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AUSTRIA TEATRO (Crónica)
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Malkovich analiza los resortes de la tiranía en la obra "Just call me God"

El actor John Malkovich se metió hoy en Viena en la piel de un dictador en el ocaso de su poder en una obra de teatro que analiza los mecanismos de la tiranía y la locura de un megalómano que se cree dios pero que señala también con el dedo a las democracias que consienten personajes así.

Viena, 12 mar (EFE).- El actor John Malkovich se metió hoy en Viena en la piel de un dictador en el ocaso de su poder en una obra de teatro que analiza los mecanismos de la tiranía y la locura de un megalómano que se cree dios pero que señala también con el dedo a las democracias que consienten personajes así.

"Just call me God" (Simplemente llámame dios), es el nombre del montaje que mezcla música y teatro y en el que Malkovich, con la ayuda de música de órgano, inundó con su actuación el escenario de la Konzerthaus de la capital austríaca, que ha vendido todos los billetes para las dos funciones que ofrecerá hoy y mañana.

Malkovich, especialista en papeles difíciles, es ahora Satur Diman Cha, durante tres décadas jefe del Estado y general de los ejércitos de la ficticia República Popular Unida de Circassia. Resumiendo: el dictador. O, como él aclara, simplemente dios.

La obra empieza con dos periodistas y un grupo de soldados, parte de una ofensiva para acabar con el régimen de Cha, que entra en la impresionante sala de conciertos que el tirano se ha hecho construir bajo el desierto en su palacio.

El dictador, disfrazado como mujer de la limpieza, llega y mata a todos menos a un capellán militar, al que da vida el organista Martin Haselböck, y a una periodista de un canal estadounidense, interpretada por Sophie von Kessel.

Esperando a que sus adversarios derriben las puertas y acaben con su régimen de terror, el personaje de Malkovic accede a una última entrevista, acompañada por el órgano, con todo el poder y la rotundidad que emite este instrumento.

"Toca algo extraño y oscuro, para meternos en ambiente", le pide el dictador al organista.

Piezas de Bach, Wagner y del propio Haselböck van acompañando la charla con la reportera, durante la que el dictador teoriza sobre la necesidad del miedo para ganarse el respeto y afirma que el poder no es mas que imponer terror a los gobernados.

"El poder es la habilidad de hacer pensar a la gente que estás observando todo lo que hacen o dicen y que lo desapruebas", llega a decir el dictador en un momento.

Pero la obra también toca la relación entre las llamadas democracias occidentales y las dictaduras.

En un ardiente discurso, Malkovich se dirige a Estados Unidos, Europa y el resto del "viejo mundo", al que reprocha que, tras años de "mutuo respeto", Satur Diman Cha se haya convertido de repente en un dictador.

Y advierte: sin él, sin "villanos" como él, Occidente tendrá que afrontar la llegada de los millones de seres humanos que también quieren una vida de paz y prosperidad.

"El doctor Diman Cha ha sacado a su gente de la cuarentena, ahora son vuestros pacientes", dice.

El personaje de Malkovich, escrito exclusivamente para él por el autor y director de la obra, el austríaco Michael Sturminger, resume y reúne elementos de dictadores como Mobutu, Gadafi, Sadam Husein, Hitler, Stalin o el ugandés Idi Amin.

Pero en referencias a las "fake news", su uso de palabras como "beautiful" y "great" y en su megalomanía (el dictador dice de sí mismo que es un gran hombre y hasta usa el plural mayestático), hay quien puede ver guiños al actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

"Just Call me God" es la tercera colaboración entre Malkovich, Sturmirger y Haselböck.

Tras encarnar al seductor Casanova en "The Giacomo Variations" y al asesino en serie austríaco Jack Unterweger en "The Infernal Comedy", Malkovich vuelve a ponerse a las órdenes de Sturmirger en una obra que, de nuevo, mezcla la música con la interpretación.

Tras su exitoso estreno en la Filarmónica del Elma, en Hamburgo, el pasado miércoles, la pieza volvió a arrancar hoy ovaciones a un público entusiasmado.

La obra seguirá por otras ocho ciudades europeas, entre ellas Amsterdam, Londres, Luxemburgo o Budapest.

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