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Juan Sebastián Rozo: La tecnología en la movilidad bogotana

Los sistemas de movilidad sin acoplamiento utilizan bicicletas o patinetas eléctricas sin estaciones fijas de parqueo

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Juan Sebastián Rozo, ex ministro de las TIC, en esta oportunidad se refiere al uso de tecnologías para mejorar la movilidad en ciudades como Bogotá.

Gracias a la tecnología y al Internet móvil, los emprendimientos digitales en el campo del transporte urbano han venido expandiéndose a nivel mundial reinventando la forma en la que los ciudadanos nos desplazamos.

Los sistemas de movilidad sin acoplamiento o “dockless mobility”, utilizan bicicletas o patinetas eléctricas sin estaciones fijas de parqueo para que los usuarios tomen o devuelvan dichas unidades de transporte gestionando las transacciones, ubicación y disponibilidad de los vehículos distribuidos a través soluciones móviles.

Este modelo empezó a funcionar en China en 2016 con el sistema de bicicletas compartidas. Posteriormente llegó a ciudades de Europa como Paris o Berlín, pasando después a Estados Unidos en donde, tomaron un impulso prácticamente irreversible. Las patinetas llegaron a la media noche en septiembre de 2017 a la ciudad de Los Ángeles de la mano de BIRD (empresa de propiedad de UBER) y rápidamente se propagaron en otras ciudades importantes como Washington y San Francisco.

Uno de los elementos naturales del emprendimiento es el de incursionar en los mercados de manera disruptiva sin avisar ni pedir permiso. Si no fuese de esta manera no podrían retar las estructuras establecidas. Muchos estudios han demostrado que uno de los factores más importantes (sino el más) para que un emprendimiento sea exitoso y prospere en un mercado es el timing, esto es, acertar en el momento de lanzarse al mercado con la solución respectiva.

En el caso de las aplicaciones de transporte compartido este elemento ha sido aun más marcado. Las empresas entran sin preguntar para resolver una necesidad, capturar una masa de usuarios relevante ofreciendo una alternativa de movilidad amigable con el medio ambiente, cómoda, nueva y diferente.

Así, los emprendimientos en este sector lograron los objetivos mencionados, pero a su vez fueron causando inmensa resistencia en los gobiernos locales y en los ciudadanos. En muchas de las ciudades mencionadas, la aparición de las patinetas y bicicletas eléctricas en las calles y andenes y los accidentes sufridos por coaliciones con peatones, empezaron a causar grandes molestias y animadversión en la ciudadanía, al punto de generar movimientos opositores a estos sistemas en algunas de ellas. Los ciudadanos empezaron a movilizarse y llegaron al punto de arrojar las patinetas a las canecas o golpearlas hasta dejarlas inservibles.

Este modelo llegó a Bogotá en el segundo semestre del año pasado. Empresas como CosmicGo o Grin empezaron a operar poniendo a disposición de los bogotanos, lotes restringidos de patinetas para movilizarse en zonas especificas de la ciudad. En la actualidad operan alrededor de 4 empresas según información de la Alcaldía de Bogotá y vendrán más.

Desde hace unos días he venido utilizando el servicio y ha sido una experiencia positiva. Definitivamente es una opción agradable y eficiente de transporte. Es fácil de usar, aporta a la disminución del tráfico, la contaminación auditiva y medioambiental pues contribuye al mejoramiento de la calidad del aire de manera significativa, por estos días tan afectada en nuestra querida Bogotá. En mi último trayecto de 20 cuadras, en el cual gasté 14 minutos, el costo del servicio fue bastante razonable ($5.400) en comparación con otras opciones similares en términos de costo-beneficio. Una opción eficiente especialmente para trayectos cortos.

Sin embargo, en la medida en que he venido utilizando el nuevo sistema, me han surgido muchas preguntas: ¿Por dónde puedo transitar exactamente? ¿En dónde puedo o debo parquear la patineta al terminar de usarla? ¿Es obligatorio llevar casco? ¿Les incomoda, molesta o preocupa a los peatones? Cuáles son las infracciones? ¿Si cometo una, que consecuencias tiene? ¿Qué obligaciones tienen las empresas prestadoras del servicio? ¿Es un servicio reglamentado?

Al indagar encontré que recientemente la Secretaria de Movilidad de Bogotá emitió una circular dando “RECOMENDACIONES con relación al transito para vehículos tipo patineta” en la que reitera ciertas alertas de seguridad para los usuarios, la importancia del uso de casco, las restricciones para estacionar y las zonas de circulación recomendadas como ciclorrutas y carriles mixtos. Sin embargo, hay dos cosas que llaman la atención del documento respectivo. La primera, es que al final del documento (no es norma vinculante) se recuerda que esta modalidad de transporte está sujeta al Código Nacional de Tránsito lo que significa ni más ni menos que esa es su normatividad aplicable y nos obliga a todos. Adicionalmente, en las últimas líneas del documento oficial se dice que se reglamentará la materia en detalle próximamente, sin mencionar cuando ni que medidas se tomarán para tramitar esa reglamentación. Las opciones son muchas, pero solo por mencionar una, recordemos que Bogotá es la única ciudad del país que tiene autonomía para expedir su propio Código de Policía y en él se podría habilitar y regular con determinación este tipo de sistemas de micro-movilidad compartida en la ciudad.

La prestación del servicio evidentemente es legal, pero, las condiciones en que se hace y las obligaciones de las empresas, las autoridades y los usuarios no están claramente establecidas. Tan es así que en los últimos días se han venido presentando decomisos de estas patinetas en algunas zonas de la ciudad por parte de agentes de tránsito y autoridades locales.

Si queremos que estos sistemas sean sostenibles en el tiempo, usuarios, empresas y gobierno debemos estar abiertos y asumir el tema con seriedad y responsabilidad. Usuarios deben tener claras las normas y seguirlas. Autoridades deben tener claras la reglamentación y hacerla cumplir. Empresas deben tener claras sus obligaciones y cumplirlas para prestar el servicio, generarle valor a la ciudad y mejorar la calidad de vida de todos, usuarios y no usuarios, en la capital. Si no se avanza inmediatamente en organizar el panorama, corremos el gran riesgo que nos coja la noche y caeremos en el desorden y la incertidumbre. Si eso ocurre, se le negará a Bogotá la posibilidad de contar con estas alternativas de micro-movilidad que tantos beneficios le podrían aportar a nuestra querida capital. ¡Que Bogotá sea el ejemplo positivo a replicar a nivel nacional!

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