Laporta y el Barça: ¿Fin de trayecto?

El abogado Joan Laporta podría haber puesto fin a su trayectoria en el barcelonismo más presencial, después de perder las elecciones a la presidencia del FC Barcelona, que ha ganado su máximo oponente, Josep Maria Bartomeu, quien tiene ante sí un mandato de seis años, hasta el 2021.

Àlex Santos

Barcelona, 18 jul (EFE).- El abogado Joan Laporta podría haber puesto fin a su trayectoria en el barcelonismo más presencial, después de perder las elecciones a la presidencia del FC Barcelona, que ha ganado su máximo oponente, Josep Maria Bartomeu, quien tiene ante sí un mandato de seis años, hasta el 2021.

"No surrender! Never give up! ('No me rindo!)", ha proclamado en inglés el candidato derrotado en las elecciones antes de abandonar el Camp Nou cuando sólo se había escrutado el 50% y Bartomeu superaba ya la mayoría absoluta.

A pesar de la no rendición expresada por Laporta, si bien ha enviado un mensaje de que seguirá en pie "porque no queríamos un presidente procesado, ni Catar ni que desmantelasen la Masia", todo parece indicar que la mayoría absoluta de Bartomeu, después de la de Sandro Rosell hace cinco años, no le confiere mucho margen de maniobra en una entidad que ha vuelto a enviarle un mensaje de que su trayectoria posiblemente debería finalizar ya.

Han sido casi veinte años de militancia en el entorno del club y trabajando para el Barcelona como presidente, pues su aparición se remonta a las elecciones de 1997, cuando acompañó a Àngel Fernández en una carrera desigual ante Josep Lluís Núñez, y quizá finalice en otros comicios.

Apareció en unas elecciones y tras otros comicios la luz de Laporta se apaga casi con toda seguridad, ya que no se espera que tras la jornada de hoy Joan Laporta vuelva a vincularse en el barcelonismo más activo, todo a la espera de cómo se resuelve la acción de responsabilidad que ganó en los juzgados pero que la junta anterior, de Josep Maria Bartomeu, ha recurrido.

Joan Laporta ha sido la gran baza de muchos socios que le reclamaron que se presentase justo en un momento de bajísimo reconocimiento de Josep Maria Bartomeu, quien agobiado por la situación deportiva e institucional se lanzó al vacío el pasado enero y adelantó elecciones.

El panorama le era propicio, pues la situación azulgrana parecía que reclamaba un golpe de timón de alguien que podía ser Laporta, quien sin abrir la boca durante meses, crecía en intención de voto en las encuestas a la vez que iba consumiendo su etapa como político en el ayuntamiento de Barcelona.

El viejo recuerdo del 2003, cuando entró en campaña siendo el aspirante menos valorado, pero con unos números espectaculares el día de la votación (27.138 votos, un 52'57%) frente al máximo rival, Lluís Bassat (16.412, 31'8%), le hizo ver que podía intentarlo por segunda vez, porque nada le hacía pensar que Bartomeu podría adquirir el poder y reconocimiento que le brindó el triplete.

Laporta aceptó el desafío pero planteó una campaña muy tarde, cuando el resto de rivales ya había descubierto sus cartas y se había posicionado.

El expresidente hizo valer su marca personal y optó por una campaña que se ha considerado poco trabajada y con mucho nombres pero poco contenido, a pesar de apelar a iconos muy respetados en el barcelonismo, en un tarjeta de presentación insuficiente: Unicef, Cruyff, Cataluña y la Masia.

Ni la condición de imputado por parte de Bartomeu fue una ventaja que haya sabido explotar Laporta en la campaña, en la que ha buscado más modelar su perfil hacia un presidente institucional que a un combativo barcelonista con el que se presentó en el 2003 para ganar las elecciones.

Al final, el barcelonismo, a pesar de haber brindado a Laporta un buen número pero insuficientes de votos, ha optado por dar continuidad al modelo que votó hace cinco años, a pesar de que su impulsor renunció al cargo hace un año y medio (Sandro Rosell) y, así, no regresar a un modelo que si bien hace años fue exitoso de la mano de Laporta, quizá ha entendido que ya está desgastado.

Su última bala fue reclamar el voto útil para las elecciones, y quizá le ha llegado de un Agustí Benedito que ha finalizado con unos números irrisorios que también le sacan del entorno azulgrana, pero ha sido insuficiente para ganar a un presidente como Bartomeu que desde hoy adquiere la legitimidad que se le había puesto en duda desde que se marchó Rosell, pero arranca su mandato con la condición de imputado.

Laporta ha enfilado con un 50% de escrutinio la salida del Camp Nou como el gran derrotado de la noche, sin querer saber el resultado final, y seguramente regresará al estadio para ocupar su asiento en algún partido, pero es muy probable que ya no se le espere para batallas ni pugnas electorales, después de una derrota que él sabía que si llegaba le iba a resultar demoledora, como así ha sido. EFE

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