Columnista Invitado
María Claudia Lacouture

Alerta aeropuerto

En las redes sociales también es frecuente ver las quejas de usuarios por demoras en las frecuencias entre otras por el servicio aéreo.

Ex ministra de Comercio, Industria y Turismo y actual directora de AmCham Colombia, María Claudia Lacouture @mclacouture . 

En las últimas semanas ocuparon los titulares de varios medios las serias inquietudes que existen sobre la capacidad actual del aeropuerto El Dorado, tanto para atender la creciente demanda de pasajeros, como para prestar servicios eficientes a las aerolíneas que dependen de esta infraestructura como parte de la cadena de un servicio en el que el consumidor tiene altas expectativas.

En las redes sociales también es frecuente ver las quejas de usuarios por demoras en las frecuencias y a los community manager de las aerolíneas haciendo esfuerzos para tratar de explicar tal o cual situación que provocan esos retrasos. Yo misma he experimentado esa situación varias veces y he escuchado tantas “excusas” que me he vuelto incrédula y, finalmente al pasajero, le toca esperar. Resignación.

Al dar una mirada al tema, con datos que vi en una reciente presentación del ex viceministro de Turismo, Juan Pablo Franky en un conversatorio en KPMG sobre perspectivas de la industria, se puede ver como ElDorado tiene una alta concentración del tráfico aéreo del país, con el 74% de la operación internacional y el 40% de la nacional. En otras palabras, casi todos los viajeros del exterior tienen cómo único punto de entrada a Colombia el aeropuerto de Bogotá, que se está desarrollando bien pero es tal al afluencia que estamos llegando a un punto en el que es necesario revisar más opciones para ello. Aunque buena parte de esos viajeros tiene como destino final a la ciudad, otro tanto debe hacer conexión para volar al resto del país, aumentando los costos para el viajero en términos de tiempo y dinero.

Por otro lado, también es alta la concentración de vuelos en un grupo empresarial: 57% de los vuelos nacionales se hacen por aerolíneas de Avianca y en los internacionales es el 45%. Quiere decir que si, por cualquier razón, bien sea de revisión técnica, humana, un factor climático o un problema en algún componente de la operación del aeropuerto como una falla eléctrica, un avión no sale a la otra prevista, viene un efecto dominó que impacta al resto del país.

Una alternativa para aliviar esta situación es fortalecer la estrategia de diversificación de la conectividad aérea, reducir la concentración de vuelos internacionales en Bogotá y que lleguen directamente a otros destinos, para lo cual se requiere que los terminales aéreos de otras ciudades sean robustos en infraestructura para atender la demanda de los pasajeros y de las aerolíneas que podrían operar allí. Gracias al trabajo de los últimos 10 años en promoción internacional, Colombia tiene 25 aerolíneas que nos conectan, por semana, con 26 países, pero casi todos llegan exclusivamente a Bogotá.

También es necesario abrir espacio para mas aerolíneas que ofrezcan vuelos nacionales aprovechando los avances de aeropuertos de ciudades intermedias como el EJ Cafetero, Bucaramanga, Santa Marta o Cali, por mencionar sólo unos casos aumentando la oferta para los viajeros de negocios y placer.

Todo esto sumado al apoyo del Gobierno tanto en las facilidades para que las aerolíneas usen los aeropuertos y también para que la operación sea eficiente. Hoy en día en muchos aeropuertos no se aprovecha al máximo la operación nocturna reduciendo competitividad y aumentando costos.

Para el caso de Bogotá, es relevante empezar a pensar en ampliar el aeropuerto actual o un aeropuerto alterno que permita reducir la alta dependencia hacia un solo terminal y, de paso, ofrecer mejores alternativas de precios para los viajeros, quienes en últimas son los que hacen sostenible la industria en la medida que demanden estos servicios esperando un servicio eficiente y de calidad. Villavicencio ha estado en la mira históricamente para ello, me atrevería a pensar también en la posibilidad de Boyacá, en donde hay algunas pistas, algunas sin operadores ni instrumentos, en donde sólo pueden aterrizar avionetas siempre y cuando el piloto tenga las condiciones de visibilidad para aterrizar o despegar.

El debate está abierto y no es de poca monta si queremos seguir impulsando el turismo como motor de desarrollo y que vengan cada vez más viajeros del exterior e incentivar el turismo nacional.

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