Destaca la actitud y buenas maneras de Gerardo Rivera en su debut en Madrid

El mexicano Gerardo Rivera protagonizó lo más destacado de la tarde de hoy en Las Ventas, en la dio una vuelta al ruedo en la tarde de su presentación en Madrid, mientras que los otros dos debutantes de la función, Alejandro Conquero y el colombiano Santiago Sánchez Mejía, pasaron sin decir gran cosa.

Javier López

Madrid, 19 jul (EFE).- El mexicano Gerardo Rivera protagonizó lo más destacado de la tarde de hoy en Las Ventas, en la dio una vuelta al ruedo en la tarde de su presentación en Madrid, mientras que los otros dos debutantes de la función, Alejandro Conquero y el colombiano Santiago Sánchez Mejía, pasaron sin decir gran cosa.

FICHA DEL FESTEJO.- Novillos de Los Chospes, de desiguales hechuras y de comportamiento también variado. Los mejores, el mansito primero y, sobre todo, el cuarto, aplaudidos ambos en el arrastre. El segundo se desfondó pronto; sin clase y deslucido, el tercero; muy soso y apagado, el quinto; y

Gerardo Rivera: estocada ligeramente atravesada y seis descabellos (silencio tras aviso); y estocada y cuatro descabellos (vuelta al ruedo tras aviso).

Alejandro Conquero: dos pinchazos y bajonazo (silencio); y pinchazo y media perpendicular (silencio).

Santiago Sánchez Mejía: dos pinchazos y media pescuecera (silencio tras aviso); y pinchazo y estocada (silencio).

La plaza registró un cuarto de entrada en tarde de calor soportable.

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MÉXICO, OTRA VEZ EN MADRID

Tarde de monteras en mano y sueños en ciernes. Los terna de novilleros actuantes hacían su debut en la primera plaza del mundo y, de los tres, hubo uno que sobresalió por encima del resto: el mexicano Gerardo Rivera, torero con actitud y, sobre todo, aptitudes artísticas, aunque deba mejorar con la espada.

Rivera se presentó ante la afición venteña resolviendo una comprometida portagayola al "parte plaza", que empezó "metiéndose" por el derecho en los capotes, saliendo arreando y suelto en los dos picotazos que tomó, más un tercero cambiando el picador los terrenos, prácticamente en los bajos del tendido 9.

El de Apizaco banderilleó con más voluntad que acierto, y con la muleta realizó una labor ligada, quedándose en el sitio entre pases, aunque demasiado acelerado ante un animal que acabó respondiendo. Hubo "cositas" también al natural, desplantes y manoletinas como fin de una faena argumentada en la disposición. La espada fue otra cosa.

A la puerta de toriles volvió a irse Rivera para recibir al cuarto, con el que, además de volver a estar "en novillero", anduvo mucho más templado que en su anterior labor para firmar muletazos de muy buena ejecución por uno y otro pitón.

Especialmente buenos fueron un par de naturales, pero el conjunto estuvo asimismo a notable nivel por la firmeza y seguridad que también transmitió frente a otro novillo que se dejó mucho.

La pena fue que la estocada entera que agarró no hizo su efecto, y perdiera toda posibilidad de triunfo con el verduguillo. Dio la vuelta al ruedo, con todo merecimiento, aunque le costara el disgusto a alguno de los asistentes, de esos que prefieren el vaso medio vacío.

Conquero mostró sus credenciales con tres largas de rodillas como saludo a su primer novillo en Madrid, un animal que, tras hincar dos veces los pitones en la arena y sufrir un volatín en banderillas, llegó prácticamente desgastado y rajado a la muleta, lo que propició que el onubense, que inició y finalizó faena de hinojos, no pudiera pasar de animoso.

El quinto fue novillo noble y soso al cincuenta por ciento, y Conquero anduvo por ahí en una labor de largometraje y poco eco, y eso que se tiró el hombre mucho tiempo buscando las vueltas a un imposible.

El primero del tercer debutante, el colombiano Sánchez Mejía, fue novillo con pies de salida, que, tras llevar una desastrosa lidia, se hizo amo y señor del ruedo. Lo más relevante del primer tercio fueron dos lopecinas de Rivera en su turno de quites, ya que el de Medellín apenas se hizo notar, como si no fuera con él la cosa.

El pupilo de la viuda del ganadero Juan Pedro Domecq Solís quedó también inédito en la muleta con un novillo muy deslucido, al que toreó con la voz y sin confiarse en una faena excesivamente larga y de lo más anodina. Muy verde.

En le que cerró plaza volvió a evidenciarse la poca experiencia de Sánchez Mejía, otra vez "tapadito" durante la lidia, aunque en la muleta dejara algún apunte aislado dentro de un conjunto de poca trascendencia, ni siquiera unos alardes nada convencionales en el epílogo. Lo mejor, la estocada. EFE

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