Pomber: de las burlas por su peso a convertir los videojuegos en una forma de vida
Cartagenero de nacimiento y criado en Antioquia, Emanuel Bravo García creció en una familia humilde y cercana
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Antes de ser Pomber, Emanuel Bravo García era un niño inquieto, de esos que parecían tener energía para todo. Su familia buscaba distintas maneras de mantenerlo ocupado y por eso pasó por el fútbol, la natación, el tenis y el voleibol.
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Cartagenero de nacimiento y criado en Antioquia, Emanuel creció en una familia humilde y cercana. Su padre pasaba largas temporadas trabajando lejos de casa, mientras su madre asumió buena parte de la tarea de sacar adelante a sus hijos, procurando que tuvieran estudio y oportunidades.
La adolescencia, sin embargo, no fue sencilla
Llegó a pesar más de 110 kilos y comenzó a sufrir bullying. Hubo momentos en los que prefería no salir de casa. Y fue justamente allí, frente a una pantalla, donde encontró una manera de distraerse y escapar por unas horas de aquello que ocurría afuera.
Jugaba títulos de disparos, estrategia y posteriormente se enganchó con videojuegos como League of Legends. Lo que entonces parecía simplemente una afición terminaría marcando su futuro.
A finales de 2019 comenzó a hacer transmisiones mientras estudiaba Ingeniería Industrial e Ingeniería de Sistemas. Durante la pandemia y el periodo de educación virtual encontró más tiempo para experimentar con los directos, especialmente con Free Fire.
Sus seguidores comenzaron a decirle que tenía nivel para dedicarse de manera más seria a crear contenido. Fue entonces cuando apareció Pomber, un nombre que escogió precisamente porque quería algo genuino, diferente y que pudiera convertirse en una identidad propia.
Lo demás fue cuestión de constancia
Al principio, como ocurre con tantos creadores, casi nadie estaba al otro lado de la pantalla. No había grandes audiencias ni reconocimiento. Había que prender la transmisión aunque entraran pocas personas, editar los videos y volver a intentarlo al día siguiente.
Pomber entendió que construir una comunidad era más importante que conseguir un golpe de suerte.
Hoy puede pasar entre cinco y seis horas diarias haciendo transmisiones en vivo. Edita sus propios videos, publica contenido en TikTok y divide sus horarios entre la mañana y la noche para llegar a seguidores que estudian, trabajan o simplemente buscan un espacio para entretenerse.
Su contenido gira principalmente alrededor de Free Fire, donde se reconoce como un jugador competitivo y un creador enfocado en demostrar nivel. También hace salas, retos, conversaciones, premios y diferentes dinámicas con su comunidad.
Pero una parte importante de su éxito está lejos de las estadísticas
Pomber disfruta conversar con sus seguidores, molestarlos, aceptar retos y enfrentarse a situaciones inesperadas durante las partidas. Un personaje que se buguea, una caja que cae de manera absurda o cualquier situación inesperada puede terminar provocando una carcajada.
Para él, allí está buena parte de la magia
También conoce el lado menos amable de vivir de internet. Durante su carrera tuvo un contrato importante con Facebook, pero su página fue hackeada y perdió lo que había construido. Vivía solo y tuvo que sostenerse con sus ahorros mientras encontraba la manera de comenzar nuevamente.
Esta vez en TikTok
Tres años después, mira aquella crisis de otra manera. El golpe lo obligó a empezar desde cero, pero también le demostró que podía volver a construir una comunidad.
Los primeros años en los que comenzó a generar ingresos los invirtió prácticamente completos en mejorar su equipo. Cámara, computador, teclado, mouse, micrófono y todo lo necesario para ofrecer una mejor experiencia. Hoy calcula que su computador puede estar entre los 10.000 y 15.000 dólares.
Pomber no desconoce que las redes sociales pueden ser rentables, pero también advierte que vivir de ellas implica disciplina y entender las reglas de cada plataforma. Un creador puede crecer rápidamente, pero también puede perderlo todo de un momento a otro.
Por eso su objetivo va más allá del dinero
Sueña con tener una casa, un carro y poder darle a su madre, a su hermana y a sus seres queridos la tranquilidad que considera que merecen. También quiere llegar a un punto en el que no tenga que pasar todos los días frente a una pantalla para generar ingresos.
Porque hacer streaming también tiene un costo: dormir menos, sacrificar espacios personales y reducir la vida social.
Aun así, si mañana desaparecieran el éxito y el dinero, Pomber dice que probablemente tendría que volver a estudiar y buscar otro camino profesional. Pero hay algo que no abandonaría: crear contenido.
Porque Pomber dejó de ser simplemente un nombre
Es la identidad que Emanuel construyó durante años, después del bullying, de los días con pocas personas conectadas, de las largas jornadas frente al computador y de aquella página que perdió cuando tuvo que empezar nuevamente.
Su propósito ahora parece sencillo, aunque conseguirlo no lo sea: ser cada vez mejor, construir algo que permanezca y demostrar que detrás de un personaje de internet también hay una historia de disciplina, tropiezos y ganas de seguir jugando.
Andrés Vizcaíno Villa
Periodista cartagenero con experiencia en comunicación pública. Músico y apasionado por la radio.




