LIBIA CONFLICTO
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Consejo presidencial libio acuerda reducir a la mitad las carteras

El Consejo presidencial libio designado por la ONU se reunió hoy en la localidad marroquí de Sjirat para perfilar un nuevo gobierno de unidad nacional, que tendrá entre 12 y 14 miembros, informó a Efe un responsable en Trípoli.

Según la fuente, próxima al jefe de Gobierno en la capital, a la reunión asistieron todos los miembros del citado consejo, incluido el diputado Mohamad Lamari, quien días atrás presentó su renuncia en protesta por una reunión del presidente del órgano, Mohamad Fayaz al Serraj, con el controvertido general Jalifa Hafter.

Durante la reunión se decidió reducir a 12 o 14 los ministerios y repartirlos igualmente según cuotas territoriales entre el este, el oeste y el sur del país, explicó.

Además, acordó celebrar mañana viernes una reunión urgente con los miembros del llamado "Diálogo Político Libio" para tratar de limar asperezas sobre el acuerdo general de paz y facilitar así la aprobación del nuevo gobierno de unidad el próximo lunes en el Parlamento de Tobruk.

El Consejo presidencial, órgano designado por la ONU, presentó hace once días un primer gobierno de unidad con 27 ministros que fue rechazado tanto por el Ejecutivo de Tobruk como por el Parlamento rival en Trípoli.

Pese a que estaba igualmente dividido por cuotas territoriales, Tobruk se quejó de que el número de ministros era excesivo.

Trípoli, por su parte, protestó por la decisión de su rival de aprobar el plan de paz con la salvedad del controvertido artículo ocho, que exige que todos los poderes, políticos y militares, pasen al Consejo Presidencial para que este los modifique o ratifique en un plazo de 20 días.

Tobruk teme que este paso perjudique las aspiraciones del polémico Hafter, un ex miembro de la cúpula militar que aupó a Muamar al Gadafi y que en la década de los 80 se convirtió en el principal opositor en el exilio al dictador.

Regresado de Estados Unidos tras el alzamiento de 2011, el general, de 72 años, maniobró entre los rebeldes con ayuda de Egipto y Arabia Saudí hasta convertirse el año pasado en el jefe del Ejército regular libio, afín a Tobruk.

Desde entonces, se ha convertido en uno de los principales escollos para la paz, ya que Tobruk quiere que siga al mando y Trípoli se niega a ello.

Libia es un Estado fallido, víctima de la guerra civil y el caos, desde que en 2011 la comunidad internacional apoyara militarmente el alzamiento rebelde contra la dictadura de Muamar al Gadafi.

Desde las últimas elecciones, el poder está dividido entre Tobruk y Trípoli, gobiernos a los que apoyan distintos grupos islamistas, señores de la guerra, líderes tribales y contrabandistas de armas, petróleo, personas y drogas.

Del enfrentamiento se aprovechan grupos yihadistas vinculados al EI y a la organización de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que han ganado terreno y extendido su influencia al resto del norte de África.

Hace tres semanas, los grupos yihadistas lanzaron una ofensiva para tratar de hacerse con el control de los puertos petroleros de Sidrá y Ras Lanuf, los más importantes del país, que tienen desde entonces bajo asedio.

Además, han abierto nuevos frentes en Bengazi y en la ciudad de Sirte, escenario desde hace días de bombardeos y combates.

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