LIBIA CONFLICTO
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Rechazo del gobierno de unidad aboca a Libia a un vacío de poder

El Parlamento de Tobruk, gobierno libio reconocido por la comunidad internacional, rechazó hoy la composición del gobierno de unidad nacional propuesta por la ONU y abocó al país a un peligroso vacío de poder.

La decisión, adoptada tras seis horas de duras discusiones, deja el país sumido en una profunda crisis política, sin un gobierno que se pueda considerar plenamente legítimo, ya que este martes concluye el mandato de la citada Cámara, salida de las urnas hace un año.

Aunque el Parlamento reconocido decidió hace dos semanas extender sus funciones seis meses, la ampliación ha sido rechazada por su rival en Trípoli.

La medida genera, además, incertidumbre en la comunidad internacional y en su respuesta futura, ya que juristas y expertos mundiales dudan de la legalidad de una decisión adoptada de manera unilateral.

La resolución de Tobruk supone, igualmente, el golpe de gracia al proceso de diálogo tutelado por el enviado especial de Naciones Unidas, Bernardino León, cuyo trabajo calificó de "lamentable" este lunes el gobierno rebelde de Trípoli.

No solo por la imposibilidad de formar en la fecha establecida el gobierno de unidad nacional que trató de imponer a las partes, si no también por la decisión de Tobruk de retractarse y retroceder a las distantes posiciones de julio.

"El Congreso de los Diputados ha rechazado de plano la propuesta de León y recalcado que se queda en el cuarto borrador, en particular en lo que concierne al Consejo presidencial", explicó a Efe una fuente cercana a la Cámara.

"El Congreso de los diputados exige que solo haya un presidente y dos vicepresidentes, e insiste en que rechazará cualquier gobierno de reconciliación nacional y cualquier injerencia del exterior", agregó.

León había presionado en agosto a Tobruk para que aceptara las enmiendas al cuarto borrador exigidas por Trípoli y propiciara así que el gobierno en la capital regresara a la mesa de negociación, como finalmente ocurrió.

Sin embargo, este lunes uno de los diputados, que pidió asimismo no ser identificado, reveló que la Cámara de Tobruk disolverá también la actual comisión de diálogo y formará una nueva.

La composición del gobierno, que probablemente tampoco aceptará el Ejecutivo en Trípoli, y el proceso político en general se han visto empañados desde el principio por las agudas discrepancias en el terreno militar.

Desde un principio, Trípoli ha exigido el cese del general Jalifa Hafter, militar que participó en el golpe de Estado que en 1969 llevó al poder al ahora derrocado Muamar al Gadafi y que años después se convirtió en uno de sus principales opositores en el exilio, a lo que se opone Tobruk.

Afincado en Estados Unidos, regresó a Libia en 2011 con la ayuda de Egipto y cabildeó entre los rebeldes hasta ser nombrado meses atrás jefe del Ejército leal al gobierno libio internacionalmente reconocido.

Hace un año y medio, emprendió una ofensiva, bautizada "Operación Dignidad" para arrebatar Bengasi, segunda ciudad en importancia del país, a la plataforma de milicias "Fajr Libya", afín al Ejecutivo en la capital.

Más de 18 meses después, la urbe sigue asediada, más de 100.000 personas se han visto obligadas a abandonarla por la virulencia de los combates, la línea del frente apenas se ha movido y en el caos, grupos yihadistas han aprovechado para hacerse con el control de ciertos barrios.

Nada más conocerse el acuerdo para la formación del gobierno de unidad nacional, el pasado septiembre, el general, al que apoyan Egipto y Arabia Saudí, redobló sus bombardeos sobre Bengasi con la excusa de la lucha contra el terrorismo.

El domingo Hafter renovó su compromiso con el gobierno de Tobruk, pero insistió en que no apoyaría acuerdos políticos que "respalden el terrorismo en Libia".

Según el diario "Lybia Herald" el general advirtió que sus manos "no estarán atadas si el Parlamento de Tobruk va demasiado lejos, bajo el dictado de occidente y la presión exterior sobre su presidente y otros miembros, para que formar un gobierno que se llama a sí mismo de Acuerdo".

"Pero que en realidad es un acuerdo parcial a favor de los que apoyan el terrorismo en Libia. No descansaremos hasta que la seguridad de nuestro herido país haya sido restablecida", afirmó el militar.

Libia es un Estado fallido, víctima de la guerra civil y el caos, desde que en 2011 la comunidad internacional apoyara militarmente el alzamiento rebelde contra la dictadura de Al Gadafi.

Desde las últimas elecciones, el poder estaba dividido entre Tobruk y Trípoli, gobiernos a los que apoyan distintos grupos islamistas, señores de la guerra, líderes tribales y contrabandistas de armas, petróleo, personas y drogas.

Del enfrentamiento se aprovechan grupos yihadistas vinculados a la organización de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y el autoproclamado Estado Islámico, que han ganado terreno y extendido su influencia al resto del norte de África.

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