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Luis Gilberto Murillo: Chocó, a medio siglo de Bogotá

Los desafíos del Chocó, como el de otras regiones de esa otra Colombia que poco se conoce, no son menores

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Luis Gilberto Murillo, Investigador, Centro de Estudios para América Latina (CLALS), Universidad American, Washington, DC y Exministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible se refiere al terrible atraso que en varios sectores se encuentra el departamento del Chocó en comparación a cualquier otro departamento de Colombia. 

Hace poco vimos de nuevo al Chocó en boca de la opinión pública nacional, y no para recordar las hazañas de una cultora o un deportista, o la visita de algún político, esta vez las pantallas registraban nuevamente cómo este departamento enfrentaba las inundaciones que afectaron a cerca de 30 mil personas en la Provincia del Gran Rio San Juan, en el sur de esta zona del país. 

Como suele suceder, la magnitud de esta emergencia superó la capacidad institucional de los gobiernos territoriales, fue necesaria la intervención del Gobierno Nacional, la cual se dio tras presión mediática y en redes sociales donde se solicitaba apoyo con urgencia en los mismos días donde la atención se centraba en el concierto Venezuela AID Live y que cargó la mirada política y social hacia la frontera. Y ¿en qué quedó esta ayuda? ¿qué pasó con la emergencia? A la visita del Presidente Duque, que llegó con ayuda para para los damnificados chocoanos, la siguió una visita de la vicepresidenta, sin embargo, y como es habitual, se tomaron medidas de choque, pero la ciudadanía de la región está mucho más interesada en las “soluciones de fondo”. 

Hoy parece que todo volvió a la “normalidad,” el Chocó salió de la retina nacional como por arte de magia, afortunadamente, el equipo de Caracol Radio integrado por Yorely Ibargüen y Jair DPerea, bajo la orientación de Diana Calderón, hicieron un informe especial muy bueno que nos recordó las repuestas pendientes a la emergencia, pero fundamentalmente, visibilizaron la necesidad de soluciones a temas estructurales para las comunidades en la zona. Proyectos de infraestructura, vivienda y energía inconclusos en medio de la debilidad institucional de la región, obras abandonadas, necesidades latentes, desempleo, pobreza fueron entre otros los temas que escuchamos en dicho especial y que requieren de las medidas contundentes que siempre se han exigido para sacar adelante una región como esta que es muestra de tantas otras. El objetivo no era mostrar lo que se ha hecho, sino lo mucho que falta por hacer. 

Los desafíos del Chocó, como el de otras regiones de esa otra Colombia que poco se conoce, no son menores. Según el Boletín Técnico del DANE (2018), para el Chocó, en el año 2002, la incidencia de la pobreza monetaria fue del 68%, comparado con el 50% del promedio nacional. Por su parte, para el 2005, la pobreza se incrementó un 75% mientras que en el resto del país se redujo a un 45%. Para el año 2017 la pobreza en Chocó bajo a 58%, mientras que a nivel nacional se redujo a 27%. Tras mencionar estas cifras alarmantes de años atrás, aunque hay avances, no son suficientes. Hoy todavía más de la mitad de la población Chocoana vive en condiciones de pobreza monetaria y un 30% en pobreza extrema, además, la evidencia muestra que la brecha, intensidad y severidad de la pobreza en este departamento comparada con el resto del país se mantiene. 

Revisando el estudio que para Quibdó realizó Jilmar Robledo Caicedo del Centro de Estudios Regionales del Banco de la Republica, se infiere que, en las actuales condiciones, y con las herramientas institucionales y presupuestales disponibles, para llegar a las condiciones socioeconómicas de la Bogotá de hoy, Chocó necesitaría cerca de 50 años, ¡medio siglo! 

¿Cuáles son las causas? Unos dicen que es culpa de los Chocoanos y la corrupción, otros dicen que es por la desatención del Gobierno Nacional y todos acuden a las “causas estructurales”. Esas interpretaciones están pasadas por múltiples prejuicios históricos, o al menos son incompletas. Obviamente, las respuestas a estas preguntas no son fáciles, pero en el contexto de hoy requieren de unas miradas distintas.

