Iker, el perro que salvó de morir a 32 militares, pero quedó mutilado

Durante una misión en Norte de Santander, el canino cayó en un campo minado del ELN.

El 27 de enero 2019 un contingente del Ejército patrullaba el área rural de San Calixto en Norte de Santander.

Los uniformados en compañía de su fiel custodio (Iker, un pastor belga malinois) caminaban sigilosamente evitando ser emboscados o caer en alguna trampa mortal de los criminales que dejan ocultas para sacar a su enemigo de combate de la manera más despiadada.

“Estábamos buscando donde cambuchar (dormir). Revisábamos con cuidado el terreno, con la precaución que se debe tener en estos casos porque los delincuentes deja trampas en cualquier sitio”, dijo el soldado profesional Diego Montenegro, cuidador de Iker.

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Montenegro desde hace más de tres años no se separa de su fiel escudero, lo ha tenido como compañero en varias misiones, pues el canino es experto en detectar explosivos.

“Lo que le pasó a él (Iker) es como si le pasara a un familiar, a un hermano, el dolor que sentí al verlo herido casi muerto, fue muy impactante, ellos terminan convirtiéndose en un miembros más de la familia”, dijo Montenegro.

A las heridas que se refería el soldado eran a las que sufrió Iker cuando detectó un explosivo enterrado en la tierra, pero que infortunadamente no pudo sortear con la habilidad que lo caracteriza y activó la carga lanzándolo por las alturas y cercenándole la pata derecha delantera.

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“Él (Iker) iba a dar el positivo de la mina, pero ellos son muy enérgicos, entonces entró muy rápido al terreno donde debía hacer el barrido, pisó la mina y se produjo la explosión”, recordó Montenegro.

Dice que los momentos siguientes fueron claves para salvarle la vida, al que considera hoy su ángel de la guarda. “Si no hubiera estado Iker hubiera caído yo o cualquiera de mis compañeros o el pelotón completo que patrullaba esa noche que éramos 32, nos salvó de morir”, señaló el militar.

Estrés, es lo que hoy sufre Iker, ya no es el mismo perro alegre, la experiencia del campo minado y haber perdido su “patica” como cariñosamente se refiere el soldado Montenegro lo tiene amilanado, sin fuerzas, sin embargo, los especialistas en veterinaria esperan que le cicatricen las heridas para poderle construir una prótesis y pueda recuperar el ánimo que le sirvió para salvarle la vida a 32 militares que enfrente a diario a los peligros de las organizaciones criminales.

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