Tribuna

La verdad como antídoto

A 20 años del asesinato de Jaime Garzon y casi 30 del de Luis Carlos Galán hay que preguntarse ¿por qué Colombia asesina a sus grandes hombres?

¿Por qué un país asesina a sus grandes hombres? ¿Por qué es tan difícil castigar a los responsables? La razón es simple. Castigarlos, llegar a ellos, implica quitarles la máscara a las fuerzas oscuras. Esas de las que se habla cada vez que se quiere evitar dar nombres, especialmente los de hombres en uniforme militar, de acumuladores, de populistas, de terratenientes.

Por estos días me he llenado de reflexiones sobre la justicia colombiana en los 20 años del asesinato de Jaime Garzón y en los casi 30 del de Luis Carlos Galán para ir a las oscuridades del pasado con la ilusión de encontrar luces para que esas tragedias paren en Colombia. Porque no está ocurriendo. Siguen asesinando a los mejores, ahora con nombres de líderes sociales e indígenas.

El ejercicio pasa por preguntarse si se trata de vacíos y debilidades institucionales, pero la prueba de haber logrado condenas ejemplares, en algunos casos, demuestra que hay temas que son tan descaradamente visibles, gracias a la labor de los periodistas y defensores de derechos humanos y de jueces incorruptibles, que también los hay, que es imposible para los poderosos salir impunes. Pero esa no es la constante.

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