La precaria situación del Chocó se debe entender en el marco de una historia de economías de enclave. No hay duda que este es un departamento rico en recursos culturales, naturales, agua, biodiversidad, minerales y privilegiadamente ubicado. Pero también es cierto que la riqueza que se genera con estos recursos no se queda allí, no beneficia a nuestra gente debido a esas mismas encomias de enclave. Es el perverso contraste del empobrecimiento agudo en medio de una inmensa riqueza cultural y natural. 

En un trabajo muy serio sobre ¿Por qué el Chocó es Pobre?, Jaime Bonet se hace la pregunta de si la corrupción es causa o efecto y llega a la conclusión, entre otras, que el empobrecimiento del Chocó tiene profundas raíces históricas que vienen de la colonia junto con manifestaciones contemporáneas de ese indeseable legado. En el Chocó, como en todo el Litoral Pacífico y otras regiones Negras/Afrodescendientes, partimos de un marco de deshumanización de la población traída de África y esclavizada, eso nos deja consecuencias que pasan por estereotipos, prejuicios y discriminación racial evidentes. Loa académicos Henry Louis Gates, Jr., Anthony Appiah y Peter Wade lo documentan muy bien. 

La evidencia muestra que la pobreza y exclusión basada en las raíces coloniales de la discriminación étnica y racial se regionalizó y hoy se mantiene, pero esta condición se exacerbó con la llegada del conflicto desde las primeras incursiones paramilitares a finales de 1996. La violencia generada por el conflicto armado ha sido la mayor limitante del despegue del Chocó hacia el desarrollo integral y hacia el desarrollo sostenible. 

Los datos del DANE muestran que, en la década pasada, mientras la pobreza disminuía en el resto del país, en el Chocó aumentaba a la par con la intensidad del conflicto armado. Precisamente, el informe país para 2018 de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU hace un llamado a responder a los retos del conflicto en Chocó y a establecer un acuerdo humanitario para proteger a la población que en los últimos seis meses volvió al pasado de desplazamiento, confinamiento y asesinatos de líderes sociales. 

Lamentablemente el Chocó fue convertido en plataforma de redes criminales globales asociadas al narcotráfico, minería del oro, tráfico de especies exóticas y otros recursos de la naturaleza, así como también trata de personas, tema del que pocos hablan. En muchas lecturas sobre las causas de la pobreza en el Chocó se desconoce este factor de la economía política del conflicto armado y la violencia que ha cimentado la permanencia de la corrupción, en parte por ello se explica por qué la población de esta región defiende los logros de la Paz. 

Entonces ¿en qué quedamos? Las soluciones para el Chocó deben ser estructurales, sistemáticas y de largo plazo. El difícil balance entre continuidad y cambio en las políticas públicas es la clave. Hoy tenemos un liderazgo emergente, muy bien preparado que en silencio está sembrando semillas de cambio. Muestra de ello fueron las movilizaciones totalmente pacificas que se desarrollaron en el marco del acuerdo por la Dignidad y la Salvación del Chocó, firmado con el gobierno anterior. Ese acuerdo que está en ejecución, es un importante punto de partida de un plan realista para las soluciones básicas. 

Igualmente, es necesario que la nueva institucionalidad territorial de Comunidades Negras e Indígenas tenga espacio real en el día a día de la toma de decisiones. Así mismo, la separación de lo técnico y lo político para efectos prácticos de implementación de proyectos es un imperativo. Por su parte, esquemas institucionales como el Fondo Todos Somos Pazcífico, que creamos en el 2015 está demostrando que sí se pueden ejecutar proyectos en el Chocó, con suficiente rigor técnico, transparencia, y participación auténtica de la sociedad civil, como blindaje a la improvisación, el clientelismo y la corrupción.

Como chocoano soy optimista a pesar de las dificultades; la Sociedad Chocoana entiende que está en transición y debe seguir mirando hacia adelante, hacia un futuro de diversidad cultural y ambiental e inclusión, en un marco de paz completa. El país debe apoyar al Chocó en ese propósito, no solamente como un mecanismo de reparación por los daños causados por la penosa esclavización y el impresentable conflicto armado, sino como una obligación ética y moral. El Litoral Pacífico, la comunidad Negra/Afrocolombiana, y todas las poblaciones de esa otra Colombia siguen esperando pista para aterrizar de buena manera en la nación colombiana.

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