Enseñar hoy: Educar, resistir y transformar
Relato sobre Juan Guillermo Bastidas, maestro por vocación. Desde 1988 encontró aquello que ama hacer, aquello que ha marcado su vida desde el primer instante.
Enseñar hoy: Educar, resistir y transformar Foto: Cortesía para Caracol Radio
Medellín
A las seis de la mañana, mientras todavía la ciudad bosteza entre buses y vendedores de tinto, adentro del aula, un maestro ordena cuadernos como quien prepara el terreno antes de la siembra. Enseñar empieza mucho antes de que suene el timbre.
“Disfruto de ser maestro porque entiendo esta profesión como una oportunidad para hacer el aporte que me corresponde en relación a la formación del ciudadano que todos queremos. Todos imaginamos una persona ética, preparada, que tiene un proyecto de vida claro, que aporta a su familia y a la sociedad”, expuso Juan Guillermo Bastidas, Rector de la Institución Educativa Escuela Normal Superior de Medellín.
Hoy Juan Guillermo tiene 57 años. Desde 1988 pinta risas en la cara de los adolescentes. Y él sabe que ser maestro es aprender a leer silencios. Al final de la jornada, cuando el salón queda en silencio, quedan trazos en el tablero y risas suspendidas en el aire.
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Juan Guillermo apaga la luz, pero no la vocación. Se lleva a casa preguntas, planes, nombres propios. Se lleva la certeza de que enseñar es sembrar fruto en la tierra incierta. Enseñar es creer que el conocimiento puede cambiar destinos. Ser maestro es, en el fondo, un acto de fe. Fe en la palabra, en la educación y, sobre todo, en la capacidad infinita de un ser humano para aprender y volver a empezar.
“Tenemos la oportunidad entonces de formar a una persona íntegra, moral, que tiene desarrolladas sus competencias socioemocionales, sus competencias ciudadanas y las competencias básicas y laborales. Ese es el gran aporte que desdelo que hago día a día”, señaló Juan Guillermo.
Ser maestro es aceptar que no siempre se verán los frutos, que tal vez, años después, en una calle cualquiera alguien se acerque y diga: “profe, gracias”. Y en esa palabra breve, gracias. Cabrán madrugadas, desvelos, estrategias, abrazos, llamados de atención y celebraciones pequeñas.
Juan Guillermo sabe que educar es un acto profundamente humano. Se trata de acompañar, de poner límites con ternura, de corregir sin humillar, de exigir sin romper. Se trata de mirar a los ojos y decir: “yo confío en ti”, incluso cuando el mundo no lo ha hecho.