Tecnología

24 horas para sobrevivir en el Campus Party

De periodista a exploradora, así me fue en el regreso del Campus Party.

Campus party, si sí lo he escuchado. Adolescentes pegados a sus computadores y gamers adictos que no sueltan su mirada de las pantallas en torneos, carreras de carros, recorriendo mundos medievales y futuros distópicos y apocalípticos.

¿Qué si me gusta? Pues … Mi relación más estable es con mi iPad y Netflix y en algunos casos un par de niveles de Asphalt Nitro. Pero ¡Aquí voy!

Lo primero, cero digital. Apenas me propusieron pasar una noche en una carpa, me arrepentí de no haber pertenecido a los scouts o del paseo a la laguna de Tota que me dio pereza por el frío. La verdad y díganme ñoña si quieren, mi primera vez acampando ¡Será en Corferias!

Full packed

Olvidense de 'Call of Duty' y 'Halo'. Yo ya estaba lista para la guerra con mi maleta. La noche anterior había empacado: Ropa de cambio, elementos de aseo, una cobija, mi pijama más calientica, como toda una abuelita, gorro y medias. Pedí prestados, un sleeping y una maleta, de esas... las especiales para acampar. ¡Ah!, y para dármelas de práctica sólo llevé: dos celulares, los respectivos cargadores y mi fiel amigo, un iPad.

Cuatro días, una jornada de 240 horas de contenido centrado en videojuegos, creatividad, programación, emprendimiento y drones …¡Bitch please. Más que lista!

Pero,  descubrí que la milicia virtual no es lo mío, el peso de mi maleta y una filota que le daba la vuelta a la manzana de Corferias en Bogotá, me hicieron flaquear en mi voluntad. Me hice un comentario en mi cabeza: -¡Esta gente qué! ¿En serio van a acampar en un recinto cerrado para pasar la mayor parte del tiempo en un computador?-

Y luego, desilusión total. Mi iPad, celular y cargadores, no eran armas para esta ‘guerra’. Los campuseros me enseñan sus maletas, cajas enormes con sus dispositivos, pantallas, CPUs, monitores, cargadores, cables, mouses, audífonos, drones -como si fueran a vigilar a sus enemigos o en el peor de los casos, mudarse- y muchos elementos más.

Y luego lo ví y lo entendí. Como todo en la vida, decisiones, consecuencias y adicciones. Para estos más de 50000 campuseros, esta es su pasión. Sus venas son cables de cobre y sus ojos destellan un efecto glitch mientras parpadean. Esta es su vida, este es su mundo y lo llevan al límite.

‘La Villa’

Luego de dos horas de desesperante fila finalmente entramos a Corferias. El centro de eventos más grande y representativo de Bogotá, tenía convertido uno de sus pabellones en un campamento militar.

Mi carpa la H22, mi casa por una noche en el Campus Party. Sus medidas 1,20 x 2,00 (metros), yo mido 1,57, voy a quedar apretada pensé, pero cuando me metí para dejar las cosas se sentía mucho más grande. ¡Todo es cuestión de perspectiva!

Mucha gente cuando acampa se preocupa por el clima y animales salvajes. Las mías en mi primer camping son los ladrones.

La carpa solo contaba con cremalleras y unas cuerdas naranjas que le colgaban. Al cerrarla coloqué un candado. Pero a la final, si alguien soltaba los nudos podría entrar con facilidad. ¡O llevarse la carpa completa!. Tenía que encomendar mis cosas a una fe tan fuerte como el metal de candado.

Cuando el hambre ataca

Casi las seis de la tarde y me moría de hambre. Sí, es un campamento pero no hay que hacer fuego, ni cazar mi propia comida. ¡Dios bendiga los food trucks, amén!, citando al "filosofo moderno" JBalvin.

El menú, variado pero reducido. Helados, pizzas, emparedados y salchichas, los precios oscilaban entre los $15.000 hasta los $20.000. Pero, ninguno, por lo menos en el primer día, contaba con acceso a datáfonos ¿En serio Campus Party, no que eras tan tecnológico?

