COLUMNISTA INVITADO

Un poco de naturaleza hace bien al espíritu

Maria Claudia Lacouture habla del Turismo rural y los tipos de turistas

La Ex Ministra de Comercio, Industria y Turismo ahora Directora de la Cámara de Comercio Colombo Americana, María Claudia Lacouture, habla del turismo rural.

Europa vive hoy una especie de boom del turismo rural, un turismo que no es estacional, que invita a una convivencia más apacible e íntima, que permite disfrutar experiencias diferentes a las tradicionales de sol y playa, con más sensaciones personales cercanas al mundo natural que comenzamos a desconocer desde el frenético, contaminado y deshumanizado mundo urbano.

Los seres urbanos tenemos una especie de nostalgia histórica por el mundo rural. Incluso disfrutamos salir a pasear por los pueblos, que nos brindan una primera muestra de la vida de campo, de cómo se ordeña una vaca, como cabalgar, cómo un loro imita sonidos y un gallo saluda al amanecer o cómo ponen huevos las gallinas. Son cosas muy obvias para unos, pero sorprendentemente desconocidas para otros.

En este tipo de actividad, se han detectado tres tipos principales de turistas: el interesado en compras de productos del campo, el que quiere sembrar y cosechar y el turista que simplemente quiere escapar del “mundanal ruido”.

Además de buscar productos frescos, el primero deja la ciudad y va tras de ofertas (la mejor calidad-precio), el segundo de impregnarse de los elementos de la naturaleza y experimentar directamente con sus manos algo de lo mucho que ofrece la tierra y el agua y el tercero simple y llanamente persigue desconectarse y disfrutar en solitario de un recorrido campestre para meditar o leer un libro o pintar una acuarela, en el caso de quienes han desarrollado diversas aptitudes de sensibilidad.

Los actores implicados en este tipo de turismo como actividad económica saben casi que perfectamente a qué segmento pertenece el turista que reciben para así poder ofrecerles el servicio que demandan en sus particulares expectativas, incluidos aquellos que en un fin de semana buscan ejecutar de una vez las tres actividades, incluido el disfrute de comidas y bebidas campestres.

Ya existe un turismo rural personalizado al máximo cuyos anfitriones -preparados a conciencia o confiados en sus capacidades casi que instintivas-, buscan ofrecer a sus invitados experiencias propias de quienes quieren un ocio para sentir, aprender o participar.

En los congresos de turismo rural, entre otros escenarios, se escuchan voces de expertos que dicen haber registrado e identificado plenamente las especificidades con sus respectivos ribetes y han determinado los últimos cambios de tendencia, incluidas sus recomendaciones sobre cuáles son las necesarias y cuáles no, en un mundo donde para cualquiera que no sea parte activa de él las directrices aparentemente no pasan del amor por la naturaleza.

Pero además de querer estar en contacto con el entorno, este tipo de turista por lo general busca autenticidad, una experiencia sensorial más emotiva y, sobre todo, “vivir algo original, una experiencia única y personalizada, por lo tanto, auténtica e irrepetible”, a decir de estos expertos y de las agencias que promueven este turismo.

También apuntan a que el sector turístico rural sigue teniendo entre sus más palpables déficits el trabajo conjunto y coordinado de los sectores público y privado, lo que repercute en la falta de un plan maestro con las mejores políticas de cada zona para tornar sustentable un ramal cada vez más atractivo.

El producto rural, posicionado y ajustado a las decisiones de los destinos, sigue basado, por regla general, en los proyectos nacidos de la iniciativa particular, que de esta forma buscan dar respuesta a exigencias específicas que, además, son cambiantes.

El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) impulsa en la cuenca del Caribe fortalecer los vínculos entre el turismo y la agricultura para incrementar la capacidad de producciones locales, lo que a simple vista se vislumbra atractivo para turistas ávidos de experiencias masivas campestres.

Este tipo de encadenamientos permite desde rescatar experiencias en turismo culinario, hasta impulsar el turismo de salud y bienestar, el turismo comunitario y otros por el estilo, beneficiando a las comunidades locales y a sus instancias organizativas, principalmente de productores.

Ya hay planes pilotos –por lo común con más apoyo internacional que de cada gobierno nacional- que se reproducen en Haití con una red de jardines hidropónicos, el Mercado de Finqueros de Agroturismo en Jamaica, el Programa de Turismo Comunitario de Lago Capoey de Guyana, el Tour del Cacao de República Dominicana y el Plan Maestro de Agroturismo para Hopkins en Belice.

Son algunos ejemplos que podemos traer a Colombia y generar in innovación en este segmento que se hace cada vez más popular y en el que el país, como todo lo que implica naturaleza, tiene un enorme potencial.

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