“En el Catatumbo nunca nos ha tocado fácil”: organizaciones sociales
Ascamcat insiste en que se respeten los mínimos humanitarios.
Ataque con dron en la región del Catatumbo.
Norte de Santander.
Mientras el país se prepara para iniciar un nuevo año, en el Catatumbo la guerra sigue marcando el ritmo de la vida diaria.
Para las comunidades campesinas, el inicio de 2026 no llega con celebraciones, sino con desplazamientos, confinamientos y el miedo constante a quedar en medio de la confrontación armada.
Holmer Pérez, presidente de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), advirtió que la situación se ha agravado en los últimos días, especialmente en zonas rurales de Tibú y El Tarra, donde los enfrentamientos han dejado viviendas destruidas y familias enteras obligadas a huir.
“Esta guerra empezó en enero y no ha terminado. Al contrario, en diciembre se ha intensificado y la población civil sigue siendo la más afectada”, señaló.
Uno de los hechos más graves se registró en el corregimiento de Filo Gringo, donde ataques recientes causaron incendios en varias viviendas.
Para Pérez, este tipo de acciones evidencian el incumplimiento de compromisos mínimos que deberían proteger a la población.
“Insistimos en que los civiles deben estar por fuera de la confrontación y que no se utilicen bienes protegidos. Las casas de la gente no pueden seguir siendo escenarios de guerra”, afirmó.
El dirigente campesino recordó que desde hace años las organizaciones sociales del Catatumbo vienen planteando siete mínimos humanitarios, basados en el Derecho Internacional Humanitario, que incluyen la distinción entre combatientes y no combatientes, la protección de las viviendas, el respeto a las misiones médicas y la prohibición del uso de artefactos explosivos en zonas sensibles.
“Estos mínimos fueron construidos por la sociedad civil y los actores armados se comprometieron a respetarlos. Hoy lo que vemos es que no se están cumpliendo”, advirtió.
Pérez también alertó sobre el uso de drones en medio de la confrontación, una práctica que, según dijo, no era común en la región y que hoy genera un impacto profundo en las comunidades.
“Además de las pérdidas materiales y humanas, esto está dejando una afectación psicológica muy fuerte. La gente vive con miedo permanente”, explicó.
En ese contexto, Ascamcat reiteró la necesidad de habilitar corredores humanitarios que permitan la salida segura de las familias atrapadas en medio de los combates.
“Hay personas que no tienen ninguna relación con esta guerra y aun así no han podido salir de las zonas de confrontación. Eso no puede seguir pasando”, dijo.
El mensaje final del líder campesino fue directo, cargado de memoria y resistencia.
“En el Catatumbo nunca nos ha tocado fácil, pero eso no significa que tengamos que resignarnos a vivir en la guerra. No nacimos para vivir así”, expresó. Y añadió: “Pedimos que, por lo menos, se permita cerrar el año sin más víctimas y que los campesinos podamos compartir en familia, sin zozobra”.
Un llamado que, en medio del ruido de la guerra, vuelve a poner la voz de las comunidades en el centro: la de un territorio golpeado, pero que se niega a aceptar la violencia como destino.