La ‘Arena’

Históricamente una arena es el lugar donde los gladiadores luchan a muerte. Aquí en el Campus Party, la pelea de los campuseros es con ellos mismos.

La electricidad está en el aire. Programadores, gamers y aficionados se transforman en autómatas. Es difícil entrevistarlos, su concentración se puede quebrar y en segundos podrían perder grandes batallas, por eso responden con monosílabos.

Escapan de la realidad y se cierran al mundo. Cuando están en sus computadores, no son humanos comunes, ellos y sus máquinas son uno.

Las mesas estaban llenas, se veían computadores con sistemas de refrigeración externos- que a mi parecer eran como filtros de agua- , luces en sus CPUs, grandes televisores y muchas pantallas que formaban una fortaleza.

Once de la noche, para algunos el cansancio y las largas horas frente al computador no son problemas. La luna aparece y los torneos cobran vida, en su mayoría se comunican por sesiones y chats dentro de sus computadores. ¡Qué inicien las partidas!

Al pasar la noche, los más "abejas", sacan sus mercancías a la venta... gomitas, dulces , paquetes, barritas, trululutú, cigarrillos y gaseosas empiezan a aparecer en las mesas. Por ejemplo, Liliana, una jóven que ha estado en varias ediciones, no solo se equipó con sus dispositivos, sino que casi como su maleta, con una mochila llena de productos llegó a la edición 2019.

La adrenalina ha bajado en la arena y el frío se ha incrementado. Campuseros y gamers se pasean de un lado a otro con usbs y juegos, las competencias se sentían en el aire.

¿FIFA o miedo?

Una voz en el fondo de la sala grita varios nombres. Como buena curiosa, me acerco y en grandes pantallas y algunos computadores, un grupo de chicos se prepara para el "partido de su vida". Con timidez pero con ganas de aprender, logré que me explicarán los comandos y patrones. Luego, por unos segundos la cancha fue mi realidad. ¡Fracaso total!

¡A la cama!

Dos de la mañana y llegue a mi carpa, la H22. Nunca antes había visto un sleeping con tanto cariño y temor. De hecho, nunca había anhelado tanto un sleeping. Espero no morir de frío. -Se me había olvidado, sólo empaqué una chaqueta y posiblemente me guié más por el diseño que por su propósito, abrigarme-. 

Sin embargo, dormir no es una opción. Las luces en el pabellón nunca se apagan, los destellos se filtran por la carpa. Cuatro veces cerré los ojos para alcanzar el sueño y cuatro veces, las charlas y risas me despertaban. ¿De verdad, no se cansan?

Otros con la pila ya fundida roncaban y sonaban peor que router noventero. ¡Sueño llévame ya!

Bañarse o pañitos

A las 6:00 am empezaron a sonar alarmas, poco a poco se fueron despertando los campuseros.

¡Hora de bañarse! Eso sí, durante la jornada cero jabones de olores, espuma y tinas. Aquí, el verde prevalece, 19 baños (para mujeres) y uno con condiciones para discapacitados. Literal, son cabinas con cortinas, aunque por lo menos tienen agua caliente.

El debate comienza entre los campuseros, no por saber cual es el mejor videojuego, ni la mejor maquina. El tema es más transcendental: chanclas, toalla y para la ducha; o comprar pañitos húmedos y ‘bañarse’ con perfume.

Campus Party, me quedaste debiendo el 'Party' 

Para mí, la jornada acaba. Me despido del grupo de chicos que tuvo paciencia para explicarme la dinámica del lugar y cómo sobrevivir a un mundo del cual no soy muy fanática.

Evidentemente, cuando uno no se relaciona mucho con este entorno le parece ilógico sentarse horas y horas frente a una pantalla. Pero ahora, cuando tenga la oportunidad volveré a intentarlo para que en la próxima batalla salga más que triunfante.

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