Tribuna

Punto de Inflexión

Colombia se encuentra ante la oportunidad de construir unos consensos mínimos para enfrentar los desafíos

A las 9.32 en la Escuela de Cadetes General Santander en Bogotá, la mañana del 17 de enero, estalló un carro bomba. 21 personas murieron. 68 resultaron heridas. El carro explotó con 80 kilos de pentolita y trajo a nuestra memoria la más atroz de las épocas, aciagas del narcoterrorismo en Colombia. Los muertos, todos jóvenes de no más de 21 años, algunos de ellos atletas con los sueños intactos. Los responsables, según las investigaciones de las autoridades, la guerrilla del ELN y el autor material, un hombre, José Aldemar Rojas, amputado de la mano izquierda, con el alias de Mocho o Kiko.

Lo demás es la respuesta del Gobierno en la construcción de una política pública para enfrentar el golpe institucional de los terroristas tras el dolor que nos quiebra el alma por la vida arrebatada a esos muchachos. Y de esa respuesta depende el futuro de una nación que en los últimos ocho años se la jugó por terminar una guerra de medio siglo. ¿Qué busca el terrorismo? Miedo, radicalización y división.

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