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Educación, vacuna contra las “Fake news”

Werner Zitzmann, director Ejecutivo de la Asociación Colombiana de Medios de Información - AMI, dice que los mensajes que circulan por redes sociales con hechos dudosos se deben tomar con profunda desconfianza.

Considera que la pedagogía es la única manera de atajar esas noticias mentirosas.

Por su parte Harvey Murcia, Magister en comunicación, hace una reflexión sobre cómo la hipnosis y adicción que los dispositivos móviles, con acceso a redes sociales, han atrapado a los usuarios, a un punto tal que en muchas ocasiones pareciera que son sus únicos enlaces con el mundo real.

---Por Harvey Murcia---

En estos tiempos cada vez más veloces e huidizos, en los que las personas sólo levantan la cabeza (por momentos), para llevar la ingesta a la boca, debemos preguntarnos por el poder hipnótico de los dispositivos móviles.

En ellos no sólo se generan cadenas de oración o grupos familiares que recuerdan y alertan fechas importantes; nos adherimos a movimientos digitales para cuidar y proteger el medio ambiente, los derechos humanos; compartimos nuestros gustos, nuestros recuerdos.

Con un simple touch activamos la memoria… nuestra vida social cabalga entre los bits de pantallas de resolución de 1920 x 1080 pixeles a 401 ppi y con ella, nuestros miedos.

Hoy es evidente, nuestra vida transcurre (por lo menos en apariencia), en estos aparatitos que cargamos a todo lado y con los cuales chismeamos, nos (des) informamos, compartimos, y nos sentimos escritores de nuestras vidas.

Ellos son fuente de entretenimiento como de saber.

Los acontecimientos llegan primero a las redes que a la pantalla de tevé o estación de radio; cualquier transeúnte termina siendo el periodista ciudadano que, con sus cinco minutos de fama y un celular con buena cámara, puede contar lo ocurrido.

Sí, las redes son un escenario para el disfrute, el cotilleo y la información. (¿?) Ya no importa quién informa, desde dónde se informa; mucho menos los efectos de lo informado; los contexto y antecedentes han desaparecido.

Basta un poco de perspicacia digital, un buen pretexto, algo de coyuntura nacional o internacional, un doradita de melodrama, algunas lágrimas, algo de fatalidad y ¡tienes una noticia! Ay las redes sociales y su poder de descontextualizar la vida.

Todo podría pasar… está a punto de pasar… apelan a creencias trasnochadas, a nuestros más profundos temores.Su estrategia es simple: las redes en principio agrupan imaginariamente a las personas; pero esto no es así.

Entre más conectados más alejados. Así estamos en el reino de la soledad bajo el signo de estar “compartiendo nuestra experiencia y lo que pensamos de ella” Este es el principio que posibilita que toda FakeNews se pueda hacer verosímil.

Ahora bien, hace falta un poquito de aditivos digitales para posibilitar la credibilidad:

i.Localizar los miedos a través de la diferencia: contar afirma nuestras certezas, nuestras maneras de ver el mundo y de relacionarnos con él. Así la contar también organiza el mundo; determina la manera como nos reconocemos, nos miramos y nos diferenciamos. Todo lo distinto, lo que se narrativice de forma diversa, se convierte en sustrato perfecto para amedrentar, asustar, movilizar. Se acelera la información; se esconde el enunciador, solo queda el enunciatario

ii.El simulacro del like: la mejor “medida de aceptación” y por lo tanto de consenso social en las redes, es la cuantificar la interacción que se da en el contenido digital. Contemos cuántas veces se compartió, se marcó como favorito. Cuántos comentarios tuvo (no importa la profundidad), para generar un tufo a seudo-democracia. Dejémoslo claro, su simulacro radica en que la gente no necesariamente participa. Se requiere una tarjeta con unos buenos euros y los likes se ponen al servicio. Allí radica su sensación narcotizante: “todos participan”

iii.Ir a la fija, los seguidores: en las redes sociales, el número de seguidores regala certeza; es determinantes para que las personas confíen y den credibilidad a todo lo que se dice en ellas: políticos, deportistas, aficionados, personas del común; todos hemos caído en la trampa de la veracidad de realidades hipotéticas o futuros imaginarios en pro de un número de seguidores (que curiosamente también pueden ser falsos): Rayos homoxesualizadores, conspiraciones Castrochavistas; ideologías de género, la pedagogía ígnea para los libros y otras tantas histerias que de apoco van calando en el imaginario colectivo.

iv.Lo fatal de los trending Topic: ¿cómo se decide que algo es tendencia nacional? Los puntos expresados anteriormente nos permiten comprenderlo. Sin embargo, si se cuenta con una baja competencia digital, la tendencia se puede inscribir en las charlas cotidianas, en las escrituras digitales; en las conversaciones amorosas. Un trending topic no es otra cosa que un grupo de expertos calculando algorítmicamente los tiempos de consumo digital para comprar likes, gestionar tuits y demás pericias necesarias, para posicionar temas, personalidades, accidentes, vanalidades.

Así, ¿por qué no creerles?La velocidad, como se dijo al inicio de estas líneas ha traído consigo una pérdida de la comprobación de la información, del valor que tiene; pocos se preguntan por quién originó la información, sus alcances, su relación con el panorama social, cultural y político; por cotejarla con otras fuentes.

Todo hoy es aceleración, perdida del análisis y, por lo tanto, reafirmación de modelos sociales que reivindican la polarización basada en el miedo. Vivimos en el reino de los likes, retuits, posteadas y re-posteadas cual retórica digital que se convierte ella misma en “verdad”; líderes de opinión que gracias a sus seguidores (sean reales o no), vuelven sus afirmaciones en temas del día sus realidades fantásticas; sus histerias en proyectos sociales. Y nosotros, que seguimos creyendo que las redes sociales son ingenuas, veraces e imparciales, creemos de manera fiel en ellas y sus formas de afirmar lo que ya sabemos: que todo seguirá igual

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