FRANCIA SOCIALISTAS

Valls tropieza de nuevo en su carrera al Elíseo

Cuentan en Francia que el camino que separa el palacete de Matignon, la residencia del primer ministro, del Elíseo, sede de la presidencia, es un campo de minas. El último en experimentarlo es Manuel Valls, que dirigió el Ejecutivo hasta diciembre pasado y que hoy perdió en las primarias socialistas.

París, 29 ene (EFE).- Cuentan en Francia que el camino que separa el palacete de Matignon, la residencia del primer ministro, del Elíseo, sede de la presidencia, es un campo de minas. El último en experimentarlo es Manuel Valls, que dirigió el Ejecutivo hasta diciembre pasado y que hoy perdió en las primarias socialistas.

Antes que él, otros tropezaron en el intento de alcanzar el Elíseo desde la jefatura del Gobierno: Jacques Chirac en 1986, Edouard Balladur en 1995 y Lionel Jospin en 2002.

A diferencia de ellos, Valls intentó la aventura dejando el Gobierno seis meses antes de las presidenciales, pero con la premisa de ganar unas primarias de su partido que no superó frente a su correligionario Benoît Hamon.

Pese a salir del Ejecutivo, Valls no pudo por menos que asirse a la bandera de los logros y los fracasos cosechados durante el mandato de François Hollande, de quien fue portavoz durante la campaña, ministro del Interior y primer ministro.

En Francia, presentarse como defensor de un balance suele ser sinónimo de fracaso entre los electores, que apoyan más un proyecto de futuro que los logros o fracasos del pasado.

Valls no logró encandilar con su idea de una izquierda moderna, responsable, flexible hasta el punto de aceptar algunos postulados clásicos del liberalismo, convencido de que el valor del trabajo está por encima de otras reivindicaciones.

Así, se aferró a su reforma laboral, la misma que sacó a la calle a miles de personas en el último tramo de su Gobierno, para defender el final de la negociación colectiva en favor de los acuerdos internos en las empresas.

Frente a quienes le acusaban de hacer así un regalo a los patronos, que tendrían más poder en la negociación que los trabajadores, Valls avanzó que de esa forma las empresas podrían adaptarse mejor a los altibajos económicos y evitar cierres.

No fue la única medida que el ex primer ministro copió a la derecha. También defendió quitar los impuestos a las horas extra o flexibilizar los horarios comerciales.

Con todo ello, pretendía presentar una propuesta de socialismo más liberal, una especie de estela de la tercera vía que en su día encarnó el primer ministro británico Tony Blair. Una idea que no ha convencido a los electores de izquierda, que le han dado la espalda.

Es el segundo fracaso de Valls en unas primarias socialistas tras el de 2011, cuando fue el penúltimo de los seis postulantes. Pero, desde entonces, su figura política ha crecido y este nuevo revés no tiene por qué poner fin a su ambición de encarnar un nuevo socialismo en Francia.

A sus 54 años, su carrera política tiene aún recorrido. Tras aceptar su derrota contra Hamon, no aclaró su futuro inmediato, pero aseguró que seguirá "alerta" frente a los extremismos y "como militante socialista, sin sectarismos" prometió "trabajar para afrontar los retos de la igualdad y la justicia en Francia.

Valls nació en Barcelona por expreso deseo de su padre, el pintor catalán Xavier Valls, nieto del compositor del himno del Barcelona, que quería que su hijo naciera en Cataluña, a lo cual no se opuso su madre, la suiza Luisangela Galfetti.

A los 20 años obtuvo la nacionalidad francesa, pero tres antes, coincidiendo con la victoria de François Mitterrand en las presidenciales, ya se había afiliado al PS.

En 1985 abandonó la Liga de Derechos Humanos en protesta por la oposición de esa organización a la extradición de los miembros de ETA a España.

Su primera experiencia gubernamental la tuvo de la mano de Michel Rocard, que ya entonces representaba el sector más liberal del socialismo francés, frente a la línea más izquierdista de Miterrand.

Implantado electoralmente en Evry, una localidad obrera del cinturón industrial de París de la que fue alcalde, pasó también por el gabinete del primer ministro Lionel Jospin.

Pero paradójicamente su gran salto político lo dio con Hollande, un personaje del que siempre se sintió distante, pero con quien acabó formando un tándem que no ha cuajado en la vida política francesa.

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