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Dónde está la bolita
¿Dónde está la bolita?

¿Vuelve la guerra sucia?

No es clara la razón por qué están asesinando a líderes locales en zonas de conflicto en momentos en que los acuerdos con las Farc son vulnerables.

Casi al mismo tiempo en que el Gobierno y las Farc dan a conocer un nuevo acuerdo de paz, varios líderes sociales de las zonas que más han sufrido el conflicto como San Vicente del Caguán, Leyva, Policarpa y La Unión (Nariño) y la Macarena (Meta) han sido asesinados o han sufrido atentados. Todos ellos vinculados a organizaciones campesinas y de derechos humanos.

Estas muertes violentas ocurridas en esos departamentos lo mismo que lo que pasó con cinco activistas en el Cauca en los últimos tres meses hacen parte de los 33 casos de asesinatos reportados este año, la mayoría de los cuales son de Marcha Patriótica, un movimiento que ha impulsado los acuerdos con las Farc y que seguramente tendrá un papel activo en la política local una vez de implementen los acuerdos de paz y se dé la creación de 16 circunscripciones especiales que tendrán curules en el Congreso.

Estos hechos se dan en un momento difícil para el acuerdo con las Farc que vuelve a ser rechazado por la mayoría de los voceros del NO, pero que al mismo tiempo está urgido de su refrendación e implementación por los problemas que empiezan a surgir como la muerte no aclarada de dos guerrilleros en el sur de Bolívar o la llegada de herederos de paramilitares al Bagre (Antioquia) o a Tumaco para asumir el negocio del narcotráfico, como lo revela Todd Howland, el vocero de la ONU para derechos humanos.

La nueva situación que se está viviendo en zonas clave para el postconflicto plantea varios interrogantes: ¿son estos asesinatos muertes un mensaje para los movimientos sociales que aspiran a hacer política? ¿Tienen los casos de Caquetá y Meta la misma relación en cuanto a origen? ¿Es la lucha por el negocio de la droga en las áreas de producción y embarque lo que está generando esta nueva situación? ¿Por qué se dan de manera premeditada luego de que las Farc y el Gobierno, acogiendo observaciones del NO redactan un nuevo acuerdo? ¿Vuelve el Estado a incurrir en las mismas fallas de desatención y permisividad que hubo cuando se dio el exterminio de la Unión Patriótica?

Una posible hipótesis de lo que ha ocurrido es como consecuencia de la demora en poner a funcionar los acuerdos de paz, por el resultado del plebiscito, se ha dejado demasiado espacio a los otros actores de los que siempre se temió podrían entrar a copar los espacios de las Farc. De ahí la necesidad de que se dé una pronta implementación. Y de que el Gobierno y la Fiscalía hagan claridad sobre el origen de esto que pareciera tener visos de una nueva guerra sucia.

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