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En San Vicente del Caguán sueñan con la paz, pero no olvidan la guerra

Desde que este municipio del Caquetá fue seleccionado como zona de ubicación de las FARC, sus habitantes no están tranquilos porque no han podido olvidar los años amargos que pasaron cuando allí se intentó firmar la paz durante el gobierno de Andrés Pastrana.

Entre el optimismo y el miedo, los 60 mil habitantes del municipio del Caguan, esperan que se ubiquen allí los guerrilleros de las FARC en un campamento que construirá el gobierno mientras se consolida el proceso de paz que se perfecciona en La Habana Cuba.

Los ganaderos, los empresarios, los profesores, las amas de casa y los estudiantes no ocultan su escepticismo porque les ha tocado lidiar a las FARC durante más de 30 años y dejaron de creerle, pero no niegan que la paz los tiene soñando.

“Me parece injusto que a San Vicente del Caguan lo hayan escogido como zona de campamento para las FARC, nos quieren repetir la dosis como hace años” advierte sin asomo de duda, Yeny Patricia Rodríguez, la maestra de la Escuela de Los Pozos, el lugar donde se adelantaron los fallidos diálogos con las mismas FARC entre el 18 de noviembre de 1998 y el 20 de febrero del 2001.

“Si nos vamos a la realidad aquí en los pozos faltan maestros, los estudiantes toman agua contaminada y no tienen restaurante escolar”, agrega la docente recurriendo a otra frase lapidaria para justificar su inconformidad con la decisión del gobierno que los pone a convivir con los guerrilleros a los que nunca le han perdido el miedo.

El llanto de las víctimas

María Elsa Cuéllar, otra mujer habitante de este municipio se suma al numeroso grupo de inconformes con esta determinación, “ En Cuba sólo hablan de paz, pero no se acuerdan de las víctimas que hemos sufrido las consecuencias de la violencia, hace más de 15 años, Las Farc se llevaron a mi hijo cuando salía del colegio, estuve caminando cielo y tierra, llegué hasta sus campamentos para reclamar a mi hijo y nunca me lo devolvieron”, dice tratando de atajar las lágrimas y disimular la rabia con que hace la denuncia, señalando que por eso no comparte que a su pueblo regresen los guerrilleros. “Yo le pregunto hoy al presidente Santos y a las Farc, ¿qué va a pasar con nuestros seres queridos que están desaparecidos y que fueron reclutados por la guerrilla?, remata su dolorosa reclamación.

El gremio de los ganaderos de la población, golpeado en forma inclemente por las Farc durante años, es optimista, pero aún sus integrantes no han podido quitarse del todo el miedo. Danilo Barrera vocero de este sector de la producción, declara su satisfacción por la ubicación allí de algunos de los hombres del grupo guerrillero, y sueña con la paz, pero recuerda que aún siguen pagando extorsión y le advierte al gobierno que con toda la plata que les ha tocado darle a las Farc se podrían mejorar los salarios de los trabajadores y sostener una buena producción ganadera, e insiste en que desde el principio le han apostado al proceso de paz que se discute en La Habana. “Si hay sinceridad esta vez, que vengan los de las Farc”, advierte.

Una región productiva

San Vicente del Caguan aporta el 25 por ciento del ganado que se produce en Colombia, un millón de litros de leche diario, 600 toneladas semanales de queso y quesillo, y miles de kilos de carne de alta calidad mensualmente.

Esta boyante producción ganadera se complementa con el caucho y otros productos agrícolas que constituyen una riqueza incomparable que se vio afectada durante los más de 30 años de lucha guerrillera que debieron padecer sus habitantes.

Esta situación es la que le duele a los moradores de la población que deberán compartir el territorio con los hombrees de las Farc que regresan para asentarse bien sea en los Pozos, en San Juan de Lozada o en el Pato, que son los tres sitios opcionales para la ubicación del campamento, que aún no está definido, y sobre lo que hay gran expectativa en la zona.

El comerciante Eduardo Cedeño, habla justamente sobre esta circunstancia, y la poca credibilidad que los moradores del municipio han tenido siempre en las Farc. “Los que conocemos a las Farc como la palma de la mano, sabemos que es una agrupación subversiva difícil de creerle, tenemos una situación grave y es que se siguen presentando las extorsiones por parte de ese grupo armado”.

Hay que soñar

El mensaje esperanzador lo expresa con claridad la iglesia católica, que ha venido alimentando el espíritu soñador de la paz entre los creyentes de esta aparatada municipalidad del norte del departamento del Caquetá. “Esta región ha sido duramente golpeada por la violencia, los crímenes, el reclutamiento forzado y el secuestro, pero el mensaje es que tenemos que reconciliarnos con el enemigo, y en este caso vamos a recibir a los guerrilleros que inician el proceso de desmovilización y como también hacen parte de la comunidad, debemos recibirlos como un miembro más”, explica el vicario José Ricardo Ramírez de la Catedral Nuestra Señora de las Mercedes, invitando a la reflexión y al buen trato.

El estudiante de la institución educativa Verde Amazónico, Haminton Montoya de 16 años, creció en medio del conflicto y las armas, hoy cuando sabe que a su municipio retornan numeroso guerrilleros de las Farc en plan de paz, le pide al presidente Santos que no invierta más en la guerra sino en la educación.

“Como joven de aquí de San Vicente le exijo al gobierno que cuando terminemos el bachillerato no salgamos a empuñar un arma para prestar servicio militar sino que ingresemos a una universidad para continuar con nuestros sueños”, dice.

La violencia que ha debido soportar esta comarca caqueteña deja episodios dolorosos que siguen vigentes para muchos, en el recuerdo de otros y en el olvido de quienes esperan la paz y están dispuestos a perdonar. José Ángel Frías, es un curtido campesino con la piel tostada por el sol y el cansancio que produce el trajín de labrar la tierra a diario. A él durante el tiempo de la guerra le tocó recoger y contar los muertos, pero a pesar de ese pasado quiere enterrar la pesadilla de la violencia y abrazar la paz.

“Le apostamos a la reconciliación, pero lo que más me preocupa es que el Estado no nos ha capacitado para convivir con la guerrilla, y enfrentar el posconflicto, mientras que la guerrilla si lo ha hecho a su modo”, sostiene, mientras cuenta que desde muy joven aprendió a contar y a levantar los muertos de esa guerra horrible que le ha tocado padecer allí a orillas del caudaloso río Caguán, en cuyas aguas se sumergen muchos secretos y misterios que aspira nunca vuelvan a emerger.

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