Tsonga, un intruso en la corte de los grandes

Jo-Wilfried Tsonga es la gran esperanza francesa en Roland Garros, pero es también un intruso en las semifinales del segundo Grand Slam del año, el único de los cuatro supervivientes que nunca ha ganado un grande, el que procede de la parte más baja del ránking.

Luis Miguel Pascual

París, 4 jun (EFE).- Jo-Wilfried Tsonga es la gran esperanza francesa en Roland Garros, pero es también un intruso en las semifinales del segundo Grand Slam del año, el único de los cuatro supervivientes que nunca ha ganado un grande, el que procede de la parte más baja del ránking.

Rival en la semifinal de mañana del suizo Stan Wawrinka, vencedor del Abierto de Australia de 2014, si logra clasificarse para la final se medirá al serbio Novak Djokovic, y sus ocho Grand Slam, o al británico Andy Murray, vencedor de dos grandes.

Ante eso, Tsonga solo puede oponer su final del Abierto de Australia de 2008, a la que llegó prematuro con 22 años tras derrotar primero a Murray y, en semifinales, al español Rafael Nadal, antes de hacerse con el primer set frente a Djokovic que acabó ganando los tres siguientes.

Es hasta hoy el techo de este tenista peculiar nacido hace 30 años en Le Mans, hijo de un jugador de balonmano de origen congoleño y de una maestra francesa.

Tsonga cuenta en su palmarés con dos Masters 1.000, pero se ha acostumbrado a llegar lejos en los Grand Slam. Solo le falta romper la barrera de los grandes, contra quienes tiene una deuda pendiente, la línea que separa a un buen jugador de un campeón.

El francés, sin embargo, se ha ganado una merecida fama de matagigantes en los grandes, lo que le ha permitido convertirse en el francés que más veces ha alcanzado los cuartos de final en Grand Slam en la llamada "era Open".

Desde que en 2011 alcanzó las semifinales de Wimbledon, Tsonga no se ha bajado de los octavos de final de ningún Grand Slam en el que ha participado salvo en el Abierto de Estados Unidos de 2012 y en el de hierba de 2013, donde tuvo que abandonar por lesión.

Superando siempre la expectativa que indicaba su ránking, Tsonga se ha acostumbrado a elevar su nivel en los partidos a cinco sets, dejando en el camino los cadáveres de tenistas mejor clasificados que él.

Un esquema que le permitió en 2013 alcanzar la semifinal de Roland Garros y, de nuevo este año, optar a convertirse en el primer finalista local desde que en 1988 Henri Leconte perdiera contra el sueco Mats Wilander.

En su camino hacia la segunda semifinal de su carrera, Tsonga se deshizo en octavos de Tomas Berdych, cuarta raqueta del mundo, que durante toda la temporada no había perdido con un tenista de menos ránking que el suyo.

En cuartos la víctima fue el japonés Kei Nishikori, ganador del torneo de Barcelona y para muchos uno de los tapados de esta edición.

Al final, la sorpresa la dio el menos sorprendente por las veces que ha sorprendido, un francés atlético, de una potencia extraordinaria y tenis heterodoxo, que sabe apoyarse en el grito de la grada para no caerse en la pista y que sueña con arrancar un último aplauso entusiasta a quienes sueñan con escuchar la Marsellesa tras la final del próximo domingo.

Siempre y cuando Tsonga sea capaz de sobreponerse a su propia historia y enterrar la leyenda del jugador frío que le ha acompañado en las rectas finales de los torneos.

De momento, ya tiene asegurado el puesto 11 del ránking el próximo lunes y, si alcanza la final, desbancaría del "top 10" a todo un Rafa Nadal.

Este año nadie pensaba que el francés llegaría tan lejos, sobre todo porque se perdió buena parte de la temporada por una lesión que tuvo en la final de la Copa Davis contra Suiza, precisamente tras perder un punto contra Wawrinka, su rival de mañana.

El retorno al circuito no fue muy halagüeño y el francés no superó más de dos rondas de ninguno de los torneos en los que participó.

Pero en los grandes se transforma y aparece su raza de competidor. Wawrinka la probó en Roland Garros en dos ocasiones, en 2011 y 2012. Dos largos partidos a cinco sets, augurio de la batalla que se anuncia. EFE

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