colombia rindió un homenaje solemne y profundamente sentido a sus 22 cadetes, quienes perdieron la vida el 17 de enero de 2019 en el atentado con carro bomba perpetrado en la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander. Allí, donde se forjan los ideales y se aprende a servir, la ausencia se volvió presencia permanente.
El dolor no se expresó en llanto abierto, sino en gestos contenidos: un saludo prolongado, un uniforme ajustado con respeto, una bandera sostenida con firmeza. Porque en la institución, el duelo también se honra con disciplina, memoria y silencio.
“Hoy no solo recordamos una tragedia; honramos un legado de valentía y amor por Colombia. Nuestros estudiantes caídos siguen siendo guía y ejemplo para cada policía que viste este uniforme. Su sacrificio nos compromete a servir con honor, humanidad y firmeza”, expresó el coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante del Departamento de Policía Bolívar.
Cada vela encendida fue un nombre pronunciado en el corazón.
Cada silencio, una promesa hecha al futuro.
Cada mirada al cielo, un juramento renovado de no claudicar, de servir mejor, de honrar la vida.
Hoy no solo se recordó una fecha; se dignificaron vidas, se reafirmó la vocación de servicio y se comprendió que el sacrificio no termina con la ausencia. Duele, sí, pero también fortalece, orienta y compromete.
Porque mientras haya un estudiante de policía formándose con honor, disciplina y amor por la patria; mientras exista alguien dispuesto a servir antes que a temer, ellos seguirán marchando con nosotros: silenciosos, firmes, eternos.