El último barbero del parque lineal de Montería

Este personaje, es el único que aún ejerce esa profesión a lo largo del parque a orillas del río Sinú

Domingo Colón es el último de los barberos tradicionales de Montería. Desde hace 45 años se ubicó en el lugar de la época, a orillas del río Sinú, al lado de 7 barberos más que se ganaban la vida con ese oficio. El tiempo pasó y la modernidad llegó, Montería revitalizó su ribera oriental con un hermoso parque lineal, que albergaría a 3 de los 7 barberos que aún continuaban en el oficio.

“No fue fácil, tuvimos que pelear este puesto, demostrando antigüedad y esas cosas”, relata Domingo. Con la apertura del parque Domingo se estableció cerca a la ronda del Sinú, y allí ha ejercido su trabajo en los últimos años. “Éramos tres, hablábamos bastante y eso, pero ya 2 se murieron y yo estoy aquí esquivándola”, comenta entre risas.

Tiene 18 hijos y 55 nietos, una cifra impensable para muchas familias actuales. “A mí me rindió bastante porque yo era inquieto, desordenado. Me vine a ajuiciar cuando comencé este trabajo”, asegura. A la pregunta si sus hijos fueron con la misma mujer, responde con algo que alguna vez le oyó al juglar Enrique Díaz, “mis hijos fueron con uno solo, pero con varias mujeres”, a buen entendedor, pocas palabras.

Domingo habla con orgullo de sus hijos, algunos de ellos con muy buenos trabajos por fuera del país, como una de sus hijas que trabaja en Panamá. “Yo no necesito ser barbero ya, toda mi familia se sustenta sola. Sin embargo para mí es un orgullo seguir haciéndolo porque me ayudo a mí y a quien lo necesite”

 

 

El corte de cabello con Domingo cuesta 5.000 pesos, aunque puede haber algunas concesiones, “aquí cobro mis 5 pesos, pero si el hombre está ñengue ñengue, yo lo motilo y después me paga. Si no lo hace que ni se aparezca por acá después, pero yo no dejo ir a nadie pelúo”, afirma. La barbería no tiene nombre, sólo es un puesto al aire libre y allí llegan decenas de clientes fijos, inclusive de otros pueblos. “Tengo clientes de San Antero y San Bernardo, que cada que están en Montería vienen, algunos cada dos o tres años, pero vienen”.

Aprendió el oficio en un hogar militar, en medio de su alocada juventud hizo un curso de enfermería, que lo llevó a atender a heridos y personas con discapacidad. "Fue ahí cuando me tocaba afeitarlos y peluquearlos, un doctor me dijo que lo hacía bien, que si lo peluqueaba a él. Le dije regálame una navaja y una cuchilla y lo hago, y ahí me hice grande", cuenta.

Este personaje, ve también su trabajo como un pago al daño que según él hizo durante su juventud, llevando una vida desordenada. “Yo me arrepentí de estar mujereando, de escaparme apenas veía la oportunidad y de no atender bien a mis hijos. Por eso digo, que lo poco que he conseguido con este trabajo, representa un orgullo para mí”.

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