LIBIA CONFLICTO (Crónica) (Corrección)

Sebha, la capital del desierto que nutre la inmigración y la guerra en Libia

Beneficiadas por la carencias de un gobierno central, la región sureste de Libia se ha convertido en el paraíso para grupos de contrabandistas que se lucran con la venta de armas y gasolina.

Mohamad abdel Malek

Sebha (Libia), 11 ene (EFE).- Beneficiadas por la carencias de un gobierno central, la región sureste de Libia se ha convertido en el paraíso para grupos de contrabandistas que se lucran con la venta de armas y gasolina.

Un comercio ilegal, controlado mayoritariamente por tribus nómadas tuareg que en su día lucharon en las filas del derrocado dictador, Muamar el Gadafi, que facilita la inmigración irregular a Europa y nutre el conflicto que actualmente desangra y divide al país.

"Para que Libia encuentre una solución a su crisis debe empezar por la parte sur del país, y pedir la ayuda para proteger las ciudades fronterizas", explicó a un grupo de periodistas Hasan Sultán, jefe del municipio meridional de Al Shuifer, vecino a Sebha, antiguo cruce de caminos y capital del desierto.

Sultán se quejó de que los contrabandistas se aprovechan de la ausencia de horizontes para captar jóvenes para su causa, ya que más allá del tráfico ilegal de productos y personas no existen otras alternativas de negocio o trabajo en este olvidado oasis situado en el oeste del país.

"Esta zona del sur sufre escasez de materia prima y de productos básicos, así como de gas y gasolina, sin olvidar los crímenes son comunes y la inmigración irregular una de sus fuentes principales de ingresos", explicó a pregunta de Efe.

A la falta de oportunidades se unen otros dos graves problemas: uno, el desgobierno en esta región donde el viento y la arena son los únicos señores.

Y dos, el enfrentamiento bélico entre las diferentes tribus, en permanente conflicto por el control de las áreas de influencia en las que este contrabando se desarrolla.

El primero permite que armas y yihadistas procedentes de las rutas del Sahel entren y salgan de Libia sin control alguno y que lleguen litros y litros de gasolina que alimentan la maquinaria bélica, muchos de ellos procedentes de Argelia, donde el subsidio estatal hace que sea un negocio muy lucrativo.

También facilita el trabajo de las numerosas mafias dedicadas al tráfico de personas procedentes del África subsahariana que sueñan con la quimera europea.

En la región sureste, el enfrentamiento entre las tribus Al Tabuo y Al Zeuiya por el dominio de la ciudad de Al Kofra, fronteriza con Egipto, y de las rutas de comercio ilegal que penetran en Sudán y Chad, ha causado centenares de muertos desde que en 2011 cayera el régimen de El Gadafi.

Los combates más violentos entre ambas tribus se libraron, sin embargo, el pasado verano en la propia Sebha, donde en apenas una semana 60 personas murieron y más de medio centenar resultaron heridos.

En medio quedaron sus habitantes, la mayoría de ellos miembros de la tribu Al Gadafi, tronco del que salió la familia del tirano derrocado.

"En torno a 110 personas han sido secuestradas desde entonces, lo que desatado el temor y paralizado la actividad en la zona", explicó a lo periodistas Hasan al Rakik, iman de una ciudad situada en pleno desierto, a 750 kilómetros al sur de la capital.

En este contexto, el jefe del Gobierno con sede en Trípoli, Jalifa al Gauil, realizó el miércoles una visita en compañía de una importante delegación con el fin de abordar la situación económica y de seguridad.

"Nuestro mensaje hoy aquí, como gobierno, es que vamos responder a todas las preocupaciones y a las peticiones del sur con todo lo que poseemos", aseguró Al Gauil.

"Libia es un país democrático que pretende la construcción y la reconstrucción, y es por eso que tenemos que planificar nuestra política según nuestra voluntad", sin injerencias extranjeras, agregó.

Al Gauil comparó la situación con la vivida en países como Irak, Somalia, Siria y el Líbano, en la que la guerra se ha instalado como factor de vida.

Y dejó deslizar la importancia estratégica de Sebha, ciudad que se encuentra a unos cientos de kilómetros de Sirte, uno de los principales bastiones de la rama libia del grupo yihadista Estado Islámico.

Como primer paso hacia la solución, inauguró una zona de libre comercio cuyo objetivo es conectar el norte y el sur libio y abrir rutas hacia el mar para países africanos que no tienen puertos con el fin de activar la economía regional.

"Esa zona ayudará a crear 18.000 puestos de trabajo para la gente del sur y conectará el norte con países vecinos como Chad y Níger, algo que facilitar el desarrollo sostenible y frenará la inmigración clandestina", declaró.

Un sueño de primavera que muchos en este pedazo de desierto creen imposible mientras el país prosiga sin un gobierno efectivo, se mantenga la hostilidad entre los ejecutivos de Trípoli y Tobruk y las mafias de todo tipo sigan dominando la economía y el mercado de trabajo.

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