ESPAÑA MÚSICA
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La Quincena recupera un "Don Giovanni" pletórico de poderío musical

Concha Barrigós.

San Sebastián (España), 13 ago (EFE).- Era en versión semiescenificada pero el resultado ha sido pletórico: la Quincena Musical donostiarra ha recuperado con un gran éxito esta noche, tras 27 años sin ofrecerla, "Don Giovanni", la ópera más poderosa y teatral de Mozart, con un elenco que ha respondido con holgura al reto.

La Quincena o más bien su director, Patrick Alfaya, tenía como objetivo esta edición, la número 77, programar una versión dramatizada de esta obra pero las distintas interpretaciones sobre lo que se puede hacer o no con "los ahorros" en un teatro público lo han impedido, al menos este año.

El envite, con todo, ha puntuado en alto para la Quincena porque los aplausos han sido de órdago tanto para el director de la orquesta, Manuel Hernández Silva, como para su "poderoso elenco", comandado por el barítono inglés Christopher Maltman, que borda desde hace tiempo el rol de Don Juan.

Nicole Cabell ha estado intensa en su Doña Elvira; Irina Lungu, torturada y enamorada en su Doña Anna; Daniel Giulianini, imponente con su Comendador; Toby Spence, resolutivo y, por momentos brillante con su don Ottavio; la donostiarra Miren Urbieta-Vega, ha resultado una pícara Zerlina y, sobre todo, José Fardilha ha hecho suyo a Leporello.

El escenario del Palacio Kursaal no ha sido esta noche el barrio sevillano de Santa Cruz, pero el responsable de la "semiescenificación", Salva Bolta, que ya hizo en ese coliseo el año pasado junto a Paco Azorín "Tosca", ha construido una inspirada "nada", en la que la luz, un vídeo, un estrado y solo un par de elementos de atrezzo han delineado los perfiles de la conocida historia.

Esta "biblia" de la ópera, esta "ópera de óperas", contiene una reflexión sobre la esencia del ser humano, sus ansias de perpetuarse, el amor y la libertad, que aquí se han resuelto con moraleja incluida, algo que muchos montajes obvian.

Los dos actos concentran la experiencia de un hombre que manipula, engaña y atormenta a los demás porque no puede vivir sin su droga, es decir, la seducción, y, a la vez, el cansancio que le provoca su mucha vida, su decepcionante búsqueda del más difícil todavía y su reto final a la muerte.

Con la orquesta en el escenario y los intérpretes en un estrado a casi dos metros por encima, rodeado por dos filas de focos, la comedia de enredo que acaba en amarga tragedia pone a todos los cantantes sentados bajo lo que parece un banquillo, del que salen cuando les corresponde a actuar y cantar.

Detrás de ellos se proyecta un vídeo que guía la historia de forma sutil, con bellas imágenes de bocas, pies o espaldas femeninas; el juego de la gallinita ciega dibujado por Goya, desolados paisajes o estatuas funerarias.

La gran aportación de esta versión de Bolta, para la que se agotaron las entradas hace unos días, es que los cantantes no dan un concierto con la excusa de la ópera "Don Giovanni" sino que interpretan y juegan con cada escena imaginada por Mozart con el libreto de Lorenzo da Ponte.

Cada pieza de la ópera ha sido muy aplaudida a su término, excepto, quizá porque va muy pegada con la siguiente, la más conocida, "La ci darem la mano", la que con su "vorrei e non vorrei", mejor representa la grieta por la que penetra "el veneno de la seducción" de Don Juan.

Bolta ha dado a los personajes, vestidos de la época actual y con una novia (Zerlina) de corto, un colchón psicológico que les ha permitido construir sus personajes, un reto muy rico e interesante que han rematado, con delicadeza y firmeza, con un creíble final a pesar de su esencia sobrenatural.

En la obra, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Euskadi, ha tenido también un papel dramático el Coro Easo, integrado perfectamente en el escaso espacio que quedaba entre orquesta y estrado.

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