ESPAÑA TOROS

El oficio de López Chaves en una tarde de inválidos en Las Ventas

Una tarde de lo más anodina por la absoluta invalidez de los toros de Lagunajanda fue lo que dio de sí el festejo de hoy en Las Ventas, en el que destacó el buen oficio de López Chaves, aún sin espada, y en el que confirmó alternativa Julio Parejo, que anduvo digno pero sin rivales.

Madrid, 23 ago (EFE).- Una tarde de lo más anodina por la absoluta invalidez de los toros de Lagunajanda fue lo que dio de sí el festejo de hoy en Las Ventas, en el que destacó el buen oficio de López Chaves, aún sin espada, y en el que confirmó alternativa Julio Parejo, que anduvo digno pero sin rivales.

FICHA DEL FESTEJO.- Cuatro toros de Toros de Lagunajanda, de desiguales hechuras y muy deslucidos por su absoluta falta de fuerzas. Cuarto y sexto fueron dos sobreros de El Conde la Maza y El Risco, noble y soso a partes iguales el primero, y deslucido el otro.

Domingo López Chaves: pinchazo y bajonazo (palmas); y tres pinchazos y media atravesada (ovación tras aviso).

Víctor Janeiro: gran estocada (ovación); y casi entera caída (silencio).

Julio Parejo, que confirmaba alternativa: estocada trasera (ovación tras aviso); y dos pinchazos y estocada baja (silencio tras aviso).

La plaza registró menos de un cuarto de entrada en tarde de viento y progresivamente fría.

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LA INVALIDEZ QUE TODO LO FRUSTRA

Esto del toreo es cosa de dos. Y cuando no quiere... ya se sabe. En la tarde de hoy en Madrid, el remiso, o los remisos, mejor dicho, fueron los toros de Lagunajanda, todos en el límite de la invalidez, imposibles ni tan siquiera para ensayar el toreo. También el viento molestó durante toda la función, la cual se acabó yendo por los derroteros de la frustración y la desesperación.

El toro de la confirmación de Parejo fue devuelto a los corrales por partirse un pitón por la cepa en el primer encuentro con el caballo.

El extremeño corrió turno y saltó al ruedo el reseñado como sexto, un "tío", que se dice en la jerga por su imponente estampa, aunque pronto evidenciara muy pocas fuerzas, llegando a la muleta sin ningún celo, moviéndose al paso y perdiendo las manos continuamente.

No tuvo la suerte de cara Parejo, aunque se mostrara por encima de las circunstancias, haciendo las cosas con mucho temple, dentro de una labor que, como no podía ser de otra forma, no llegó a calentar.

El sexto fue un sobrero de El Risco, en la línea de los titulares, es decir, muy blando y sin fondo alguno. Parejo anduvo con ganas, pero, volviendo otra vez a lo mismo, cuando uno de los dos no quiere pelea... poco o nada se puede hacer.

El primero de López Chaves fue también para atrás por su absoluta invalidez. El hermano de camada que salió en su lugar fue bravo en el caballo, empujando con fijeza y mucho poder sobre todo en el primer puyazo. En la muleta, en cambio, no tuvo tan buen estilo el toro, acostándose por derecho y sin terminar de pasar. Poco material para el salmantino, que anduvo con oficio pero sin lucimiento.

El sobrero del Conde de la Maza que hizo quinto, sin ser tampoco nada del otro mundo, al menos se mantuvo en pie para que López Chaves, a base de consentirle y hacerlo todo a su favor, extrajera muletazos de notable entidad por el lado derecho.

Suavidad, mando y hasta cierto regusto en los compases finales fueron los mimbres de una faena en la que la inteligencia, la buena técnica y el buen oficio del torero de Ledesma acabaron fusionándose para llevar el interés a los tendidos. Lástima que al final lo echara todo a perder con la espada.

Tampoco tuvo tela que cortar Víctor Janeiro en su primero, toro que manseó en los primeros tercios, sin fuerza alguna, y de rebrincadas acometidas hasta que se paró.

El de Ubrique brindó al público una faena de mucha voluntad, en la que se mostró solvente pero sin alcanzar mayores cotas por las nulas posibilidades que le dio el astado. El estoconazo final, que tiró al toro sin puntilla, fue lo mejor de una labor ovacionada por los tendidos.

El quinto fue un toro que embistió a oleadas y tirando derrotes a diestro y siniestro. Janeiro volvió a estar tesonero, e incluso firme para aguantar y sortear las tarascadas que le tiró el animal, que, por suerte, acabó desfondándose, permitiendo al gaditano torearlo con más sosiego, aunque, eso sí, también por la periferia.

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